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EL PERDIDO CONTADO POR OTRO PERDIDO

 

 

31 de agosto de 2013. Dicen que para que crean tu historia no es necesario contar la verdad, solo contarla primero.

Pues la verdad es que hace mucho tiempo que no nos reuníamos los tres, Felipe "Treparriscos", Javiere y yo, para ir a hacer un tresmil. Y la cosa, como siempre, no fue fácil: que si "yo no puedo ese fin de semana, que tengo que ir con los niños, que ese fin de semana tengo competición, que no puedo dejar a la novia sola..." y un enorme montón de excusas similares dadas por uno y por otro durante dos semanas de discusión a través de múltiples y variados correos electrónicos.

Una vez acordadas las fechas, viene la segunda parte de la película: ¿A dónde vamos? Surgen multitud de propuestas: una travesía hasta los Vallibiernas, los Besiberris, el Cilindro de Marboré y un largo etc. Al final, y ¡por una vez!, se admite mi propuesta. Nunca he subido al Monte Perdido. Lo he intentado un par de veces por el valle de Pineta: la primera por el Cuello del Cilindro y la segunda por las fajas de Pineta (llegamos al primero de los Baudrimont). Pero, por unos motivos u otros, siempre me había tenido que retirar sin llegar a la cima. Esta vez no podía pasar lo mismo.

 
¡¡¡Al ataqueeeee!!!

Decidimos intentar el Perdido por “la ruta de las Escaleras”. Esta ruta tiene algo más de dificultad que la “normal”. Permite hacer una pequeña cumbre de algo más de tres mil metros: el pico Escaleras. Y, lo que nos acabó de convencer, es una ruta alejada de las multitudes que en estas fechas pretenden llegar a la cumbre. Otra de las razones fue que tanto Javiere como Felipe ya habían subido al Perdido en varias ocasiones, pero nunca por la ruta de las Escaleras. También hay que decir que es la ruta más “clásica”, pues fue siguiendo ese itinerario que Louis Ramond de Carbonières realizó la primera ascensión conocida de la tercera cima más alta de los Pirineos.

A las 6 de la mañana, después de pasar la noche en un hostal de Torla (¡Qué tiempos aquellos cuando dormíamos en los coches, o al raso tumbados en las cunetas; o, como lujo, en tienda de campaña, o directamente no se dormía! ¡Lo que hace la “vejuz”!), estábamos esperando el bus que nos debe de llevar a la pradera de Ordesa, junto a un montón de montañeros. Una vez allí, veríamos amanecer mientras caminábamos por el camino hacia la Cola de Caballo. Un pequeño descanso y, por las clavijas de Soaso, llegamos a un repleto refugio de Góriz.

Desde aquí, 2200 m de altura, hay que tomar la senda que por detrás del refugio nos lleva por la ruta habitual del Perdido; no tiene pérdida: hay un montón de gente en grandes y pequeños grupos. Se trata solo de seguirlos. A unos 45 minutos del refugio, más o menos en la cota 2800, nos encontramos a la derecha un pedregoso y ancho canal con una dura pero corta pendiente. Lo tomamos y desechamos el sendero por el que transitábamos, que continúa de frente.

A partir de aquí debemos pensar que tenemos “6 escaleras”, razonablemente bien balizadas, quizás con demasiados hitos, lo que puede llevarnos a alguna confusión. Pasaremos por algunos pequeños resaltes y canales que podemos calificar de grado I o II en subida.

Las cuatro primeras escaleras no tienen ningún problema. La quinta, una vez superada, nos dejará en la cornisa que hacia nuestra izquierda nos lleva a la cima del pico Escaleras (3027 m). Las vistas son, ya desde hace un rato, espectaculares, tanto mirando hacía los picos como mirando abajo, al valle. Debemos de bajar por la vertiente Norte de la cornisa; pese a que hay un buen patio, debemos ir buscando un pequeño sendero o sus trazas que, sin la menor dificultad, nos dejará en el valle, al pie de la sexta y última “escalera”.

Tras superar unos resaltes y una corta canal, nos encontraremos en la cima del Monte Perdido, 3355 m de altura, tercer pico más alto de los Pirineos. La cima está a llena de gente y es difícil encontrar un sitio donde sentarse. La verdad, me hace mucha ilusión haber llegado hasta aquí, como ya he contado. Jamás había subido y, las tres veces que lo había intentado, no lo había conseguido.

 
 
"Chimeneando", que es gerundio

Después de un merecido descanso tomamos el camino normal y nos dirigimos a nuestro siguiente objetivo: el Cilindro de Marboré.

Bajamos por la Escupidera disfrutando. Vamos casi corriendo por la bajada llena de pequeñas piedras, ¡seguro que nos hemos dejado la mitad de las suelas de nuestras botas allí! Justo pasado el cortado de la Escupidera, vemos a nuestra derecha un glaciar en pendiente y a Felipe bajando por allí resbalando con sus botas. La atracción es irresistible, ¡pisar nieve a finales de agosto! Como Javiere y yo somos gente precavida y prudente (no como otros…), nos ponemos los crampones e iniciamos el descenso por la nieve hacía el Lago Helado en el cuello del Cilindro; por supuesto, nos hacemos un montón de fotos [Nota: En realidad, casi todas las fotos las hizo Javiere].

Hemos perdido mucho tiempo en la cima del Perdido, bajando y poniéndonos y quitándonos los crampones. El tiempo previsto para hacer el Cilindro ya es muy justo. Pero aún así lo intentamos y tomamos la empinada y dura pendiente, que parte desde el lago hasta la corta pared donde están los canales de II o III que dan acceso al Cilindro. Cuándo ya hemos recorrido las tres cuartas partes de esa subida, observamos cómo las nubes van subiendo rápidamente desde el valle hacía nosotros. Y entre eso y que Javiere no se encuentra en su mejor forma física y no es capaz de resistir durante más tiempo el peso de una cuerda que se ha traído [Nota: la cuerda era necesaria pero nadie más la quiso llevar en la mochila], precisamente para el descenso de las canales que tenemos enfrente, decidimos, creo que acertadamente, dejar el Cilindro para otro día. Retomamos por tanto el descenso hacía el refugio de Góriz por la ruta habitual del Perdido.

Le damos a Javiere un largo tiempo de descanso en la pradera del refugio, después de llevarle de turismo por las praderas que rodean el refugio [Nota: eufemismo con el que Daniel intenta disimular que se perdió y nos hizo andar más de un km extra]. Así podía elegir dónde descansar. Cuando nos dice que ya se ha recuperado, iniciamos el camino de retorno a la pradera de Ordesa y, no se sabe muy bien por qué, en lugar de tomar las clavijas y bajar a la Cola de Caballo, tomamos el camino de la Senda de los Cazadores. [Nota: se propuso y aceptó por mayoría, aunque luego alguno renegara de la elección...] A la entrada del camino un enorme cartel prohíbe o aconseja no pasar cuando sea más tarde de las 15 h. Pero, qué narices, ¿le vamos a hacer caso a un cartelito de nada? Y allá que nos vamos, solo son un poco más de las siete [Nota: niños, no hagáis esto. Obedeced siempre los carteles y haced caso a vuestros padres].

 
Los viajes del IMSERSO llegan al Perdido

El camino es sencillamente espectacular, con unas vistas impresionantes de todos los tresmiles del valle; especialmente me encantaron las vistas sobre la Brecha de Roland, el Taillón, el Casco, etc. Mirar hacia el valle, en determinados sitios del recorrido, es una pasada. Este camino, lo había realizado hace años en sentido contrario. Es muy recomendable para hacer sin prisas, con calma, descansado y con tiempo suficiente; gozando del paisaje y las maravillosas vistas que sobre la práctica totalidad de Ordesa nos ofrece.
Pero ese no era nuestro caso, pues estaba anocheciendo rápidamente y el último bus salía de Ordesa a las nueve y media.

Cargado con la dichosa cuerda de Javiere y a paso ligero [Nota: Daniel olvida mencionar que solo llevó la cuerda un ratito, alternando con Felipe; y que él no ha ido nunca a paso ligero, ni cuando hizo la mili con los lanceros]
, me hicieron realizar el largo camino y, con muy poquita luz, prácticamente ninguna, bajar las empinadas y estrechas eses del sendero que nos dejó, ya de noche cerrada, en la Pradera de Ordesa a las nueve y algo, justo a tiempo para tomar el autobús de regreso a Torla.

Un maravilloso, uno más, día de montaña, con catorce horas caminando y disfrutando de esas increíbles montañas que tenemos a pocas horas de nuestras casas: los Pirineos.

Una buena y rápida ducha, cenar y a la cama hasta el día siguiente, donde aún nos quedaron ganas de subir desde el pueblo de Yebra de Basa el camino de Santa Orosia, antes de emprender el viaje a Zaragoza y Madrid.

¿Para cuándo la siguiente salida?


Texto: Daniel Cama.



F
otos de la ruta (Javiere) en este enlace



NOTA
: Como de costumbre, el resto del equipo no asume necesariamente los puntos de vista vertidos por Daniel, que sigue con sus alucinaciones pizzeras. Nuevamente, se perdió yendo delante y a punto estuvo de hacernos llegar a Sebastopol en lugar de a Góriz. Pero aun así, le queremos. :-)





 
 
 
 
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