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MONCAYO: EL RETORNO

 

 

17 de diciembre de 2011. Hacía años, no quiero acordarme de cuántos en todo caso, muchos— que no coincidíamos Javiere, Justo, Felipe y yo [Daniel], los cuatro juntos, en un nuevo “asalto” a la montaña. En esta ocasión, contamos con el refuerzo de Javier Lillo.

Por el motivo que fuera, da igual, hacía mucho tiempo que no subíamos montañas juntos. He de decir que (y en esta ocasión acompañados por Javier), ha sido, como siempre fue, una maravillosa experiencia. Me viene a la cabeza una frase que dice: "los mejores amigos son como las estrellas, aunque no siempre se ven, sabes que están ahí". Pues eso.

Supongo que por mi insistencia, porque hace unos años Javiere y yo no pudimos alcanzar la cima y porque es, sobre todo en invierno, una magnífica montaña, nos decidimos por el Moncayo

El Moncayo es el techo de la Cordillera Ibérica, el pico más alto de las provincias de Zaragoza y Soria, pues su cumbre es frontera natural entre Castilla y Aragón, además de ser también la divisoria hidrológica entre dos cuencas: la del Ebro y la del Duero.

 
Ascenso final

Es una montaña mágica, mítica, singular, compleja y muy atractiva, pues preside de una forma solitaria y atrayente las tierras más bajas que la rodean, la Meseta Soriana y el valle del Ebro.

Se dice, y así es, que el Moncayo cambia de color en cada estación. Y es el frío, debido a su situación y altitud, la principal característica climática. Está muy expuesto a fuertes vientos (el Cierzo o Moncayo) y es muy frecuente que retenga en sus cimas la nubosidad. De todo ello podemos dar fe, pues elegimos “el peor” día para pasearnos por sus cumbres. Fuimos testigos del frío (sensación térmica de menos 15º C), del viento, del hielo y de la persistente niebla que no nos dejó ver más allá de diez metros a nuestro alrededor. ¡El Moncayo es así!

Después de innumerables problemas para encontrar un sitio cercano donde dormir, acabamos por casualidad en el camping de Vera de Moncayo, situado casi enfrente del monasterio cisterciense de Veruela, donde hacía 1860 Gustavo Adolfo Bécquer escribía Cartas desde mi Celda: "Cuando sopla el cierzo, cae la nieve, o azota la lluvia los vidrios del balcón de mi celda, corro a buscar la claridad rojiza y alegre de la llama...." No fue este nuestro caso, pues la familia navarra que actualmente regenta el camping, nos ofreció un magnifico y cómodo bungalow con tres habitaciones, cocina-comedor y lavabo; totalmente equipado, con todas las comodidades y a un precio adecuado. Altamente recomendable.

A las siete de la mañana (¿o serían las ocho?), toque de diana, desayuno y una media hora de coche hasta alcanzar el Santuario, hoy hospedería, del Moncayo, a 1620 m de altitud. Desde allí, ganando altura con facilidad, por dentro del bosque de pino silvestre, se alcanza la base del grandioso circo glaciar del Cucharón o Pozo de San Miguel, estamos sobre los 1900 mts. y entramos en el “reino mineral”.

Decidimos atacar la invisible, por la niebla, cumbre por nuestra derecha y, después de traspasar un caos rocoso y de pelearnos con el viento, llegamos a la zona donde empezaba la nieve; más bien  hielo. Hora de ponerse los crampones.

 
 
En la cumbre "empenachada"

Pese a que mis indicaciones fueron ir poco a poco tomando hacía la derecha, “esta gente” debió de entender que era todo recto, quizás por aquello de que es el camino más corto. En definitiva, subimos directamente a la cumbre por el circo a base de crampones, piolet, manos y gemelos; por el camino más “fácil”.

La cumbre del Moncayo o pico de San Miguel (2316 m) estaba completamente helada y la sensación térmica no era nada agradable, debido a la espesa niebla que lo cubría todo y al gélido viento que soplaba. Nos tomamos el tiempo justo de hacer unas foticos y, aprovechando que el viento nos daba de espaldas, continuamos nuestro camino por la cresta, en dirección a la siguiente elevación: el cercano Cerro de San Juan (2283 m). Desde allí, y con alguna pequeña pérdida de camino gracias a la niebla, proseguimos nuestro camino al Pico Morca (2283 m), siguiendo el invisible cordal, sin poder ver el magnifico Circo de San Gaudioso, que se hallaba a nuestra izquierda. En unos pocos minutos más, bajamos al Collado del Morca (2144 m) y, caminando por el hielo y las extrañas formas que surgen con la ayuda del viento, llegamos al Pico Lobera (2227 m). Allí el frío era insoportable. Unas fotos y... rápidamente hacía abajo.

Nuestra intención era llegar al Collado Bellido, a 1807 m. Pero, “por aquellas cosas de la orientación”, en lugar de irnos hacía la izquierda nos fuimos hacía la derecha, siguiendo el cordal. Afortunadamente salimos de la niebla y se acabó el hielo, lo que hacía más agradable el camino. Remontamos una pequeña loma y bajamos varias laderas hasta dar, después de un corto recorrido por en medio de un bosque, con la pista que une la Fuente de los Frailes con Beratón, el GR-90.1 (Lituénigo a Talamantes). Una pequeña caminata y, pasando un amplio recodo de la pista, a nuestra izquierda surge una variante del GR que nos hace subir una corta loma y nos deja cerca del collado Bellido; desde allí, por un sendero de pequeño recorrido (marcado también como GR-90.1), en una hora y poco se llega a nuestro punto de partida en el Santuario del Moncayo. A resaltar, ahora sí, la bellísima vista del Circo de San Gaudioso.

Total, paradas y enredos varios incluidos, cinco horas y media de aventura para realizar este recorrido circular por las cumbres y ladera Norte de la sierra del Moncayo. Una zona privilegiada para el contacto con la naturaleza, no demasiado conocida, salvo para aragoneses y navarros, con recorridos relativamente fáciles en verano. Y con una endemoniada climatología que hace que esos “fáciles” y redondeados picos se vuelvan peligrosos para quienes los desconocen.

Comentar, por último, que el Moncayo fue declarado parque natural en 1979 y posteriormente, en 1998, fue ampliado considerablemente su espacio.

Texto: Daniel Cama.



F
otos de la ruta (de Javier & Javiere) en este enlace



NOTA
: El resto del equipo no asume necesariamente los puntos de vista vertidos por Daniel, fruto de alguna noche de insomnio tras comer pizza en mal estado. No solo nos perdió alevosamente en medio de los procelosos páramos maños, sino que intentó tener la razón, incluso cuando se vislumbraba a lo lejos la muralla china. Menos mal que conseguimos convencerle de que íbamos mal y terminó rectificando el rumbo.


Felipe, Daniel (aterido), Justo Blue, Javiere el irresponsable y Javier el serio




 
 
 
 
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