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TRAVESERA PICOS DE EUROPA
 
Junio de 2009. Una vez más enviamos a nuestro reportero más dicharachero, Felipe 'Trepariscos', a una prueba famosa en el mundo mundial. Tras luchar con aviesos gamusinos, partirse el pecho entre orcos y xanas (muy malas las xanas, por cierto), ha regresado y conseguido garabatear sus aventuras en el envoltorio usado de un bollycao de panceta. Dejemos que sea él quien nos lo cuente:

El 19 de junio a  las 3 de la madrugada se dio la salida desde la Vega de Enol a la Travesera, prueba de ultrafondo por montaña que recorre los tres macizos de Picos de Europa, organizada por la Federación Asturiana. Éramos casi 200 los participantes. Debido a la espesa niebla que cubría el lugar, tuvimos que marchar neutralizados durante el primer tramo, hasta poco antes del Refugio de Vega Redonda.

Los primeros neveros nos pusieron sobre aviso, sobre lo que nos esperaba en las partes altas de la carrera. Una vez pasado el Collado de La Fragua se hizo constante su presencia. Al coger altura, superamos los bancos de niebla y, aunque la noche todavía reinaba, se podían distinguir la siluetas de las montañas que nos rodeaban y el camino que debíamos seguir, iluminado por una hilera de frontales. Las nubes quedaban más abajo. Al flanquear el Jou de los Asturianos daba la impresión de ir flotando, colgados en el vacío. Tras pasar el Collado del Jou Santu la claridad iba ganando terreno y nos regaló unas espectaculares vistas de la Peña Santa.
  Foto: Uno
 


La llegada al Boquete marcaba el inicio de la bajada hasta Caín por Mesones. El espectáculo desde este lugar era único. El amanecer nos brindó un mar de nubes a nuestros pies y la raya del horizonte teñida de varias tonalidades de colores, desde el rojo hasta el violeta. A pesar del espectáculo, no podíamos embebernos, porque la bajada requería de todos nuestros sentidos. En su primera parte, por la inclinación que tenía y, al poco, por la aparición de la niebla que convirtió el terreno en resbaladizo y peligroso.

Llegados a las cabañas de Mesones el terreno se suavizó un poco y la niebla quedo atrás. Aunque faltaba el paso por el Sedo de Mesones que, según la organización, era una zona peligrosa y estrecha de “precipicios”, donde estaba prohibido correr por el riesgo de una caída. El Sedo de Mesones no fue para tanto. Al menos no estaba mojado. Una primera zona por roca para salvar un cortado y una segunda zona de escalones, más encajonada, para terminar de salvar el resalte. Superada esa zona, en poco tiempo se llegaba al primer control y avituallamiento, situado en Caín (León), después de casi 1.800 metros de desnivel de bajada.

Tras abandonar Caín atravesando el río Cares, nos encaminamos hacia otro paso reseñado como peligroso en el Reglamento: el Sedo Mabro. Una sucesión de escalones naturales que salvaban, casi en vertical, un resalte en la falda de la montaña.

Una vez superado el paso vertical, la senda ganaba altura a media ladera, adentrándose en la Canal de Dobresengros. Un poco más arriba, la canal se estrechaba y la trocha ganaba altura, casi en vertical, sin posibilidad de hacerlo en lazadas. Incluso en otra zona, conocida como el Canalón, tuvimos que volver a trepar para superar esta nueva dificultad. Una vez alcanzado el Jou Grande, pudimos tomar algo de aliento antes de afrontar las rampas nevadas que llevaban a la Horcada de Cain. En algunas zonas la nieve se encontraba bastante dura y con escasa huella. En esas condiciones las zapatillas resultaban escasas y no daban ninguna seguridad, pero con precaución y sin mirar para abajo, superamos los tramos mas difíciles. Por fin, después de más de tres horas, alcanzamos la Horcada de Caín, dando vista al símbolo por antonomasia de los Picos de Europa, el Picu Urriellu. Para salvar las primeras rampas de bajada, la mejor técnica y más segura era deslizar con el trasero hasta donde la pendiente se suavizaba. Aunque más de uno se llevó un buen recuerdo al encontrar alguna piedra en su trayectoria.

Foto: Otro  
 

En la Vega de Urriellu, al pie del Picu, se encontraba el siguiente avituallamiento y punto de control. Según la ficha técnica, aproximadamente estábamos en el ecuador de la prueba. Paramos más de la cuenta en Urriellu. El lugar lo merecía y los cuerpos lo necesitaban. Pero los tiempos de corte estaban demasiado cerca como para seguir disfrutando del espléndido avituallamiento.

Iniciamos la nueva etapa con calma, para que las piernas se acostumbraran nuevamente al movimiento. Pronto lo hicieron, porque las rampas de la Canal de la Celada, totalmente cubierta de nieve, aceleraron nuestro corazón. Mientras subíamos, trataba de abstraerme y contemplaba las paredes verticales del Urriellu, donde se adivinaban algunas cordadas. Traspasado el Collado de la Celada, con el Jou tras el Picu a nuestros pies, nos encaminamos hacia la Collada Bonita, de nombre muy evocador, pero que estaba protegida por durísimas rampas de fuerte inclinación cubiertas de nieve. Una cuerda fija ayudaba a superarlas y evitar posibles resbalones.

Las vistas desde la collada hacían honor a su nombre. La cara sur del Picu se enseñoreaba desde esta privilegiada atalaya. La panorámica hacia la vertiente sur no era menos espectacular, con el macizo de Andara ante nuestros ojos. Un escalofrío recorría nuestros cuerpos, contemplando lo que aún nos quedaba por bajar y subir para adentrarnos en el último macizo. Bajamos con precaución por las cuerdas fijas, que aseguraban los primeros metros de descenso y, una vez superados, disfrutamos nuevamente de la técnica del “culo-ski”. Una vez dejadas atrás las zonas con nieve, comenzó un tortuoso descenso por el Valle de las Moñetas hacia las Vegas de Sotres, que se adivinaban muy abajo, al fondo del valle.

  Foto: Ese
 
En las Vegas se situaba el penúltimo avituallamiento, donde aprovechamos para reponer fuerzas. Nos esperaba una dura subida bajo el impenitente sol, que a esas horas estaba en lo más alto. Nuestro objetivo, el collado de Valdominguero. La senda ganaba altura por la canal del Jidiellu. En su parte alta fue desapareciendo, dificultando aún más la progresión. El último escollo antes del collado era un nevero, que se salvaba por la rimaya, y la pared donde había colocadas unas cadenas, para ayudar en los pasos mas delicados. Casi eran las 5 de la tarde. El tiempo seguía corriendo y aún nos quedaba un montón de kilómetros para alcanzar Cabrales. Hasta el Casetón de Andara todavía tuvimos que patear algunos neveros; pero desde allí enlazamos con la antigua pista minera. Aprovechamos el terreno para trotar lo que nuestras piernas nos permitían, hasta el Jitu de Escarandi, último avituallamiento y punto donde abandonábamos propiamente la Alta Montaña.

Los voluntarios que estaban en el Jitu y algún otro corredor nos auguraron 3 horas hasta meta. La verdad es que aún quedaban 15 kilómetros, pero mucho más fáciles que los anteriores 45; aunque no menos verdad es que las fuerzas ya no eran las de antes. Entre brezos nos pusimos en marcha; primero en una ligera bajada para luego remontar hasta el Collado Pasadoiro, desde donde tuvimos unas espectaculares vistas de Picos, con el omnipresente Urriellu. Parecía mentira que, pocas horas antes, hubiéramos estado al pie del mismo.

Al coronar, despojado de los miedos a más dificultades, me lancé en una frenética carrera por la Sierra de Portudera, camino de Cabrales. Se notaba que, hasta ahora, poco había corrido, porque trotaba incluso en las pequeñas subidas. A pesar del ritmo más vivo, parecía que no llegaba nunca la meta. Y, para poner la guinda y frenar mis ímpetus de “carrerista”, los últimos kilómetros discurrieron por una antigua calzada empedrada, la Calzada del Caoru, donde las rodillas (castigadas por las bajadas anteriores) echaron humo. Hasta que la dureza del asfalto, al menos, las dejaron relajarse de tanta torsión para mantener el equilibrio entre las piedras.

La meta, situada junto al frontón de Cabrales, puso punto final a una jornada larguísima: 18 horas y unos minutos, de montaña en su estado más puro. Mucho más de lo que yo había imaginado. En Picos, las distancias parecen alargarse; o quizás es que mis piernas no sabían lo que era subir las canales de Picos. Veinte años son demasiados para faltar de tan agrestes y bellos parajes.


Texto: Felipe Rodríguez



Más fotos en este enlace

El mapa de la ruta aquí


NOTAS
Accesos: Como ya es costumbre en este apartado y dada la flexibilidad que tiene, solo nos limitamos a indicar que la ruta se puede consultar a medida de cada uno en Guía Campsa o Vía Michelin. ¡Ah! ¿Que no se te da bien lo de la internete? Siempre le puedes preguntar a cualquier policía urbano...

Mapas:

Material: Calzado y... algunas cosas más.



 
 
 
 
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