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ULTRA
TRAIL DEL MONT BLANC |
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Agosto
de 2008. Es de reconocer que fue fácil convencer a Felipe para
que fuese como corresponsal de esta página al Ultra Trail.
A fin de cuentas, para él suponía una espina por sacarse.
No obstante, le dimos un par de yoyas para caldear el ambiente, le tuvimos
dos meses a pan con chocolate y, cuando ya le salían espumarajos
por la boca, le enfilamos hacia el Chamonix ese de las montañas. No ha sido un camino de rosas pero ha merecido la pena recorrerlo. Desde enero de 2007 que me inscribí para la 5ª edición, hasta el 31 de agosto de 2008 a las 9 horas y 19 minutos que pude cerrar el círculo atravesando la meta, en su 6ª edición, han transcurrido casi dos maravillosos años donde, además de entrenar lo necesario para conseguir terminar, me he conocido un poco más a mí mismo. No ha sido solo mi ambición por terminar la que me ha empujado a volver dos años consecutivos. También mi familia se ha enamorado de estos paisajes y no entendían otra cosa que no fuera volver para poder contemplar, una vez más, una de las estampas más espectaculares y extraordinarias que la naturaleza nos brinda: el Mont Blanc y su entorno de agujas, glaciares y vertiginosas masas de hielo colgando sobre el valle de Chamonix. Quedarse extasiado viendo atardecer sobre estas montañas, ha sido uno de los placeres mas gratificantes de esta segunda ocasión. En el año 2007 tuve que retirarme en el Km 122 (la distancia más larga que hasta ese momento había recorrido) por un mal planteamiento de carrera, cuyas consecuencias fueron unas fuertes molestias en la rodilla derecha. Ese año había salido a ritmo de cualquier carrera de montaña y, ya en el Km 30, sentí que las fuerzas las había gastado demasiado pronto. Pero me empeñé en intentarlo durante 26 horas. En el control de Champex Lac no quise alargar la agonía y puse fin a la tortura en la que se había convertido cada paso que daba cuesta abajo. Me sentía vencido y sobrepasado por las dimensiones de la carrera. Pero la condición humana no entiende de derrotas y no pasaron ni dos días antes de decidirme a volver. Ese año había quedado demostrado que esta era una carrera para hacerla individualmente, sin verse supeditado a nada más que a tus propias sensaciones. Al menos me llevaba la experiencia de conocer gran parte del recorrido y saber dónde había flojeado. Este
año 2008, conseguí acabar y disfruté en gran parte
del recorrido. En la salida no tuve los agobios del año anterior,
pues no me puse en línea hasta que no faltaban 5 minutos. Me
ahorré una hora bajo el sol cargado con la mochila y gran parte
del tiempo de pie o en alguna postura incómoda. A cambio salí
del apartamento relajadamente y esperé la hora de partida sentado
en los jardines de la iglesia, a la sombra. Esto me ayudó, además,
a salir muy retrasado y a un ritmo un poco más lento del que
yo podía aguantar.
Les
Chapieux, primer punto de referencia (km.50) de carrera, buen
ambiente en la carpa habilitada para recibir a los corredores, pero
quizás demasiado calor. Es mejor no parar mucho y salir sin demora,
dejando atrás la inmensa hoguera que da luz y calor a los que
fuera aplauden el paso de los corredores. Camino del Col de
la Seigne, nuevamente la imagen de centenares de frontales
marcando el camino a seguir. No menos espectacular es mirar hacia atrás
y ver el rastro de lo ya andado, sabiendo que el final del collado está
cerca. En el collado, un nuevo país. Dejamos atrás Francia
y pasamos a Italia. En el descenso, las primeras luces del alba nos
muestran la espectacular silueta de la Integral de Peuterey
que, como una gigantesca escalera, sube peldaño a peldaño
hasta la cumbre del Monte Bianco. Mis recuerdos se
confunden con los del año pasado, trotando con Justo junto al
Lac Combal, camino hacia la que fue mi puntilla: la
Arete de Mont Favre, temeroso de que se repita la historia
pero, al menos, disfrutando al ganar altura contemplando el Monte Bianco
y los glaciares, mucho más rotos de la vertiente italiana, intentando
ubicar en el de la Brenva, el espolón
del Freney, escenario de una de las gestas míticas del
alpinismo. Una
subida más al tran-tran, que diría Sagar, con
la música del MP3 machacando mis oídos y haciéndome
olvidar lo duro que resulta esto; como resuena en la canción
de Bob Dylan, esta es la historia de Hurricane. Y de mi cosecha
añado, 'y no habrá quien lo pare'. Pero al llegar al Refuge
Bertone, nada de viento y mucho calor. Los voluntarios cumplen
su misión y dan de beber al sediento. Los sedientos repostamos
y seguimos; seguir es nuestra promesa. Y yo sigo disfrutando, ¡y
de qué manera!, mientras contemplo extasiado las Grandes
Jorasses. ¡Ay, el bueno de Bonatti! Cuánta historia
del alpinismo encierra su nombre y, además, da nombre al coqueto
Refugio, siguiente puesto de control. Un vasito de agua, una sopita
y voy camino a Suiza, pasando por Arnuva
y el Gran Col Ferret. En el camino se me une Guillermo
y formamos una buena sociedad para darnos apoyo en la larga y calurosa
subida a Ferret y en la no menos larga bajada hacia
la Fouly. Antes de llegar a este precioso pueblo de
casitas de madera, pasamos a ser un trío con la incorporación
de Paco, cinco veces finisher de la carrera. ¡Vaya un
lujo de compañía!
¡Ánimo, que ya llega el día! Pero el sueño me vence y voy dando tumbos por el camino. Trato de fijar la vista y veo lo que no es ¿Dónde estoy, en Lourdes? Un poco más arriba, junto al camino, una luz, y alrededor gente de rodillas rezando. Me froto los ojos y veo lo que es: un corredor con su frontal, parado junto a unos arbustos. Col des Montets y ahora lo mejor, al menos la última subida. La luz del día me devuelve la energía y cojo ritmo. La subida es de las que me gustan y parece que aún tengo pilas. Adelanto a otros corredores y subo el ritmo. Uno, dos, tres... veinte han quedado atrás y no flojeo. Hace unos minutos, prácticamente dormido y, ahora, como una auténtica moto. Llego a la Tête aux Vents. El reloj marca las 7:34 y sueño en llegar en menos de 38 horas. La subida se acaba y, a lo lejos, se ve La Flegere. En frente, cubierto por las nubes, La Aiguille Verte, los Drus y, un poco más lejos, el omnipresente Mont Blanc. ¡Ya he cumplido! He visto amanecer por las dos vertientes de esta maravillosa montaña. La Flegere, último punto de control, 8.12 de la mañana. Sólo 7 kms a meta. Mi sueño de hace un rato, de menos de 38 horas, no se cumplirá; pero me ha servido para sacar las fuerzas no sé de dónde. Comienzo a trotar a pesar del dolor en el tibial de la pierna derecha y, poco a poco, aumento el ritmo. Poco antes del chalet de la Floria me esperan los Carlos que, a pesar de mis ruegos de no acompañarme para evitar penalizaciones, me escoltan. ¡A la mierda la penalización! Ellos también tienen derecho a disfrutar después de su temprana retirada de la Petit Trote a Leon. No sé si trotamos, corremos o volamos. Aprieto los dientes y me veo bajando desde el Telégrafo camino de la meta del MAM (Maratón Alpono Madrileño). Pero no, ¡despierta!, es tu sueño de años hecho realidad. Estás por las calles aún medio adormecidas de Chamonix, terminando tus primeras 100 millas y, quién sabe si las ultimas. Miro, pero no veo. ¿Dónde están Elena, Marcos y Hector? Se están perdiendo lo mejor. Este acelerón del final les ha pillado de sorpresa. Llego a la plaza de la Amitié y cruzo bajo el arco de meta, dando un golpe en el aire con mi puño cerrado alrededor de los bastones. Soy finisher de la UTMB, un Trailer du Mont Blanc. Para
Elena. Marcos y Hector. Su ayuda y comprensión han hecho posible
que pueda terminar; mi sueño ha sido el vuestro. Texto:
Felipe Rodríguez
El
mapa de la ruta (en un futuro) aquí NOTAS
Accesos:
Como ya es costumbre en este apartado y dada la flexibilidad que tiene,
solo nos limitamos a indicar que la ruta hasta Chamonix se puede consultar
a medida de cada uno en Guía
Campsa o Vía Michelin.
Así, vayas desde Alaska o Alpedrete, seguro que no te pierdes.
Mapas:
Material:
Calzado deportivo ligero y resistente (piedra, agua, pista, nieve...;
alguna pequeña mochila donde llevar el material requerido
por la organización (muy estrictos y comprobado varias veces
con escrupuloso detalle). El uso de bastones, según las apetencias
de cada uno; hay buenas pendientes y pueden resultar útiles.
Protección solar o contra la lluvia, dependiendo de las previsiones
del tiempo. Y un 'pocket-dictionary' para hablar francés
con les gamousines. |
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