MONTAÑEROS.POP
 
 
De los autores de "Marboré, si tú me dices ven...", llega

...LO DEJO TODO, TODITO, TODO

(Solo en las mejores pantallas)
 

Pues sí, seguimos en junio de 2008. Pero como las horas no dejan de pasar (es algo genético, lo llevan en los segundos; que nadie les afee tal conducta, por favor), pues resulta que ya hemos cambiado de día y nos hallamos en domingo, exactamente en el día 22. El sol no se ha tomado vacaciones, por cierto.

La ruta del sábado nos había dejado un poco cansadetes. No era tanto la distancia recorrida, sino la suma de eso con el fuerte calor, las quemaduras del sol (tengo los labios que parezco Esther Cañadas haciendo pucheros) y la posible merma de ánimo. Sin embargo, no podíamos dejar pasar el domingo sin actividad, aunque se tratara de algo ligero, resultón.

Habíamos previsto inicialmente hacer cumbre en Peña Tendeñera. Era la segunda vez que la programábamos como postre, y era la segunda vez que la veíamos pasar de largo. No obstante, como la posibilidad de recorrer el valle del río Sorrosal también resultaba atractiva (una zona nueva, ignota, para nosotros) decidimos hacer un reconocimiento de cara a un futuro y cercano ataque a la cumbre deseada. La reseña de la que disponíamos no era muy concreta. Subiríamos a reconocer el terreno hasta que decidiéramos dar la vuelta; a voluntad.

Aparcamos en Linás de Broto y empezamos la marcha a las 8:00. Tomamos un camino de herradura, entre heredades acotadas; camino que surge abajo, en la curva a las afueras del pueblo (al Norte), aunque también se puede tomar frente a la iglesia de San Miguel, como indicaba nuestra reseña. Cruzamos un arroyo tributario por un puentecico de piedra, y avanzamos sobre un empedrado, camino encañonado entre aterrazamientos, rodeados de frondosa vegetación en su mayor parte: avellanos, robles, hayas, acebos, rosales, bojes... Una exuberancia de orquídeas y otras herbáceas que, en plena floración, no dejaban de atraer los objetivos de nuestras cámaras. Nuestros espíritus y anhelos.

  Foto: Javier Rubio
 
Metiendo piedras en las mochilas, como los machotes de pelo en pecho

Avanzamos por el camino siguiendo su línea natural, hasta el fondo del valle, donde cruzamos de nuevo el río por un antiguo puente de piedra, que el mapa denomina Puente de la Mercera, a unos 1.520 m de altitud. Resultaba interesante calibrar todo el esfuerzo que debió suponer siglos atrás preparar esos caminos, puentes, terrazas... para aprovechar el producto de las tierras y sus bestias. Caminos ahora en su mayoría abandonados, como las bordas, en avanzada ruina.

Tras quizá poco más de dos horas de marcha, tranquilos, llegamos junto a una cascada, con una pequeña poza, proveniente del Barranco Planas d'Abozo. El lugar invitaba a meter al menos los pies en sus frías aguas. Lo dejamos para el regreso y seguimos avanzando, con un valle que se abría y despejaba hacia la sierra de Tendeñera, cortina final.

Un rato más de marcha y Richar decide que ya ha dado todo de sí; que no continúa. El cansancio le pasa factura. Decide regresar junto a la cascada y esperarnos allí. Mientras, Felipe y yo seguimos ascendiendo, ya por prado abierto, descubriendo los vestigios del camino, ahora más desfigurado por el tiempo y la falta de uso. Accedemos al Refugio de la Faja (1.720 m aprox.), una borda de pastores, en aceptable estado, donde termina la pista que avanza al otro lado del valle.

Foto: Javier Rubio  
Puente de la Mercera, con bicho
 
Mientras subimos, vamos oteando las cumbres, ubicando Peña Tendeñera y la Peña de Otal. Intuyendo cuáles son las vías de acceso en la distancia, las más aptas para saltar los muros pétreos de la base. Una pared rocosa impresionante, soberbia, donde no pierde un ápice de belleza el que la cota mayor esté en los 2.853 m de Peña Tendeñera. ¿Que no hay tresmiles? ¿Quién los necesita?

Llegamos a un final alto de valle casi cerrado, surcado por el Barranco Zebollar; un lugar denominado según el mapa Las Cuastas, que muestra los restos de algunos apriscos con derruídos muretes de piedra, y una estructura metálica para estabular ganado. Para conseguir una mejor perspectiva, decidimos subir al Tozal de las Fuebas (1.949 m), a donde llegamos a eso de las 11 de la mañana (fuimos muy tranquilos). Desde ese punto, tenemos a vista ambas rutas a Tendeñera, por las vertientes Suroeste y Sudeste. Estimamos que la más accesible, la más atractiva, asciende hacia el Tozal de Soaso, por la ladera Sudeste, describiendo luego una amplia diagonal atravesando neveros y canchales, hasta la enhiesta cumbre, tras pasar el Paso Tendeñera.

En este tranquilo ascenso no dejamos de maravillarnos de los prados cuajados de flores de innumerables colores y formas. La magia de la montaña, de lo más grande a lo más diminuto. Nos salen al paso algunas marmotas, incluso un sarrio, esquivo, huidizo, ante la presencia humana. Hemos encontrado un lugar poco transitado, en la quietud, hermoso, lleno de paz. El tiempo parece sujetarse a otros cánones. Pero Richar nos espera abajo, descansando, y la hora de regreso a Madrid no puede ser pospuesta; mis compis montañeros no quieren perderse un partido de fútbol de cierta relevancia, que afecta a la selección española.

  Foto: Javier Rubio
 
El camino abovedado

Con la subida, algo más avanzada de lo en un principio calculado, hemos consumido bastante tiempo. Damos con premura la vuelta y llegamos a la cascada. En descenso, los caminos se localizan con más facilidad. Ya no hay tiempo para mojar los pies; ese privilegio se lo hemos cedido a Richar, que incluso ha tenido tiempo de echarse una plácida siesta.

Con ligereza en los pies, continuamos perdiendo altura, regresamos al camino frondoso y aparecemos finalmente en la curva de la carretera, recorriendo por asfalto los últimos metros hacia el pueblo y al coche que nos espera. Son poco más de las 15:00 horas. Cambio de ropa, empaque de mochilas y... cada mochuelo a su olivo.

No, en esta ruta no hemos podido añadir una cumbre de recopetín a nuestro carné de ruta. ¿Quién ha oído hablar del Tozal de las Fuebas? ¡Si casi ni viene en los mapas! Pero sin este recorrido, el fin de semana se hubiera quedado cojo. Ahora podemos regresar a casa con las alforjas llenas. Y con ese brillo en los ojos que nos recuerda que seguimos felizmente vivos.

Pablo Picasso dijo que, de niño, pintaba como un adulto; pero que había necesitado toda una vida para aprender a pintar como un niño. Al 'crecer' es fácil perder las perspectivas, sujetos por mil corsés; nos volvemos 'personas serias', demasiado ocupadas como para malgastar el tiempo por los rincones. Tal vez el arte está en aprender a 'perder' ese tiempo, en saber colgar el traje gris; pero no perder al niño que llevamos dentro. Ese niño que de verdad nos hace sentir vivos. Un niño que algunos encontramos especialmente allá en las montañas: por encima de los tres mil metros, o en el fondo de un modesto pero hermoso valle. 'Bien estar y bien ser.'

Texto: Javiere

"Je n'ai alors rien su comprendre ! J'aurais dû la juger sur les actes et non sur les mots. Elle m'embaumait et m'éclairait. Je n'aurais jamais dû m'enfuir ! J'aurais dû deviner sa tendresse derrière ses pauvres ruses. Les fleurs sont si contradictoires ! Mais j'étais trop jeune pour savoir l'aimer."

(Le Petit Prince - Antonie de Saint-Exupéry)



Más fotos en este enlace

Lo del mapa, a ver si lo podemos preparar también.


NOTAS

Accesos: Bueno, ya es algo habitual poner las referencias de Guía Campsa o Vía Michelin. Pero, ojo al dato: a nosotros, una de estas guías en línea nos señaló una carretera más corta desde Sabiñánigo... que, según nos dijeron después, no estará terminada hasta dentro de lo menos año y medio. Al parecer ese fallo lo registran varios gps. Más vale lo 'malo' conocido... (Felipe, no va por ti).

Mapas: Uno más de Editorial Alpina (la de mi vecina), Valle de Tena, Sierra de Tendeñera, Peña Telera (a escala 1:40.000).

Material: En esta ruta no tocamos nieve, dada la época del año y la cota a la que accedimos. Solo se recomienda calzado adecuado, protección solar y una cámara de fotos. Bueno, además de agua, algo para picar y unas galleticas saladas por si vienen visitas.

 
 
 
 
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