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TRAVESÍA
INTEGRAL DE LOS MONTES AQUILIANOS |
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Junio de 2008. Tras diferentes actividades, carreras y ocupaciones de dudosa reputación, una nueva aventura nos hace asomar a estas páginas semiocultas en la red de redes. Viajamos a tierras del antiguo Reino de León, a la muy leonesa comarca de El Bierzo. Pero... dejemos que sea Felipe quien dé rienda suelta a sus instintos literarios. Adelante. Vistos desde Ponferrada los Montes Aquilianos, el que más destaca por su forma puntiaguda y por parecer el más alto desde la lejanía, es el pico denominado La Aguiana, que en épocas pasadas se conocía por Aquiliana. Según los entendidos, puede derivar del latín acueleus (punta) por el aspecto afilado del monte. De ahí toma el nombre el cordal de montes que nos ocupa. Hace
poco mas de un año no sabia dónde estaban los Montes
Aquilianos, aunque había oído hablar de una marcha/carrera
por montaña que así se llamaba. En noviembre de 2007 pasé
con la familia un fin de semana por tierras de El Bierzo
y estuve a los pies de estos montes, recorriendo parte del camino que
se adentra en el Valle del Silencio. Me dije a mí
mismo que no pasaría un año más para venir a subirlos
y recorrerlos. Así que, el sábado 7 de junio, a las 5 de la mañana, nos encontrábamos junto a otros 500 marchadores/corredores, dispuestos a cubrir los 66 Km. que nos prometía el Club Deportivo Rutas del Bierzo. Tomamos la salida sin grandes parafernalias y con poco ruido. Amparados todavía por las sombras de la noche, cruzamos el Río Boeza por un antiguo puente, hoy restaurado. Nuestras piernas pronto empezaron a entrar en calor con las primeras cuestas, que nos llevaron a los campos de cultivo aledaños a la ciudad. Fue dejar atrás las últimas casas y empezar a clarear el día, casi al mismo tiempo que llegábamos al Collado Pajariel. Un descenso pronunciado nos llevó hasta el cauce del río Oza, que sería nuestro compañero de viaje durante unos cuantos kilómetros. El primer avituallamiento estaba situado en el Km 10, a la entrada de Villanueva de Valdueza, junto a la carretera que da acceso al valle. Bien surtido, aunque sin vasos para el agua, el sistema de control de paso nos obligaba a hacer cola para que fuera picado nuestro carnet de ruta. El pequeño respiro que nos tomamos en el avituallamiento nos sirvió para encarar con fuerzas renovadas la cuesta por la que seguía el recorrido. Poco a poco, la carrera se estiraba y los corredores íbamos diseminándonos por el camino. Tras bajar de nuevo al valle del río Oza, atravesamos Valdefrancos. Posteriormente, San Clemente de Valdueza, siguiendo el antiguo camino que utilizaban los monjes allá por el siglo X, quienes encontraron en este recóndito valle su refugio, dejando huella en varios monasterios e iglesias. Tras San Clemente, iniciamos la subida hacia Montes de Valdueza, por el camino conocido como Senda de la Tebaida Berciana; un camino bien trazado que salvaba el desnivel en perfectas lazadas. No en vano, por aquí en su día circularon carretas; aún hoy se puede apreciar la huella de las ruedas. Después
de ganar altura y situarnos en un balcón privilegiado, con vistas
espectaculares sobre el valle, por donde transitamos durante un tiempo,
llegamos al segundo punto de control, en Montes de Valdueza.
Aproximadamente el km 26. Hasta allí la organización había
dispuesto transporte para poder hacer algún deposito de material;
en mi caso, bastones, zapatillas y ropa de recambio. En Montes de Valdueza
la marcha se dividía: los del recorrido A nos
dirigíamos hacia Peñalba, para hacer
el cordal; los del recorrido B (más corto y
menos duro) se dirigían directamente a Ferradillo,
pasando por el Alto del Campo de las Danzas. Bordeamos
el antiguo Monasterio de San Pedro de los Montes, pasando
por debajo del pintoresco arco que en su día sirvió de
acueducto para llevar agua al monasterio y, tras abandonar el pueblo,
atravesamos un hermoso castañar con árboles de gran porte.
Sus troncos retorcidos daban muestra de su longevidad.
En
la Cabeza de la Yegua (2.143 m) está situado
un nuevo avituallamiento y punto de control. Una vez en el cordal, iniciamos
un largo y tortuoso 'sube y baja' que nos llevará a pasar sucesivamente
por el Pico las Berdianas (2.116 m), el Pico
Tuerto (2.051 m) y el más lejano Pico Aguiana
(1.849 m), lugar donde se encuentra la ermita de la Virgen de la Aguiana.
Lo más destacable de esta parte del recorrido, aparte de las
vistas sobre todo El Bierzo, es el colorido violeta de los brezos en
flor que adornan los bordes del camino. Hasta aquí llevamos 37
kms y lo más duro, en teoría, está hecho. Ya no
quedan subidas reseñables y sí una larga bajada hasta
Ponferrada. Después del avituallamiento, situado en la misma
cumbre, iniciamos un fuerte descenso por un cortafuegos. Javiere comentó
después que una senda mucho más suave iba un poco a la
derecha de este; hay veces que más vale tener rapidez en los
ojos que en las piernas. Empezamos a pasar a marchadores que están en plena faena de ganar, paso a paso, metros al recorrido corto. Volver a ver gente, sus ánimos e incluso aplausos, nos dan un motivo para seguir ahora que las fuerzas empiezan a decrecer. Con el encuentro de los marchadores el tiempo pasa rápido y, al poco, llegamos hasta Ferradillo, al pie de las peñas del mismo nombre. Aunque el lugar invita a pararse y tomarse, plácidamente sentado en la hierba, alguno de los bocadillos que nos ofrecen en el avituallamiento, no caemos en la tentación y seguimos con nuestro tran-tran. El camino se introduce en un joven robledal y alterna zonas llanas con algún descenso brusco entre rocas. Seguimos pasando a otros participantes y, de cuando en cuando, podemos ver Ponferrada; pero aún lejos. Marcado en medio de un prado, con pintura o algo similar, está el Km 50, lo que nos hace pensar en todo lo que nos queda todavía. El descenso continúa nuevamente por pista y empieza a pasar factura sobre las piernas. Desde el Pico de la Guiana llevamos casi 1.300 m de desnivel negativo; poco tiene que quedar del descenso. Entramos en Rimor, donde está situado el último avituallamiento. Preguntamos por lo que queda y, aunque son muy remisos a decirlo, nos cantan 8 km. Calculo que me llevará bastante tiempo y, por si acaso, relleno el camelbak. Como casi siempre en este tipo de pruebas, la parte final suele ser la más 'fea'; esta ocasión no será menos. Unas veces por carretera, otras por asfalto, llegamos hasta Toral de Merayo. Lo atravesamos por su calle principal y lo abandonamos por un camino que, como no podía ser de otra manera (la conocida Ley de Murphy) es... en subida. Curioso es este camino que parece horadado en la pendiente. Los paredones de la misma lo flanquean y dan sombra al caminante. Superada esta corta cuesta bajamos hacia la orilla del río Sil. Ya sí que estamos cerca: al otro lado del río está Ponferrada. Pero todavía no podemos cantar victoria, porque aún quedan esos 'kilómetros basura' de todas las carreras, que en esta ocasión discurren por la margen del río. Al menos los chopos nos cobijan con su sombra y evitan que al cansancio acumulado se sume el calor de las horas centrales del día, con el sol luciendo en todo su esplendor. No se adivina el final y ya va costando mantener el ritmo. Uno espera llegar hasta el puente que mandó construir en el siglo XI el obispo de Astorga para el paso de los peregrinos y que dio nombre a la ciudad por sus herrajes (pons ferrata). Pero cuando ya empieza a cundir la desesperanza porque no llega el final, una rudimentaria pasarela de palés nos conduce al otro lado del río. Transitamos unos cientos de metros por esta orilla y, al pie del castillo templario de Ponferrada, lo volvemos a cruzar por un puente más consistente, e iniciamos el asalto a la fortaleza por su costado más abrupto.
Tampoco
podemos pedir más a la organización. Nos ha dado la oportunidad
de recorrer unos bellos parajes cargados de historia, facilitándonos
buenas vituallas en lugares estratégicos. Lo de los arcos de
meta hinchables, banderolas, pancartas, cintas plásticas de balizar
y otros aditamentos artificiales que dan colorido a otras carreras,
aquí quizás estarían de mas. Texto:
Felipe Rodríguez
El
mapa de la ruta aquí
y el gráfico de desniveles, aquí NOTAS
Accesos:
A Ponferrada se llega por todos los caminos, incluso por el de Santiago.
Pero si quieres ir a tiro fijo, mejor consultarlo en Guía
Campsa o Vía Michelin.
Mapas:
Creo que he visto uno por alguna parte. A ver... déjame que
lo busque...
Material:
Calzado deportivo ligero; alguna pequeña mochila o riñonera
es aconsejable, aunque no imprescindible. El uso de bastones, según
las apetencias de cada uno; hay buenas pendientes y pueden resultar
útiles. Protección solar o contra la lluvia, dependiendo
de las previsiones del tiempo. La vestimenta, a gusto del consumidor:
de Zara, Tucci, Lacoste o Quechua.
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