MONTAÑEROS.POP
 
 
MONCAYO CUASI ESPIRITUAL
 


13 de enero de 2008. Así somos las rudas gentes de la montaña. Mientras unos mascan chapas en baretos de mala muerte, o se entretienen en censar a las moscas malayas, otros nos subimos a una banqueta de casa y decimos que nos estamos preparando para sufrir el 'mal de altura'. O, como Daniel: da una vuelta por el parque de su ciudad y luego jura y perjura que ha estado en el Moncayo.

Que sea él mismo quien nos lo narre.

Hace años encontré una página en Internet donde un grupo de amigos relataba una ascensión invernal, a primeros de marzo, al Moncayo. Se quedó grabada en mi mente una foto que titulaban “plumas de nieve helada”. Era increíble ver las extrañas formas, en capas superpuestas, que la nieve y el hielo formaban en el suelo. Más que plumas, yo las denominaría ”flores de hielo”; cubrían la totalidad del terreno de la cumbre del pico San Miguel, dando la impresión de ser un blanco mar con sus olas de hielo.

  Foto: Danielico
 
Avance

Quién conozca el Moncayo sabe que, pese a su apariencia, no es una montaña que te permita acceder a sus cumbres cuando lo desees. Debido a su situación geográfica y a su altura, la sierra del Moncayo capta las nubes atlánticas y detiene la humedad que éstas llevan. Por tanto su meteorología es casi impredecible y extremadamente cambiante.

En marzo de 2006, después de asegurarme que el tiempo previsto para el fin de semana era excelente, de mirar y remirar en todos los boletines meteorológicos posibles, embarqué a mi amigo Javiere para que se desplazara a Zaragoza desde su recóndito y casi desconocido pueblo, asegurándole una fácil y rápida ascensión. El tiempo en el valle del Ebro era perfecto, sol y hasta calor. En la carretera de ascenso al santuario, salvo algo de hielo y nieve que no nos permitió llegar en coche hasta el hostal, el día lucía luminoso. Pero al llegar al circo de San Miguel y adentrarnos en él, la tempestad de nieve y viento nos hizo desistir de intentar siquiera proseguir nuestro camino.

El pasado día 13 de enero encontré, junto a Gonzalo, la otra cara del “dios” del Moncayo. En este caso, el tiempo en el valle del Ebro era horrible; el día anterior las nevadas en las sierras cercanas a Zaragoza y en los Pirineos habían sido importantes. La ciudad vivía, como es habitual en estos días del año, bajo la niebla y con un intenso frío. Pero en el Moncayo, y salvo un molesto viento, el sol, lucía esplendoroso.

Sobre las nueve de la mañana aparcamos el coche en la explanada que hay unos doscientos metros antes de llegar al Santuario. Quedaba, una vez más, pendiente por mi parte la ascensión completa del Moncayo partiendo desde su base y pasando por los diferentes sustratos del bosque que cubre sus laderas.

Foto: Daniel  
Pinos hipotérmicos
 

Bien pertrechados contra el intenso frío que pese al sol hacía, y con los imprescindibles crampones y piolet en la mochila, tomamos el camino que parte por encima del Santuario y hospedería (1.620 m. de altitud) y que, pasando por un maravilloso bosque, nos deja en algo menos de una hora en el circo u hoya de San Miguel, también conocido como el Cucharón, a unos 1.900 m. de altitud. Una vez allí nos pusimos los crampones, sacamos el piolet y atacamos directamente la empinada pendiente cubierta de nieve y hielo que, por un amplio canal que surge a nuestra derecha, nos deja cercanos a la cumbre. El desnivel superado es muy duro y hay que ir con extremo cuidado de no resbalar en las placas de hielo existentes. Es fundamental asegurar cada paso.

Camino de la cumbre del pico San Miguel o Moncayo (2.316 m.) me encontré con “mi” mar de flores de hielo: era alucinante y daba no sé qué pisarlo; sentir y oír los crampones deshaciendo las flores. La cruz, el pilar y el vértice geodésico estaban completamente cubiertos de hielo y el viento les daba una apariencia fantasmagórica. Unos momentos en la cumbre, algunas fotos, un poco de agua y unos frutos secos y rápidamente en marcha de nuevo por la redondeada planicie que forma el cordal de la sierra, por el mar de hielo. El intenso frío y el viento no dejaban la opción de pararse a admirar el paisaje que estaba a nuestros pies: el valle del Ebro y los bosques que cubren las laderas de la montaña; aunque la luz entre azulada, ocre y sobre todo rosa que nos da el cielo y la tierra del valle hubiera debido merecer una mayor atención por nuestra parte.

  Foto:  Daniel
 
Horizonte de hielo

Andando por el hielo se llega al Morca (2.283 m.), que desde la cresta no es más que una pequeña elevación y, posteriormente y desde el collado que une el Morca con el Lobera, a Peña Negra, que no deja de ser una cota muy secundaria. Por una suave y corta pendiente accedemos a la plataforma donde se encuentra la cima del Lobera (2.226 m.); en esta cima nos encontramos con otro vértice geodésico completamente cubierto de hielo. El tiempo empieza a empeorar y vemos como las nubes entran desde el pico San Miguel, hace mucho frío y el viento es cada vez más fuerte. Nos da tiempo para un par de fotos y rápidamente iniciamos el camino de regreso.

Tomamos hacía el este, en dirección al collado Bellido. Las vistas son fabulosas, la cara oculta del Moncayo: Peñas de Herrera, el Morrón, Muela de Beratón... Seguimos “navegando” en un mar de hielo, topándonos con pinos completamente recubiertos de hielo que me recuerdan los seracs alpinos. Hemos dejado el viento atrás y el día, aunque oscuro, deja ver y admirar el paisaje por donde caminamos. Desde hace un rato pisamos nieve virgen y nos hundimos hasta las rodillas, estamos atravesando un bosque de pequeños pinos bajando por las laderas hacía el ya visible collado Bellido, ¡una gozada!

Ya en el collado debemos girar a la derecha y bajar al circo glaciar del Morca. Debido a la nieve es imposible distinguir la senda; nos perdemos y no sabemos si estamos a mayor o menor altura del sendero. Andamos en zig-zag por entre la nieve, que nos sigue cubriendo las rodillas, mirando de atisbar algún trazo de camino. Después de un buen rato y agotados por lo penoso que se hace caminar hundiéndote en la nieve virgen, atisbamos lo que parece ser la senda que buscamos. Llegamos al circo de Morca y entramos en un pinar que rodea un espolón, gira hacía el Noroeste y, manteniendo la cota, nos deja en menos de una hora en el principio del camino de subida que parte del Santuario.

Han sido seis horas y pico de caminata por un lugar mágico y cambiante como es la sierra del Moncayo. ¡Una muy recomendable salida invernal!


Texto: Daniel Cama




Más fotos de la ruta (en preparación) en este enlace

NOTAS

Accesos: Nada como 'autoservirse' y buscarla en Guía Campsa o Vía Michelin.

Mapas
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Material: Para el tiempo descrito, crampones, piolet, guantes y... sentido común (el menos común de los sentidos, dicen los malpensantes). Hay que taparse bien las orejicas y dedicos, que luego los sabañones no resultan ser un recuerdo típico de Sabiñánigo, sino algo que pica mucho. ;-)
 
 
 
 
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