MONTAÑEROS.POP
 
 
UN "OCHO" EN GUADARRAMA
 

16 de agosto de 2007. Miércoles. Un día festivo descollando en medio de la semana. Una nueva oportunidad de ir a la montaña (¿hacen falta excusas?) Esta vez no podríamos ir muy lejos, por razones obvias de tiempo. Objeción salvada. Cerca tenemos la espléndida Sierra de Guadarrama, siempre dispuesta a ser visitada; lugar que nunca se termina de conocer y recorrer.

A diferencia de otras rutas que no han podido pasar a la posteridad, esta vez nos acordamos de llevar la cámara de fotos. Pero ese montañero inquieto de nombre Murphy, que nunca está tranquilo con sus leyes, obtuvo compensación a cambio: el Suunto, reloj/altímetro/brújula/bandurria/merendero, que llevaba... se quedó sin batería. Por suerte Miguel llevaba el suyo en perfecto orden de revista.

Tras los madrugones de rigor y otros apaños, nos presentamos en el aparcamiento casi vacío del Puerto de Cotos (1.830 m.), donde nos terminamos de aviar (sin gripe) y emprendimos la marcha. Sin prisas, pero sin (casi) pausas. Eran las 8:25 de una mañana clara que prometía sol.

  Foto: Javier Rubio
  L'immensité

Encaramos el camino de subida hacia el albergue del Club Alpino Español. Una vez rebasado, tomamos el sendero que se abre a la izquierda, cruzando la valla de madera, por medio del bosque de pino albar. Nos dirigimos al collado (2.150 m. aprox.) entre Peña Citores y Dos Hermanas (las famosas Pili y Mili; las estaban peinando). Desde este punto, nos lanzamos casi en línea recta hacia la cumbre del Peñalara. Íbamos sin mucha prisa, disfrutando del entorno, de la amplitud del horizonte y parando a placer. Alcanzamos el vértice geodésico del Peñalara (2.430 m.) a las 10:00, hora peninsular (minutos arriba, minutos abajo y me llevo uno). Al Sur se mostraba ante nuestros ojos el extremo opuesto de la cuenca, las Cabezas de Hierro; próximo objetivo por alcanzar.

Continuamos ruta por la cuerda cimera, hacia la pequeña cresta de Claveles, que cruzamos encantados. Es la única parte del recorrido previsto que necesita de un poco de técnica. De vez en cuando se agradecen unos pasos de baile sobre piedra. ;-)

Tras la sesión de bailongo salsero, descendiendo por la hitada senda, atravesamos las terrazas de las diferentes lagunas (Pájaros, Claveles...); ecosistema en constante peligro, frágil equilibrio, cercado por las agresiones humanas.
Llegamos sin dificultad hasta la muy transitada pista que conduce de Cotos a la Laguna Grande. Pero desistimos de acercarnos a ella. Topamos con tanta aglomeración de excursionistas que... por un momento nos hizo dudar acerca de si estábamos en zona de montaña o en medio de un Centro Comercial palomitero. Sí, es verdad: todo el mundo tiene derecho de ir a la montaña. No es exclusiva de nadie. Pero a veces... es que...
En fin.

Foto: Javier Rubio  
Engarzadas en la perfección  
Proseguimos por la ancha pista. Tras una breve parada en la penúltima fuente, llegamos de nuevo al Puerto de Cotos. Habíamos completado un bucle del "ocho". Pero había que completarlo. Continuamos, subiendo ahora por la carretera a Valdesquí. A eso de medio kilómetro, dejamos el asfalto; se abre a la izquierda la pista de la pradera del Pingarrón, la entrada al antiguo campamento, ya desaparecido. La tomamos y, sin llegar al refugio, bajamos por la primera vertiente hacia el arroyo de las Guarramillas. Localizamos el camino y lo seguimos (en el fondo somos buenos chicos). Cruzamos el arroyo (cota 1.650 m.) y reemprendemos la subida por en medio de los pinares, hasta alcanzar la vertiente del arroyo de las Cercadillas, que seguimos en su curso ascendente.

Este es uno de los tramos más cansadetes del recorrido. Inicialmente, por camino marcado con hitos a la vera del arroyo. Luego, ya sin cobertura forestal, ascendiendo por canchales y prados inclinados, haciendo más o menos zetas borracheras, a gusto del consumidor, entre los diferentes hitos. Así accedimos finalmente a la cumbre de la Cabeza de Hierro Mayor (2.381 m.), finamente decorada con su vértice geodésico color gris agromán (lo que se lleva). Eran las tres menos cuarto de la tarde (14:45 h.) Bajamos unos metros buscando un lugar resguardado del viento y paramos por espacio de una media hora, a despachar los bocatas, despotricar de los no presentes y descansar. No había prisa.
Desde allí veíamos con claridad el siguiente objetivo, Bola/Guarramillas, coronado por el repetidor atletista (rojiblanco). Una estampa que... no sé bien por qué, pero me recuerda a alguna escena de Star Wars. ;-)

Tras la parada recomponedora de sustancias nutritivas, continuamos por el claro camino "subeybaja", señalado por hitos y marcas de GR (también atletistas); un tramo de la Cuerda Larga. Pasamos por cumbre de la Cabeza de Hierro Menor (2.374 m.) y, tras superar el cerro de Valdemartín (2.279 m.), finalmente tocamos las vallas del recinto de Retevisión en el Alto de las Guarramillas (2.257 m.). Nos tomamos un par de minutos para atalajarnos y disfrutar de las vistas, inmensas; salieron a la palestra un par de chistes malos y seguimos camino, ahora ya en constante bajada por la Loma del Noruego.

  Foto: Javier Rubio
  Tiempo para mirar

Eran cerca de las seis de la tarde (18:00 h. para los puristas) cuando llegamos finalmente al Puerto de Cotos. Se cerró el "ocho". El sol hacía un buen rato que había empezado a hacer mutis por el foro tras las nubes, desde Guarramillas; lo que se agradecía. Teníamos los brazos rojos de sol, los semblantes esculpidos de viento y las miradas felizmente anegadas de tierra y cielo; cielo y tierra. ¿Hacíamos otro "ocho"? ¡Nah! Para otro día.

Unos parajes estos tan cercanos, tantas veces recorridos; sendas de vida por años surcadas, al ritmo del momento... Sin embargo, nunca se estima pisar dos veces en el mismo suelo; nunca las mismas nubes, ni el mismo cielo. ¿Cómo no regresar? Eterno maridaje siempre cambiante, siempre nuevo y seductor.

Como conclusión, recogimos nuestros bailados esqueletos, dimos un rápido descanso a espaldas y pies y retornamos a casa.
O... ¿era nuestra casa aquello que dejábamos?

Texto: Javiere


"Il vaut mieux
Une petite fleur des champs
Plus que la rose du poète
Quand il pleut
L’herbe lui sert de paravent
Pour qu’elle ne baisse pas la tête
Et s’offre aux autres
Dans toute sa grâce
Au garçon qui passe
Pour le rendre heureux
Tiens, l’oiseau sur la branche
Vient de s’envoler
"



Más fotos de la ruta en este enlace

Y el mapa de la ruta aquí


NOTAS

Accesos: Llegar al Puerto de Cotos es fácil: por carretera. ¿Cómo? Vaaaaale. Se puede consultar en Guía Campsa o Vía Michelin.
Desde el aparcamiento conviene echar un detenido vistazo a las laderas del macizo de Peñalara. Pensar que no hace mucho estaban surcadas por los feos remontes de una estación de esquí (aún quedan cicatrices) y ver la recuperación que se ha realizado en estos últimos años, es un canto a la esperanza. Pena que el ejemplo apenas cunda.

Mapas: De Editorial Alpina, los mapas Guadarrama, Navacerrada, Peñalara y La Pedriza (ambos a escala 1:25.000).

Material: No es ruta que precise de material especial. Buenas botas por los canchales que se atraviesan; quizá unos bastones puedan ser útiles. Cobertura para el sol. Pero, atención: en invierno la situación cambia radicalmente. Imprescindibles crampons, piolet y casi toda la parafernalia. En especial la zona del Peñalara y Claveles tiene bastante historial funesto en accidentes por haberse subestimado su dificultad.

 
 
 
 
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