MONTAÑEROS.POP
 
 
ROCA, NIEVE, HIELO Y... EL ALMANZOR
 

24 de marzo de 2007. Para Daniel, hacer cumbre en el pico Almanzor (2.592 m) se había convertido en un reto insoslayable. Tras varios intentos fallidos en inviernos previos (tenía que ser ascensión blanca), se fijó de nuevo fecha para intentar la cumbre. Solo podríamos acudir dos a la cita; pero el maño no podía esperar más. Almanzor, nombre de varón para una montaña femenina, esquiva y altanera. ¿Sería esta la ocasión propicia? La luna creciente no soltaba prenda. Fuimos a su vera.

Llegamos a La Plataforma (1.770 m) el viernes a última hora de la tarde. Pocos vehículos se veían en el aparcamiento: Tras encontrar un sitio adecuado, nos dispusimos a pasar la noche dentro del coche de Daniel, un turismo familiar, pertrechados en los respectivos sacos. El amplio ventanal del techo ofrecía un estrellado firmamento; surcándolo, una aún tímida luna. De marco, la paz infinita.

Despertó el sábado 24. Madrugamos, aunque no en demasía. ¿Las siete? Daniel quiere completar la ruta y que aún le quede tiempo para regresar holgadamente a Zaragoza. Esa celeridad montañera no es habitual en él. Se le debe de estar pegando de otros miembros de la cuadrilla, "los guindilleros", que no saben ir a la montaña si no es "escopetaos". :-)

  Foto: Daniel Cama
  Mar de hierba con estelas

Iniciamos la subida por la calzada empedrada, esquivando las numerosas placas de hielo que extienden su manto sobre ella. Al final nos hemos demorado en el avío, y ya hay otros grupos camino de la Laguna Grande. Son pocos. Pese a las previsiones de tiempo inestable (que habrá dejado en casa a más de uno), parece que finalmente nos espera un día soleado.

El camino es bien conocido de ocasiones anteriores, pero no por ello deja de ser nuevo cada vez; admirable, apreciado. Lo vamos recorriendo a la par que el sol amplía su dominio sobre las húmedas lomas herbosas. Cruzamos el río Pozas sobre el puente de cemento y paramos a desayunar allí, por unos quince minutos. Daniel apenas ha llevado comida en su escuetísima mochila. Y nada de agua. Mmmmm... No sé... quizá debió pensar que salía de compras al Carrefour. Pero esto es la Sierra de Gredos, maño. ¡Ridiela!
En la siguiente fuente paramos para que haga acopio de agua. El sol va a hacerse notar.

En un par de horas (en total), tras superar Los Barrerones, nos hemos puesto en la Laguna Grande de Gredos (2.000 m). La superficie está helada de manera desigual. Zonas con una gruesa (relativamente) capa de nieve y hielo, aunque nada confiable para andar sobre ella. Y otras, con una fina lámina helada, trazando rectilíneos dibujos en la superficie.

Continuamos hacia el refugio Elola, que dejamos a un lado, sin pararnos en él. Algunos grupos empìezan a asomarse a la puerta. Tomamos una de las rutas de cumbre, dirección Sur-Oeste, y comenzamos la subida al pico.

Daniel no conoce el camino. Ha estado en otras ocasiones, pero siempre guiado. Se le ve más perdido que un chino mandarín en el Metro de Manhattan en día de apagón. Aun así, aprovechando que su compañero de ruta va mucho más cargado (mochila con cuerda, mosquetones y otra quincalla frente a la suya con tan solo un polar, un camel-bak y un sonajero), se pone en cabeza y sigue al azar alguna de las huellas marcadas en la nieve.

De momento no hay problema. La vertiente de subida es una y no hay pérdida posible. Pero pasan los minutos y su compañero de andadas (el sufriente redactor de estas líneas), en un alarde de inconsciente confianza y ensimismamiento, se fía de su huella, le deja andar y... cuando se quiere dar cuenta, están encaminados hacia la Portilla Bermeja, habiendo dejado atrás el desvío a la Portilla del Crampón, por donde querían inicialmente acceder a cumbre.

Foto: Daniel Cama  
Penacho  

¿Qué hacer? ¿Retroceder perdiendo altura y recuperar la senda inicial? ¡Naranjas de la China! Da mucha pereza desandar lo andado. Decidimos cambiar los planes sobre la marcha.

También se puede acceder bien al pico Almanzor desde la Portilla Bermeja. Y además, nos sirve de ruta diferente a la tradicional, con la ventaja de ser menos concurrida. Queda el asunto... ¿solucionado? Veremos. Llegamos a la Portilla Bermeja (2.405 m) y, siguiendo uno de los dos caminos de hitos, variamos el rumbo, avanzando en dirección al Almanzor. Hasta que topamos con nuevos problemas.

El terreno con el que nos encontramos es mixto, de roca, nieve poco compacta y hielo. Nada confiable para ir a bota limpia, fastidioso para calzarse crampones. Se le suma una fuerte pendiente, que nos hace más difícil el avance. Terreno que en estío no reviste dificultad alguna, pero que ahora se nos hace algo más arduo de atravesar. Avanzamos tanteando diferentes trazas.
Finalmente llegamos a un punto donde Daniel ha perdido la poca seguridad que le quedaba. La Portilla del Crampón está casi a la vista, tras el recodo. Pero la sensatez (¡Oh! ¿quién ha dicho que aquí hubiera alguien sensato?) nos aconseja retroceder.

Antes de rendirnos tanteamos el otro camino marcado con hitos, que surca la parte superior, cresteando. Nada que hacer. Encontramos pasos de escalada, no muy complicados, pero para los que no llevamos el material necesario. El retroceso va a ser mayor del esperado.

Volvemos a la Portilla Bermeja, bajamos por nuestras mismas huellas, y llegamos a la altura del desvío que debimos haber tomado antes, hacia la ruta oficial y homologada para montañeros que no se quieren complicar la vida. Parece que por fin se le va viendo color a la cosa. A la cara de Daniel, no tanto; se le puso blanca mucho antes y así sigue. ¿Por el temor pasado o por la crema solar que se untó a paletadas? Dejaremos que la perspicacia del lector supla las lagunas descriptivas. ;-)

Tras un fuerte desnivel, alcanzamos el collado deseado. Una vez allí, la ruta es fácil de seguir, marcada con hitos (si no nos liamos con la que sigue rodeando por detrás, manteniendo altura, hacia la Portilla del Venteadero y La Galana). Tropezamos con alguna dificultad más: de nuevo, terreno mixto con placas de hielo, visibles y ocultas, que hacen aconsejable, quizá, el uso de crampones. Superado este paso, y el escalón final, conseguimos hacer cumbre en la cúspide del Almanzor (2.592 m). ¡Daniel ya es un hombre! Por fin cumple su primer ascenso al techo de Gredos y lo celebramos (evitamos el confetti y las serpentinas por nuestro sincero respeto a la montaña y la preservación del medio ambiente).

  Foto: Daniel Cama
  El Hombre Blanco de Colón

Sí, bien lo sé. Hemos subido cumbres más altas, con mayores dificultades de acceso, con tramos más apurados (¡Eh! No mucho más, que somos 'pop'). Pero esta tiene un... algo que la presenta especialmente atractiva. ¿Será eso que llaman amor? ;-)

Tras parar a comer unos instantes, iniciamos el descenso. El cansancio se hace notar, al haber añadido la distancia extra de la primera ruta fallida. Bajar la empinada pala de nieve con la pesada mochila a cuestas se hace algo más costoso que en ocasiones pasadas. Nos cruzamos con grupos que aún a esas horas de la tarde se dirigen a cumbre. Para nosotros, por esta vez, la ruta está finiquitada.

Sin más complicaciones llegamos de nuevo junto al refugio y la Laguna Grande. Ahora no hay despiste posible. Vamos tranquilamente, sin muchas prisas. A Daniel le cuadra la hora con su programa de regreso a casa. Ascendemos de nuevo la loma de Los Barrerones, atravesamos las praderas hacia La Plataforma y llegamos al coche que aún nos espera paciente, en medio de un aparcamiento ahora saturado de 'vinículos', 'fragonetas' y 'otobuses'.

Satisfechos. Hemos disfrutado de un día más, una nueva ocasión para entrar en contacto con la naturaleza en su parte agreste, enhiesta, rasgadora de cielos, arrulladora de ríos. No hay montañas modestas; todas son bellas, irrepetibles. Todas señalan al cielo, a la pureza; al lugar donde los sueños viajan y regresan. No hay montañas grandes y pequeñas; hay montañas.

Dicen que algunos sueños, cuando escapan hacia el infinito cielo, se quedan enredados en ellas, esperando que una cálida mano los recoja e insufle nuevo aliento; nuevas esperanzas. Para los que vivimos de sueños, tal vez esa sea otra excusa al subir.
Porque los sueños nunca mueren. Nunca.

Texto: Javiere

"Je ne sais pas qui tu peux être
Je ne sais pas qui tu espères
Je cherche toujours à te connaître
Et ton silence trouble mon silence
"



Más fotos de la ruta en este enlace

Ruta sobre el mapa

NOTAS
 

Accesos: Puedes consultar en Vía Michelin el trayecto que más se acomode a tus circunstancias, desde tu lugar de origen hasta Hoyos del Espino, última población para acceder al circo de Gredos por la vertiente Norte. A las afueras del pueblo (Este), bien señalizado en la carretera, está el desvío por carretera hacia el aparcamiento de La Plataforma (a unos 8 kms).

Mapas: De Editoral Alpina, Sierra de Gredos, Almanzor..., (a escala 1:40.000)

Material: Depende. ¿De qué depende? De según cómo se mire... Bueno, ¡ejem!, aclaremos. Si es invierno, crampones, piolet, ropa interior de felpa, guantes y toda esa parafernalia que siempre viene muy bien echar en el hato. Si es verano, pues más ligeros de ropa; pero sin confiarnos demasiado.
Dependiendo del estado de la roca, puede ser interesante llevar una cuerda para dar confianza en los pasos previos a cumbre (hay chapas).

 

 

 
 
 
 
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