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PEÑA OTURIA (PATRIA QUERIDA)
 

17 de marzo de 2007. Sabiñanigo (Huesca), 7 de la mañana. Acabo de llegar desde Zaragoza para recoger a Felipe y a Justo, que han pasado la noche aquí. Me he levantado a las 5 de la mañana y he disfrutado de un magnífico amanecer subiendo con el coche el puerto de Monrepós.

Nuestra idea es ascender a Peña Oturia por el itinerario más habitual, por Yebra de Basa (880 m), y bajar por el camino que lleva a Satué; hacen falta, por lo tanto, dos vehículos. Nos cuesta un poco encontrar la carretera correcta hasta Satué y damos un pequeño paseo matinal por Sardas e Isún; media hora 'perdida'; nada grave.

Sobre las 8:30 aparcamos en la primera ermita –Ermita del Augusto- del camino que lleva al Santuario de Santa Orosia y desde allí a la cima de Peña Oturia. Hemos tenido suerte: se presenta un día claro, soleado y con un leve viento, perfecto para caminar unas horas. Cruzamos el río y abandonamos la pista para coger el tradicional sendero por donde, cada 25 de junio, se celebra la romería de Santa Orosia. Está peregrinación pasa por las numerosas ermitas (ocho) situadas en el camino que nos disponemos a emprender.

  Foto: Daniel Cama
  Batman bajo la lluvia, ¡Oh, yeah!

Rápidamente vamos tomando altura, rodeados de una rica vegetación, sauces y bojes, a los que se van añadiendo numerosos abedules y robles a medida que vamos tomando altura. Las vistas sobre los desconocidos y despoblados valles y sierras del pre-Pirineo son magníficas. Destacan el Tozal de Guara y la curiosa silueta, colgada en el vacío, de la Peña Cancias. La sensación que da el paisaje es de armonía y placidez; de cuando en cuando, algún buitre leonado planea sobre nuestras cabezas buscando la térmica que le haga ascender; el lugar está repleto de aves rapaces y no es extraño ver buitres, águilas y quebrantahuesos. Tras una hora de camino, y después de haber pasado por encima de un riachuelo, en una revuelta del camino se divisa una cascada que cae al vacío partiendo desde lo alto de un conglomerado, donde vemos como incrustadas en la roca varias ermitas de considerable tamaño: son la ermita de San Cornelio, situada a 1.270 m de altitud y La Cueva Mayor, donde se encontraron los restos de Santa Orosia.

En el año 870, la joven princesa Orosia, que venía a casarse con el rey aragonés Fortún Garcés desde la lejana bohemia, fue asaltada por las tropas sarracenas en estos parajes y salvajemente mutilada y decapitada. Esta es la historia que nos recuerdan las ocho ermitas, cuatro de ellas incrustadas en la roca, que jalonan esta ruta.
Pasamos por debajo de la bella cascada a través de un aéreo sendero esculpido en la roca; las vistas son espectaculares.

Foto: Daniel Cama  
Oremos, hermanos  

Al cabo de hora y media de camino desde nuestra salida, el sendero nos deja en un amplio llano al lado del Templo del Zoque. Podemos ahora divisar en toda su plenitud las nevadas cumbres del Pirineo y enfrente vemos, por primera vez en todo el camino, la cumbre de Peña Oturia. Atravesamos el llano en dirección hacía el Santuario de Santa Orosia (1.560 m), que data del siglo XVII. En una fuente cercana dice la tradición fue martirizada Orosia.

Seguimos caminando por la pista que nos lleva hacía el Norte, luego hacía el Este; vamos buscando pequeños atajos para evitar las revueltas del camino, hasta que decidimos ascender por entre matorrales y pastizal hasta el lomo de la montaña.

En pocos minutos nos encontramos en el vértice geodésico que señala la cumbre de Peña Oturia (1.920 m). Es un excelente mirador, uno de los mejores, sobre las cumbres del Pirineo. Se divisan con nitidez desde el Cotiella hasta el Bisaurín; además de poder contemplarse las cimas del Sobrepuerto, la sierra de la Partacúa con su cima más elevada, Peña Telera; la Peña Oroel, Cancías; en el horizonte, Guara, Sabiñánigo y toda la Canal de Verdún; el siempre majestuoso Midi d’Ossau, la Brecha de Roland, etc.

Después de un buen rato comentando sobre los cercanos y lejanos picos, de unos bocatas y frutos secos, decidimos acortar el camino de bajada hasta la explanada del Santuario. Para ello tomamos directamente pendiente abajo por praderías, piedras y arbustos, en muy poco tiempo nos encontramos en la falda de Peña Oturia. Ahora se trata de encontrar el camino que nos lleve hasta la población de Satué; con buen criterio Felipe decide cruzar en perpendicular la pradera para tropezarnos con un cartel que nos señale nuestro camino, puesto que al subir hemos visto que todos los caminos estaban bien señalizados. En un momento de duda, seguramente dominado por el lado femenino que todo hombre lleva dentro, decide preguntar a un pastor que anda cuidando al ganado (hay numerosos caballos) la dirección hacía Satué. El hombre, expresándose sin duda alguna en un perfecto castellano, le indica que “toopallá, al láo de las estacáas”, y “toopallá” que nos fuimos todos.

  Foto: Daniel Cama
  El autor de esta crónica, con cara de susto

Tan “pallá” nos fuimos que, si nos descuidamos, nos encontramos en Biescas. Es curioso ver lo lejos que se puede llegar cuando ya es evidente, y desde hace un largo rato, que te has extraviado; debe ser “el lado masculino” que nos impide reconocer nuestro error.

Al final la cordura se impone y desandamos lo andado, siguiendo las estacas, pero al revés. Llegamos de nuevo a la pradera con ganas de conversar con el pastor; pero éste y sus caballos han desaparecido muy oportunamente. A cambio, distinguimos a lo lejos un numeroso grupo de excursionistas y allá que se va Felipe, ¡a preguntar!

Efectivamente, cruzando el llano perpendicularmente, y como no podía ser de otra manera, nos topamos con un nutrido grupo de carteles que, amablemente, indican al excursionista qué camino tomar; algo así como los carteles de la M-50 o M-40 madrileñas. Con hora y media de retraso, descendemos acompañados por un riachuelo por un precioso sendero que pasa por un compacto y variado bosque, intercambiando opiniones sobre los “divino y lo humano”: desde el pastor al Presidente del Gobierno, y varios equipos de fútbol: uno, bueno, pues todo lo gana últimamente; otro, “bueno”, pero “con mala suerte”; y otro pésimo, aunque vista de inmaculado blanco.

Terminamos la excursión, como estaba previsto, en Satué, y nos dirigimos a Yebra de Basa a recoger mi coche, donde aprovecharemos para comer y reponer fuerzas. A Felipe y Justo les espera una dura “tarde de trabajo” sobre organización de carreras por montaña. Al día siguiente ascenderán el Tozal de Guara y a mí, además del retorno a Zaragoza y de la cena que mi mujer tiene prevista con unos amigos, me espera, mañana a primera hora, una dura competición atlética: la II Carrera del Ebro.

 

Texto: Daniel Cama

 

Más fotos de la ruta en este enlace

(En preparación) Ruta sobre el mapa

NOTAS
 
Accesos: (En breve)
 
Mapas: (Los venden en las tiendas)

Material: (Recauchutado también vale)

 

 
 
 
 
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