MONTAÑEROS.POP
 
 
TRAMO DE GR-11 PASADO POR AGUA
 

Septiembre de 2006. Habíamos apartado unos días para recorrer parte de la GR-11, la travesía que recorre Pirineos de un extremo a otro (de cabo a rabo; del sombrero a las suelas). En principio estaríamos por ocho días, iniciando en Hospital de Viella y recorriendo la parte aragonesa. Llevábamos meses de preparativos, pero resultó que el clima tenía otra idea y nos lo hizo saber; con alegre lluvia mojada. En fin, como si de una condena se tratara, nos lo redujo a la mitad o menos.

En esta ocasión nos juntábamos cuatro elementos: Kako vendría, como siempre, desde la pulcra Barcelona. Raúl, desde la histórica Tarrasa. Y la Rana Vinagre y el que suscribe, desde Complutum. Vinagre es expósita y la he tomado a mi cargo. Para culturizarla y que vea mundo.

Establecimos el punto de encuentro y partida en el refugio de Hospital de Viella, sito junto a la boca sur del túnel de Viella y último punto de referencia antes de entrar en tierras aragonesas. En principio queríamos, si acaso era posible, atravesar todo Aragón (Viggo Mortensen en la vida real), terminando con la última etapa en Zuriza, junto a Navarra. No fue posible. La vendimia es asín. Relatemos.

De Hospital de Viella a Plan de Senarta. Día 9. Unos minutos antes de las 7:30 salíamos del refugio, bajo la inmensa luna llena dominando un claro cielo. Tomamos la carretera en dirección sur, llaneando y en bajada por unos 4 kms. En la cuneta nos encontramos con una matrícula de coche, tirada. La recogimos y nos acompañó por el resto de la ruta. Ya estábamos "matrículados" para la GR-11. Así continuamos hasta llegar a la entrada del barranco de Salenques, donde dejamos la carretera y tomamos la senda. Anduvimos bajo un acogedor bosque, lo que hizo más llevaderos los primeros kms de subida. Porque desde aquí casi todo sería subida hasta el collado.

  Foto: Kako
  Junto a Hospital de Viella. J., Raúl y Kako

Pasamos junto al abierto refugio de Angliós y, a través del Collado de los Ibones, nos dirigimos hacia el Collado de Vallibierna, que daba paso al valle del mismo nombre. Desde aquí, todo sería bajada hasta el final de esta etapa. Primero, por sendas marcadas por hitos, entre caos de rocas, pedreras, ibones y praderas. Luego, poco antes de llegar a la cabaña de Coronas, por pista de tierra. Una buena etapa para un primer día.

A las 17:15 llegamos al Plan de Senarta. Nos dirigimos hacia la entrada de la zona de acampada, donde, bajo el porche de un edificio nunca terminado, pasaríamos la noche dentro de sacos y fundas de vivac.
Aprovechamos la cercanía de los servicios de la zona de cámping para asearnos, rellenar de agua los depósitos y lavar algo de ropa. Durante la noche lamentamos no haber elegido el porche trasero para dormir. Por delante no dejaron de pasar coches durante buena parte de la noche. Asemejose a un desfile de majorettes, pero sin fanfarria ni minifaldas.

Del Plan de Senarta a Biadós. Día 10. Las 7:45. Desde la zona de vivac, retrocedimos unos metros en el camino. Queríamos seguir por la pista de tierra en vez de hacer este inicio por asfalto, hasta el puente de San Jaime. Lo agradecimos, pues pudimos disfrutar del bosque en sus primeras horas de la mañana en lugar del tránsito rodado. Y de los pajaritos, ardillitas, elefantes... ¡Ah! Pues va a ser que no. En esa parte no hay elefantes. Vale, pues seguimos. Una vez llegados al puente, viramos para encarar la entrada en subida al valle de Estós.

Ascendimos por la bien conocida pista, junto al embalse y el refugio/ermita de Santa Ana. Llegamos a la fuente de madera tallada (sol y luna) y paramos, aprovechando el instante Nescafé para desayunar ("quelqu'un m'a dit que tu m'aimais encore"). El día estaba despejado, cálido. Apenas nos cruzamos con tres o cuatro seres humanos en todo el trayecto; inhumanos, alguno más. Llegamos al refugio de Estós, donde paramos unos minutos. Nos resultó algo inusual verlo vacío, sin bullicio de montañeros. Y seguimos by the long and winding road.

Sin dejar de ganar altura, nos fuimos acercando al collado de Chistau. Atravesamos un gigantesco rebaño de vacas (había más de diez). Subimos un "falso collado", de acceso duro, para encontrarnos detrás con el verdadero collado, engarzado con pedreras, el que daría paso al valle de Añes Cruzes. Un camino que parecía que no iba a acabar nunca.

Foto: Kako  
Ibón alto de Vallibierna  

En lo alto del collado paramos una vez más. En esta ocasión, y a la vista de la hora que era (las dos de la tarde), aprovechamos para comer. Cuando recogíamos los trastos y nos aviábamos para seguir ruta, empezó a lloviznar para abajo. Por el resto del camino hasta el fondo del valle, la llovizna nos acompañó, intermitente, arreciando por momentos. Dos o tres kms antes de llegar al refugio de Biadós, la lluvia se transformó en tormenta, que alcanzó su clímax justo antes de que pudiéramos entrar bajo techo. (Vengativa la señora tormenta, leches.)

Habíamos tenido dudas en cuanto a dónde terminar esta etapa: si prolongarla más en la distancia, hacia Ordizeto, o concluirla en Biadós. Podemos decir que el agua nos dio un "empujoncito" y optamos por cenar y hacer noche en el acogedor refugio. Estaba concurrido el sitio. El plato del día: montañero calado.

Del refugio de Biadós a la Borda de Brunet. Día 11. Tras el turbio asunto de la toalla perdida de Kako (algún día lo contaremos, para escarmiento de malsines), salimos del refugio a la chita callando. Las 6:30 de la mañana, con luz de frontales y una luna que va perdiendo su plenitud femenina. No vemos nubes que turben la bóveda celeste; la calma domina y la temperatura es fresca, pero agradable. No hay movimiento en parte alguna del refugio, ni en la senda que comenzamos a recorrer. Ni un alma. Ni dos. Aparte de nosotros, claro.

Tras bajar por camino y pista hacia las zonas de acampada del llano, giramos a la derecha a la pista que, en ascenso, nos conducirá a la vertiente de Ordizeto. La traza de la GR se une y separa por momentos con la pista de tierra, recortando sus trazos. Al final, junto a una pequeña cabaña de pastores (por los metros cuadrados debía de ser de protección oficial), la pista se termina y tan solo nos queda el sendero. Paramos a desayunar y continuamos ascendiendo, entre manchas de granizo congelado del día anterior, hasta que finalmente superamos el collado de Ordizeto.

Una vez en el collado sabemos que tenemos otra larga pista de bajada, hasta la carretera de Francia. Así compensamos la previa subida en esta ruta de constantes toboganes. Por el camino (¡pardiez!) encontramos zarzas cuajadas de moras. Hay que hacer un "reajuste gastronómico" y el camino se enlentece mientras aumenta nuestra destreza recolectora. Finalmente llegamos a la carretera, avanzamos hacia Parzán, y paramos junto al río, entre enormes cantos rodados, a comer y disfrutar de los momentos de sol. Nuestra Vinagre aprovechó a pegarse unos chapuzones. Kako, solo de boquilla. ;-)

  Foto: Kako
  En Biadós. "¡Gañáaaaaaaan!"

Seguimos con un país en la mochila (por lo que pesaba). Ahora por asfalto, llegamos al pueblo de Chisagüés. De ahí en adelante la carretera se troca en pista de tierra. Constante subida bajo el sol, ganando metros al altímetro.

Finalmente decidimos parar, a eso de las cuatro y media de la tarde, en una vieja borda junto a la pista. El mapa le llama Borda de Brunet. Examinamos el interior y lo consideramos apto para pernoctar, sobre tablas desajustadas y junto a pacas de lana. ¡Qué bonito es tener un hogar con ambiente gañán! Aprovechamos el resto de la tarde en asearnos en un regato cercano, lavar algo de ropa y refrescarnos. Justo cuando estamos terminando con estas nobles tareas, el cielo se abre y empieza a llover. Tenemos apenas el tiempo necesario para llegar corriendo a la borda y cobijarnos dentro della. Pese a los numerosos agujeros de la techumbre, las goteras son escasas y salvables. Buena hechura tuvo el artista.

Con eso ya hemos hecho todo el día. Dentro, matamos el tiempo con chistes malos, de gañanes y gambiteros ("con esto no te digo nada y te lo digo todo") y con cantos de aires populares ("Fui a la mar a por naranjas, cosa que en la mar no había...") Cenar y... al sobre, que a la mañana siguiente habría que madrugar (se le supone).

De la Borda de Brunet al Refugio de Pineta. Día 12. El asunto no pintaba bien (ni en bastos). Había estado lloviendo (y tronando) por buena parte de la noche. Amaneció nublado; no se vislumbraban las alturas. Decidimos retrasar la hora de salida. Hasta las 9 menos cuarto no nos pusimos en marcha. Instantes antes había llegado un grupo de montañeros galos (o séase, franceses, como Astérix) entrados en años, que habían comenzado a subir la pista. Les adelantamos. Ellos luego se desviarían para La Munia; nosotros cruzamos el río por Pietramula y empezamos a subir hacia la Plana Fonda. Una subida corta pero intensa.

Nos vuelve a lloviznar con una cierta persistencia. Mientras atravesamos las praderas y nos encaminamos hacia los llanos de Lalarri, la lluvia no deja de hacer acto de presencia. Primeramente, con timidez. Al final, cobrando algo más de intensidad, con la neblina de compaña. Con esta mixtura, atravesamos un frondoso hayedo que nos depositará junto a la ermita de Pineta. Bajo esos árboles brumosos, tapizados de verdor, parécenos atravesar la misteriosa Tierra Media. Incluso oímos la voz de un elfo prevenirnos: "¡no me piséis el bancal, pataliebres!"

Por el camino que discurre a la derecha del río, sotobosque, llegamos al refugio de Pineta. A pesar de la lluvia, en esta época y ese tramo, el río discurre oculto bajo las piedras. Esta vez nos ahorramos descalzarnos. Atravesamos un cauce vacío. Junto al refugio nos atalajamos, comemos algunas viandas y buscamos acomodo en su interior. No habrá problema. Está completamente vacío. En esa tarde llegarán cuatro montañeros más y con eso completamos el cupo del día. Trabamos conversación con Ralf, un teutón que también se ha visto frenado por el mal tiempo.

Foto: Kako  
En Pineta, de romería húmeda  

Nuestros planes se han trastocado. No para de llover, aunque de manera intermitente. La niebla se ha encariñado con las montañas y no las suelta. La idea inicial de llegar a Bujaruelo, se ha quedado en tan solo eso: una idea. Vana. No podemos hacer otra cosa. Si subimos al collado de Añisclo podemos meternos en una situación sin retroceso. Los montañeros conquenses nos advirtieron de que, por el Balcón de Pineta, les había nevado. Cenar, preparar la impedimenta, intentar secar ropa y... a la cama.

De Pineta a... Aínsa. Día 13. Esta no era nuestra etapa. Hasta el último momento confiamos en la posibilidad de que escampara, a pesar de que las predicciones meteorológicas daban lluvias para dos o tres días más. Pero, de esperanza también se vive.
Nos levantamos y estaba lloviendo. Desayunamos y seguía lloviendo. Con esas perspectivas, la única solución viable pasaba por llamar a un taxi de Bielsa para que nos llevara a Aínsa, donde esperábamos enlazar con alguna línea de autobuses a Lérida. En Aínsa nos encontramos con que esa posibilidad no estaba contemplada en el programa de ferias y festejos. Kako tuvo que "animar" a su padre para que viniera desde la inundada Salou en coche a recogernos. Fin de ruta. Gastamos la tarde paseando por el casco antiguo de Aínsa, sus callejuelas y castillo. La GR-11 quedaría para otra ocasión.

En conclusión: habíamos planeado ocho días de actividad, que se vieron reducidos a cuatro (y medio). Podía parecer un "fracaso". Pero lo cierto fue que, a pesar de quedarnos muy lejos Zuriza y el confín del Aragón pirenaico, dimos el balance por positivo. Recorrimos un buen trecho, atravesamos valles de un extremo a otro, nos empapamos del espíritu de la montaña (y de su celestial agua) y nos pudimos sentir un poco más humanos, un poco más libres, un poco más...

Esa fue nuestra porción en la vida y así la recibimos. Porque... volveremos.

Texto: Javiere

 

"Soleil, je t’aime
et pour toujours
tu es fidèle
mais l’amour
n’est pas souvent comme toi
pourquoi?"



Más fotos de la ruta en este enlace


Notas y horarios acerca de la travesía aquí

(En preparación) Ruta sobre el mapa


NOTAS

Accesos: ¿Quieres saber cómo llegar? Aquí puedes diseñar tu ruta en vehículo automotor: Guía Campsa o Vía Michelin.
Si vas en transporte público, bueno es saber que la empresa Alsina-Graells tiene línea regular de autobuses con parada en la boca sur del túnel de Viella. Salen desde Lérida y Barcelona todo el año.
Para regresar desde Bielsa o Aínsa, la cosa cambia. Las líneas de autobuses se reducen a la mínima expresión fuera de la temporada estival. Conviene informarse primero.
El taxi que nos bajó desde el refugio de Pineta a Aínsa nos costó 60,00 euros. Lo repartimos entre cuatro, incluido Ralf que se vino un rato con nosotros. Se encariñó con Raúl. ;-)

Mapas: De Editorial Prames está el libro GR-11 Ruta pirenaica, con apéndice de mapas divididos en 47 etapas, a escala 1:40.000. La Editorial Alpina dispone de diversos mapas, por sectores, a diferentes escalas, que abarcan la práctica totalidad del Pirineo.

Material: Calzado ligero (botas de senderismo o deportivas), bastones si se estilan. No se precisa material de invierno (crampones ni piolet). No creemos que sea preciso indicar lo conveniente de llevar atalaje para la lluvia. También, el avío necesario para vivaquear en lo que salga (saco, plancheta, funda vivac...)
Y muchas ganas de pasarlo bien, pese a los imprevistos que seguramente surgirán. La sonrisa, en la cara, nunca al fondo de la mochila. ;-)
Lo de llevar boina o pañoleta, es opcional.

¡Gañáaaaaaaaaaaan!

 
 
 
 
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