MONTAÑEROS.POP
 
 
RUTA CIRCULAR Y BACHIMALA
 

Agosto 2006. Los días festivos tienen un atractivo especial. Disponíamos de cuatro días libres y queríamos aprovecharlos con una buena escapada montañera. Felipe ideó un recorrido, variable sobre el terreno: una ruta "circular" que partiera y terminase en la zona de Parzán, con algunas cumbres entreveradas. Al final no subimos tantas como deseábamos, pero el resultado nos complació. La aventura estaba servida.

Partimos hacia el Norte el viernes 11 por la tarde. Llegaríamos a la zona de Parzán, junto a Bielsa, ya anochecido. Felipe, Justo, la Rana Vinagre (en su primera aparición montañera) y un servidor. Luego se nos añadiría Daniel en una jornada.
Buscamos un lugar apropiado donde poder pernoctar, a la entrada del valle de Barrosa, y lo encontramos junto a las antiguas instalaciones abandonadas del paso fronterizo, la vieja Aduana. Vivaqueamos junto al coche, con el cielo por cubierta.

A la mañana siguiente, sábado 12, estábamos a eso de las 7:20 enfilando el corto tramo de asfalto hacia la pista de tierra que nos introduciría en el valle. Pasamos junto a las antiguas instalaciones mineras de Hospital de Parzán. Ganando altura progresivamente, de manera suave, llegamos al circo final, junto al pequeño Refugio de Barrosa (abierto). A partir de ahí, el camino hacia el puerto aumentó en pendiente, pese a hacerse en grandes lazadas zigzagueantes.

Llegar al puerto nos tomó unas tres horas. Una vez allí, nuestra idea era ascender al Pico Troumouse (3.089 m). Tomamos hacia el Oeste y nos acercamos a la imponente pared. Las reseñas que habíamos leído no lo ponían muy fácil; pero indicaban que era practicable, salvando un par de pasos no demasiado complicados. Al principio el camino era inexistente. Cerca de la mole rocosa, los hitos marcaban la vía. Y unas viejas marcas de pintura (flechas azules y rojas), nos indicarían su puerta.

  Foto: Javier Rubio
  Hacia el Puerto de Barrosa

No era fácil localizar por dónde discurría el acceso. La piedra, en buena parte descompuesta, tampoco nos facilitaba la labor. Superamos algunos resaltes, afrontamos trepadas y llegamos al pie de una vieja cuerda junto a una grieta (ver fotos). No había unanimidad en el grupo. El paso era en parte extraplomado; la cuerda, inoperativa. Las grises nubes amenazaban con un empeoramiento. Y el tiempo que nos pudiera suponer la subida, más larga y complicada de lo inicialmente previsto, acabaron por decidir la vuelta al Puerto. Dejaríamos el Troumouse para otra ocasión, con más tiempo y mentalización.

Según bajábamos, veíamos con más claridad las marcas de pintura. También vimos otra cuerda que salvaba otra grieta diferente, varios metros más a la derecha (Norte) de la que habíamos tanteado. Esta se veía de más fácil tránsito. Pero habíamos consumido nuestro tiempo. Lo tendríamos en cuenta para cuando volviéramos al Troumouse. Porque volveríamos.

Aún había mucho que hacer. Queríamos llegar esa noche hasta el Hospice de Rioumajou. Teníamos una buena tirada por delante. Continuamos por la cresta hacia el irregular Oeste, llegando al Pico de Puerto Viejo (2.723 m) y bajando hasta el Puerto Viejo de Bielsa (2.378 m). El siguiente trecho de cresteo, siguiendo las orientaciones del mapa, era medio improvisado: el camino no era evidente salvo a tramos. Accedimos al Puerto de Bielsa, que estaba marcado con un cartel como "Puerto de Forqueta". Eso nos despistó. Buscábamos a continuación el de Bielsa, que nunca apareció. Normal; ya lo habíamos pasado. De ahí continuamos, salvando bruscamente un fuerte desnivel en pocos metros, hacia el Pico de Bataillence (2.604 m), señalado en lo más alto con un poste metálico multicolor. Llevábamos unas diez horas consumidas de ese día.

Avanzamos por la ruta del HRP, esquivando por el Norte, por camino bien evidente, la Cresta de Moudang, hasta llegar al Puerto de Trigoniero (2.495 m). Eran alrededor las seis y media de la tarde. Nos quedaban varias horas de luz, un largo recorrido, pero... escasa o nula visibilidad. La niebla lo rodeaba todo, impidiendo localizar puntos de referencia. Nos movíamos bien con altímetro y brújula. Pero no creímos oportuno embarcarnos en la continuación a Rioumajou, máxime sin saber en qué consistirían las instalaciones del lugar. ¿Habría dónde cobijarse? ¿Sitio libre? Optamos por descender por el Sur hasta la Cabaña de Trigoniero (1.970 m), también marcada como Refugio Plana el Cabo, abierto. Allí pasaríamos el resto de la tarde y noche, para retomar la ruta al día siguiente.

La citada cabaña, que según la guía de Ed. Alpina se halla en "buen estado", está pidiendo a gritos una reforma. Se ve que alguien pensó en ello tiempo atrás. Dentro de la cabaña hay material de construcción, la mayoría echado a perder, esperando desde hace años que algún responsable se anime.
Recogimos leña seca de los alrededores, encendimos la lumbre, cenamos y nos acostamos. Esa noche hizo más frío del esperado. Agradecimos disponer de un lugar de cobijo, pese a que el fuerte viento entraba por innumerables rendijas y forzó incluso la puerta (sin cerradura) abriéndola en mitad de la noche. Justo por poco se nos muere de frío. Por contra, la Rana Vinagre ni se quejó.

Foto: Javier Rubio  
Por las alturas  
A la mañana siguiente, domingo 13, a eso de las ocho y media, reemprendimos la ruta. Remontamos lo bajado el día anterior, hasta el Puerto de Trigoniero y enfilamos en dirección Este, hacia el próximo collado, cota 2.754 m. Allí paramos unos minutos y decidimos que, ya que... pasábamos por allí, nos acercaríarnos al Pico de l'Ibonet (2.866 m). Hicimos cumbre (eran aprox. las once y cuarto), sacamos un par de fotos, y bajamos nuevamente al collado, para iniciar el largo descenso al Valle de Rioumajou.

La bajada empezaba muy fuerte. El camino se halla señalizado por unas grandes marcas de pintura naranja, que pareciera las hubiesen pintado a brochazos, con grandes flechas y enormes cantidades de pintura gastada. Atravesamos pedreras, algunos arroyos, prados, y salimos atajando por un camino señalado con hitos hacia el Hospice, abandonando las marcas naranjas. Eso sería aproximadamente a una altitud de 1.800 m.

El Hospice de Rioumajou no es más que una bonita cafetería y restaurante, llena de excursionistas que llegan en coche. Nos alegramos de no haber intentado pasar la noche allí. Menuda decepción nos habríamos llevado. Paramos junto al río a refrescar los pies y comer algo (a eso de las dos del mediodía), y continuamos avanzando por la pista marcada, transformada luego en camino al otro lado del río, señalizado con hitos y poca pintura, en dirección al Puerto de la Madera.

Lo que también pudimos comprobar en la parte francesa que recorrimos es que, en líneas generales, las marcas de los senderos brillan por su ausencia. Buen contraste con las vías españolas, profusa y útilmente marcadas.

Subiendo inicialmente junto al arroyo de Cauarère, continuamos en constante ascenso. Sopesamos en principio haber llegado al Puerto de Cauarère. Pero, en contra de lo que señala el mapa, el camino no es tan evidente. Se nos hizo más sencillo seguir hacia el Puerto de la Madera (2.555 m), junto a la inconfundible Peña de Millarioux, e iniciar el descenso a la otra vertiente, por camino muy bien señalizado con marcas de PR, hasta bajar a las orillas del río Zinqueta. Siguiendo a su vera, aguas abajo, por el HRP, llegamos junto a a la ermita de la Virgen Blanca. Allí enlazamos con la GR-11 para acceder finalmente al Refugio de Biadós (1.740m), donde pasaríamos un par de noches. Eran poco más de las siete de la tarde. Para la cena se nos sumó Daniel, que venía desde Benasque. A la mañana siguiente compartiríamos planes con él.

Día 14, lunes. Era el momento del pico Bachimala. Por el sendero que arranca por detrás del refugio, marcado con un cartelón de color verde, comenzamos a ascender; eran las siete y media. Al meterse en el bosque, la pendiente se hizo fuerte y constante. Por suerte, una vez dejamos atrás la zona arbolada, el ascenso se hizo más llevadero. Pasamos junto a la Cabaña del Sarrau, por uno de los varios caminos que hay en esa parte, atravesando en perpendicular una pista de vehículos y ganando las partes altas de la loma, al amparo de los hitos. Al enfrentar la mole de la Señal de Biadós, la salvamos perdiendo altura por el camino de la izquierda (Norte), hasta el Cuello (2.538 m).

  Foto: Javier Rubio
  Vinagre, rana montañera

Teníamos dudas acerca de qué hacer. La Punta Sabre estaba muy cerca y sería interesante poder hacer ambas cumbres, ésta y el Bachimala. Pero no hubo consenso en el grupo y fuimos directos al Bachimala. Tras largas pedreras que parecían interminables, pero sin otra dificultad, llegamos al resalte rocoso que daba paso a la cumbre, con sus 3.177 metros. Allí arriba nos juntamos un buen grupo de montañeros. Y fue el primer tresmil de la Rana Vinagre. Las once de la mañana.

Justo y yo mirábamos con anhelo hacia la cercana cumbre de la Punta Sabre. Concretamos en que, mientras Daniel y Felipe nos esperaban en el Bachimala, nosotros tres (incluida Vinagre) iríamos a ver si podíamos acceder a su cumbre. Pero nos quedamos en la cota 3.142. El paso se complicaba un poco más y, sin el resto del grupo, el ánimo no era igual. Nos dimos la vuelta y empezamos a deshacer el camino de subida, a las faldas del Bachimala, por sus interminables pedreras.

Estábamos en el camino de regreso, al pie de la omnipresente Punta Sabre. No nos acabábamos de hacer a la idea de marchar sin subir a su cumbre. Subimos un trecho hacia la loma, por donde ascendía el sendero, y lo sopesamos. Daniel sacó una vez más su reseña internetera, su tono de padre cascarrabias y nos dijo enfáticamente lo que, en parte, nos habían mencionado otros montañeros. Era un camino de ida, sin regreso. De seguirlo, había que hacer cumbre en la Punta Sabre, seguir por la cresta hacia el Bachimala y bajar por donde lo habíamos hecho. No nos apetecía regresar al Bachimala. Pero, ¿por qué no se iba a poder retroceder desde la Punta Sabre por el mismo camino? Daniel invocó mil heréticas maldiciones contra nosotros, nos aterrorizó como solo él sabe hacer y nos hizo desistir. Lo dejaríamos para otra ocasión.

En fin, que bajamos de vuelta al Refugio de Biadós, nos despedimos de Daniel (volvía con su familia a Benasque) y nos quedamos a duchar y cenar en el Refugio, tranquilamente. En total, incluyendo la paradas y dudas, habíamos estado casi siete horas de ida y vuelta.

Un nuevo día, martes 15. Era el día del regreso. Desayunamos, recogimos los bártulos, y nos despedimos de Biadós y su buena cocina. Las siete y media. Bajamos por la GR-11 en dirección a la Collada de Urdizeto/Ordiceto. Por pistas de tierra que luego se trocaron en caminos, por bosques que se transformaron en prados y pedreras, acabamos asomando a lo alto de la Collada (2.314 m), junto a la feota caseta que allí se ubica, siempre cerrada con llave. En el tránsito, nos lloviznó un rato. Lo volvería a hacer.

Seguimos, ahora en descenso, por camino y luego pista, pasando junto al Embalse de Urdizeto y su central eléctrica. A la vera de la presa paramos unos minutos a comer.
Es curioso. Poco antes de llegar al embalse hay una cabaña, junto a la pista. Esta cabaña sí está abierta, en buen estado, aunque chiquita, y puede servir para pasar una noche sin mayores complicaciones. Pero en el mapa no se dice nada de ella.

Foto: Javier Rubio  
Bordas en Biadós  
Continuamos bajando por la pista, perdiendo altura progresivamente, bajo intermitente llovizna, hasta llegar a la carretera que se dirige al túnel de Bielsa. Desde allí, por el arcén asfaltado, tuvimos los últimos cuatro kilómetros que nos terminaron por dejar junto al coche. El circuito se había completado. En esta jornada, por menos de seis horas de marcha. En total, más de 12.700 metros de desnivel acumulado para los cuatro días.

Cuatro días de vivencias montañeras dan mucho de sí. Son numerosas las anécdotas que surgen, las indicaciones que se podrían dar sobre caminos y accidentes geográficos. Pero tanto detalle excedería el propósito de estas páginas; y la paciencia de la mayoría de lectores. Por todo ello, lo dejaremos aquí, sin más florituras.

¿Lo pasamos bien? ¡Desde luego! Fueron cuatro días bien completos. No alcanzamos toda nuestras, quizá demasiado optimistas, previsiones. Pero con lo hecho, nos fuimos más que contentos. Tampoco se puede hacer todo de una sola tacada, ¿verdad? Hay que dejar metas, sueños, para más días que vendrán. Hay un futuro que alcanzar.

Porque la montaña siempre está presta para quien la sabe mirar.
Y para quienes son constantes y no renuncian a sus sueños; aunque duela.

Texto: Javiere


"Le premier chagrin du jour
C’est la porte qui se ferme
La voiture qui s’en va
Le silence qui s’installe
"



Más fotos de la ruta en este enlace

Y el mapa de la ruta aquí


NOTAS

Accesos: Para llegar a Parzán, mejor consultarlo en Guía Campsa o Vía Michelin. Si se continúa por la carretera hacia Francia, se llega al evidente viejo puesto fronterizo. Su fisonomía no deja lugar a dudas. Hospital de Parzán, así como la entrada al valle de Barrosa, no tienen cartel que los señale. La pista sale a la izquierda (subiendo), justo antes del puente sobre el río.

Mapas: De Editorial Alpina, los mapas Ordesa y Monte Perdido (a escala 1:40.000) y Bachimala, Bal de Chistau (a escala 1:25.000). Por desgracia, pese a ser supuestamente complementarios, se hallan a escalas muy diferentes. Hay que tenerlo en cuenta al calcular distancias.

Material: Felipe y Justo llevaron calzado deportivo ligero; Javiere se decantó por sus cómodas chirucas. Al gusto del consumidor. Nada de crampones o piolet, que lo avanzado de la temporada hace innecesarios. Saco, funda de vivac, plancheta (aislante) y la intendencia necesaria para varios días.
 
 
 
 
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