MONTAÑEROS.POP
 
 
VIGNEMALE Y PEÑA TELERA
 

Julio de 2006. Días 1 y 2. He perdido la cuenta, pero deben de ser unos cuantos años los que separan el actual momento de la primera vez que pude contemplar la mole del Vignemale desde mi primera cima pirenaica de mi incompleta lista de tresmiles, el Taillón. Así que, en vista de que el tiempo pasaba -por cierto, de qué manera- me decidí proponer a mis compañeros y amigos que me acompañaran a tratar de coronar la punta más alta de aquel macizo que había quedado grabado en mi retina.

Como siempre, hubo distintas propuestas de rutas y aunque para Javiere hubiera sido mejor subir por el corredor de la Moskowa, no puse ninguna pega a la propuesta de Daniel: subir y bajar en el día desde Pont d´Espagne.

Por suerte, pudimos completar el elenco de “poperos” y Justo se sumó al grupo recordando los inicios de montañeros.pop allá por el año 2003 en el Aneto. Faltaba Misha; pero en los últimos años no se deja caer por nuestras "quedadas".

  Foto: Javier Rubio
  Lac de Gaube

La noche del viernes nos sorprendió subiendo las ultimas rampas hacia el párking de Pont d’Espagne, donde buscamos buen acomodo en la inmensidad del mismo para pasar la noche. El viaje había sido largo desde Madrid, pero los paisajes del Pirineo francés nos habían entretenido lo suficiente para, casi sin darnos cuenta, (bueno, quizás el conductor lo pasó peor) llegar hasta Cauterets como el que no quiere la cosa.

El despertador sonó demasiado pronto, a las 5:30; pero la ruta elegida era larga y no podíamos demorarnos mucho en comenzar. Todavía con la oscuridad reinando, fuimos ganando altura hasta el gran Lago de Gaube, marco incomparable donde los haya, con el fondo de la cara Norte del Vignemale. La ruta seguía sin pérdida ninguna por la orilla derecha del lago, en el sentido de la marcha. Aunque desde el principio asomaba la mil veces vista en fotografía cara Norte, restaba un buen trecho hasta llegar al Refugio des Oulettes de Gaube. Aquí nos dimos el tiempo suficiente para admirar la impresionante pared que cae desde la Pique Longue hasta lo que queda del glaciar des Oulettes. El Couloir de Gaube, con sus ultimas nieves de la temporada, también nos cautivó y nos recordó a sus primeros vencedores, armados de un hacha para tallar una infinidad de escalones para poder superarlo.

Pero el reloj es inexorable y nos empujaba a continuar sin más demora hacia la Hourquette d’Ossue; un nuevo alto y vista hacia un objetivo apetecible como es el Petit Vignemale, tan cercano… Pero antes de que nadie tuviera tentaciones, bajamos hacia el Refugio de Baysellance. En el refugio aprovechamos para recargar el agua y tomar un pequeño tentempié. Desde aquí continuamos la bajada para poder bordear la cresta que baja desde el Petit Vignemale. Una vez flanqueada y en marcada dirección Oeste a media ladera, nos aproximamos hasta el glaciar d’Ossue. Hasta aquí habíamos venido prácticamente solos; pero en los primeros neveros vimos hileras de gente que buscaban nuestro mismo objetivo.

Foto: Javier Rubio  
Glacier d'Ossoue, parte inferior  

Una vez calzadas las botas (Justo y yo veníamos en zapatillas de trail) y acoplados los crampones, cada uno se enfrentó como mejor pudo a las rampas más duras y empinadas que dan acceso al glaciar. Un glaciar inmenso que parece no terminar nunca y que cuanto más cerca se ve la cumbre, más cuesta llegar. Al pie de la muralla final nos agrupamos y cambiamos los crampones por los cascos. La cantidad de gente que sube y baja a la vez por la pared un tanto descompuesta, no deja de arrojar piedras de los más diversos tamaños a los que más abajo se encuentran. Así que, dadas las circunstancias, pensamos que el casco era una buena opción para evitar que nuestras cabezas sintieran los efectos de las piedras rojas del Vignemale.

No hay una vía clara de ascenso, así que, mientras Daniel y Javiere subían por el lado izquierdo, Justo y yo lo hacíamos por una sucesión de terrazas que desembocaban en la Cueva de Russell, la más alta que mandó construir y que está a escasos metros de la cumbre. En la cumbre, para no ser menos que los otros reyes del Pirineo (Aneto, Perdido y Posets), había gran cantidad de gente, lo que quitaba mucha de la magia que tiene subir a una cumbre. Pero todos tenemos el mismo derecho y de momento no han puesto cupo.

Una vez hechas las fotos de rigor, destrepamos hasta donde se habían quedado las mochilas y, para comer, nos fuimos, pasando bajo el pico Clot de la Hount y otras dos cuevas de las que mandó construir Russell, hasta el Col de Cerbillona, mucho menos saturado; un balcón con vistas inmejorables y cercano al Pico Cerbillona. Tras la frugal comida subimos a este pico, pero ya sin gran entusiasmo y pensando que habría que volver y subir por el elegante Corredor de la Moskowa para poder anotarnos este pico en nuestra lista de tresmiles con un poco más de justicia. Javiere mientras subió hasta el también cercano Pico Central por aquello de anotarse alguno nuevo, pues ya era su segunda visita a la Pique Longue y al Cerbillona.

  Foto: Javier Rubio
  Granizada

A las dos de la tarde, ya con nubes amenazadoras, emprendimos el regreso. El descenso por el glaciar fue todo lo rápido que nuestra prudencia nos aconsejó pues, dada la hora y el estado de la nieve, cualquier grieta estaría esperando un descuido para atraparnos. Aunque todos pensamos que no hay mayor peligro, pues se trata de un glaciar en franca decadencia, he leído historias de caídas en sus grietas y de la reacción de miedo que provocó en todos los que contemplaron la escena, incluidos los mas osados. Una vez abandonado el glaciar la discusión se centró en si llovería o no. En Baysellance acallamos las predicciones agoreras de Daniel al ver cómo la tormenta pasaba de largo hacia el Pico de Labas. Pero no quedó ahí la cosa: cuando ya teníamos a tiro de piedra el Refugio de Oulettes de Gaube, los augurios de Daniel se cumplieron y una imponente tormenta descargó sobre nosotros con sus rayos, sus truenos y, para no irnos de rositas, una buena ración de granizo.

Después del remojón, el camino de vuelta hasta Pont d’Espagne se nos hizo largo y tedioso. Las caras y las formas denotaban el cansancio que habíamos ido acumulando en esta larga y dura jornada. El viaje de regreso hasta Escarrilla acumuló un poco más de tensión y solo una buena cena seguida de un sueño reparador hizo el efecto necesario en los cuerpos y las mentes.

Peña Telera. El día siguiente amaneció radiante. Las vistas sobre el embalse de Lanuza, desde el balcon privilegiado en el que habíamos pasado la noche, eran espectaculares. Desayunamos y recogimos todo rápidamente y nos encaminamos con el coche hasta el párking que hay junto al Parque Faunístico de Laguniacha, en Piedrafita de Jaca. En este punto la pista estaba cortada por una barrera y había que empezar a caminar siguiendo la pista hasta el Ibón de Piedrafita, al pie mismo de la mole de Peña Telera.

El panorama que se presentaba ante nuestros ojos no invitaba a la sonrisa, pues el desnivel a salvar era más que considerable y sin posibilidad de atenuarlo, pues era una subida directísima por una canal que a estas altura de temporada no mantenía ni un triste nevero. La dureza de la subida obligaba a que cada uno marcara su propio ritmo. Formamos dos grupetos: uno, en el que marchábamos Justo y yo; y otro, un poco más atrasado, en el que marchaban Daniel y Javiere.

Foto: Javier Rubio  
Ibón de Piedrafita  

En el collado de Cachivirizas nos reagrupamos e iniciamos el flanqueo por el Sur de Peña Parda. Al poco, la senda que seguíamos se perdía entre las pedreras y decidimos consultar las reseñas que Daniel se había bajado de Internet. Tras la consulta, buscamos los rastros de senda que flanqueaba la pared Norte de Peña Parda. Daba un poco de "cosa", pues la senda era muy estrecha y un pequeño traspiés nos podría llevar hasta el ibón de Piedrafita. Al menos, ya no quedaba ningún nevero que pudiera haber dificultado nuestro avance por esta pequeña repisa. Tras el flanqueo, llegamos al pie de una corta y segura chimenea por la que trepamos sin ninguna dificultad hasta el pequeño circo que se forma entre Peña Parda y Peña Telera. Desde aquí, seguimos superando resaltes hasta la cumbre de Peña Telera.

En la cumbre estuvimos el tiempo suficiente para comer algo y tratar de identificar las cimas que podíamos contemplar. Lástima que algunos tengan el sentido de la vista un poco estropeado y no sean capaces de ver mas allá de sus pies.

La bajada la hicimos por el mismo camino, poniendo mucho cuidado en la travesía horizontal que en invierno es muy desaconsejable por su siniestralidad. Poco más abajo del ibón refrescamos nuestros pies; aunque más nos hubiera valido también mojarnos la cabeza para que se nos refrescaran las neuronas.

“A Fernando Garcia Herreros, triple Campeón de España de carreras de montaña, fallecido una semana antes en accidente laboral. Su fuerza y tesón han sido y serán un ejemplo para los que como él, amamos la montaña. DEP.“

Texto: Felipe Rodríguez

 

Más fotos de la ruta en este enlace

Ruta Vignemale sobre el mapa

Ruta Peña Telera sobre el mapa


NOTAS

Accesos: ¿Quieres saber cómo llegar? ¡Si es que lo queréis todo hecho! Pues echa un vistazo en Guía Campsa o Vía Michelin.

Mapas: Editorial Alpina dispone de los mapas Vignemale - Bujaruelo - Valle del Ara (escala 1:30.000) y Valle de Tena - Sierra de Tendeñera - Peña Telera (a escala 1:40.000).

Material: Como es habitual en estas épocas estivales, calzado ligero (botas de senderismo), bastones si se estilan, una bota de vino peleón (si apetece) y, para ascender y cruzar el glaciar del Vignemale (Glacier d'Ossoue), piolet y crampones (todo el año). En el ascenso a Peña Telera en época invernal hay que extremar las precauciones. La Gran Horizontal, el delgado camino por medio de la ladera Este, aumenta considerablemente el riesgo.
Agua. Nunca minimizar este asunto. No hay muchas fuentes donde reponer.

 

 
 
 
Inicio | Noticias | Rutas | Miscelánea | Enlaces
 
Resolución óptima: 1024x768 | Diseño: RZM & cía | Todos los derechos reservados