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PICA D'ESTATS
 

Junio de 2005. Sábado día 18. El extremo Este de los Pirineos se caracteriza por ser de cotas exiguas. Apenas hay cumbres que superen los tres mil metros de altura. Eso es así hasta el punto donde se levanta este grupo liderado por la Pica de los Estados, la Pica d'Estats, entre Francia y España, la cumbre principal de Cataluña, de especial significado en aquellas tierras. Había que subir.

Después de muchos años de darle la espalda a esta gran montaña -quizás por su lejanía o quizás por dejadez mía- y después de muchos meses de abandono de mis queridos Pirineos -quizás por el mal tiempo o quizás por pereza- he retomado mi actividad de pirineísta en compañía de Daniel, Javiere y Kako con la ascensión al punto culminante de Cataluña: la Pica d'Estats.

  Foto: Daniel Cama
  Al pie de Port de Sotllo

Para un profano, todos los valles se parecen. A fin de cuentas, vienen a ser lo mismo: un río que labra a lo largo de la historia y montañas que lo flanquean. Aun siendo cierto, no lo es menos que cada valle encierra algo que le hace ser diferente a los demás. Y en este caso la Vall Ferrera me ha impresionado. Nada más llegar al pequeño pueblo de Àreu, el ver la mole del Monteixo te deja boquiabierto. Sus laderas empinadísimas, que se elevan desde el mismo pueblo hasta la nada despreciable altura de 2.905 m, son hoy en día el escenario de una carrera de montaña basada en una leyenda “La Cuita al Sol”; tan fácil como alcanzar su cima por el camino más directo antes de que la sombra del sol nos capture con su penumbra. Algo menos de 4 Kms, pero salvando un desnivel de más de 1.600 m. Un espectáculo digno de ver; o mejor, de participar en él.

Adentrarse por el valle siguiendo la pista forestal que, aunque dicen apta para todos los vehículos, yo no recomendaría nada más que para vehículos todo-terreno, es llenarse los ojos con el verde de sus frondosos bosques. Para alguien como yo que viene de la árida estepa castellana, castigada este año con una pertinaz sequía, que ha visto cómo desde principio de mayo todo el campo esta agostado, el disfrutar de este verdor es un regalo para los sentidos. Por si esto fuera poco, el río baja desbocado, casi furioso, convirtiendo cada pequeño salto en un espectáculo de luz y sonido. Pero, ¡eh!, natural. Nada de artificios. Tendría que estar prohibido subir con los coches hasta tan arriba. Es como profanar un santuario lleno de belleza por doquier.

Una vez dejado atrás el vehículo, con la mochila sobre la espalda, nos adentramos en la parte alta del valle sin dejar de admirar a cada paso las maravillas que nos brinda la naturaleza en un día espléndido. Atrás dejamos el camino que nos llevaría hasta la vecina Andorra y el pequeño Refugio de Vallferrera (FEEC, 1.930 m). Y si volvemos la vista, apreciamos la mole del Monteixo que, como un centinela, vigila la entrada del valle.

Foto: Daniel Cama  
El Montcalm, desde Sotllo  

El bosque va dando paso a los pastos de montaña y estos a los restos morrénicos que cierran el paso a las aguas recogidas en el Estany de Sotllo (2.350 m). La nieve todavía cubre gran parte de su superficie y desde aquí sera nuestra compañera. Pocas montañas se dejan ver desde tan abajo y se muestran tal como son. La vertiente Oeste de la Pica cierra el valle por el fondo. Podemos admirar toda la cuerda que va desde la Punta Gabarró (3.115 m), Pica d'Estats (3.143 m), Pico Verdaguer (3.131 m), hasta el Puerto de Sotllo (2.890 m), lugar por el que la via normal de ascensión franquea los paredones.

Una vez en el puerto comienzan las dudas: seguir por la ruta normal y asegurar la cumbre sin más complicaciones o darle un poco de elegancia a la ascensión y superar el espolón que baja al Oeste desde la cima del Verdaguer. Menos mal que, aunque decidimos lo primero, en un arrebato volvimos hacia el espolón que se erguía desafiante. Una vez en él, nuevas dudas tratando de evitar lo inevitable. Solo hay un camino posible y lógico. Parece difícil, pero solo un par de pasos delicados y algo expuestos se interponen entre nuestros miedos y la cumbre. El corazón se acelera a cada paso que damos, un tanto por el esfuerzo y otro por la emoción de alcanzar la ansiada cima.

Alcanzar la cumbre de una montaña es la culminación de un objetivo. Repartimos abrazos y felicitaciones; pero el nuestro no acaba en el Verdaguer; ni siquiera en la cercana cumbre de la Pica d'Estats, punto culminante de todo el macizo. Nuestro objetivo es alcanzar las cuatro cimas principales. Así que, mientras la mayoría disfruta con el hecho de alcanzar solo la Pica, nosotros continuamos con nuestro periplo hasta la achatada cumbre del Montcalm (3.077 m), que nos brinda unas espléndidas vistas sobre el francés valle de Ariege. En este punto nos tomamos un merecido descanso y reponemos fuerzas a base de los muy tradicionales bocatas. Las nubes no han dejado de crecer y nos hacen dudar de si alcanzaremos la última de las cumbres. Pero antes de que la cosa se enfríe, volvemos por la ruta normal hacia el Puerto de Sotllo y, poco antes de llegar a él, atacamos directos por la empinada ladera recubierta de incómodos guijarros que, sin ninguna dificultad, nos deposita en la última de las cumbres previstas: el Pico de Sotllo (3.072 m), una cima mucho mas afilada que las anteriores pero también con unas vistas, como diría Kako, “espectaculares”.

  Foto: Daniel Cama
  Verdaguer, Pica d'Estats y Punta Gabarró

Al frente se puede apreciar la zona del Certascan (2.853 m), con su gran lago que permanece helado. A nuestras espaldas, toda la ruta que hemos realizado. Vista desde aquí, la vía que elegimos para subir al Verdaguer hasta parece inaccesible; cosas de la distancia. Ya parece que se ha cumplido nuestro objetivo y las fuerzas parecen flaquear. Pero aún queda la ardua tarea de regresar al punto de partida.

Desde la cumbre del Sotllo y en lugar de regresar por la via normal hacia el puerto homónimo y desandar el camino de la mañana, nos aventuramos por la arista Sur, que baja en dirección a los Estanys de la Coma de Sotllo. Esta ruta no esconde ninguna dificultad, aunque sí que es conveniente procurar ir por el filo de la arista, que por otra parte de afilado no tiene nada (al menos en esta época ya sin nieve). Desde el siguiente collado (sin nombre en el mapa), descendemos a un circo recóndito y solitario. A poca gente le interesa llegar hasta aquí. Los pequeños estanys ya citados que encierra la llamada Coma del Sotllo apenas se dejan reconocer entre la cantidad de nieve que guarda este paraje, como una inmensa reserva de agua que servirá para saciar la sed de las tierras llanas.

Finalmente, desembocamos de nuevo en el camino normal siguiendo la ruta del agua que, como caballo desbocado, desciende hasta los grandes estanys tratando de liberarse de la opresión a la que le tiene sometida todavía la nieve, rompiendo con fuerza su invernal hegemonía. Desde aquí el camino se nos hace monótono y regresamos casi como autómatas hasta el coche. Las casi once horas de marcha con sus paradas correspondientes pasan factura en nuestras piernas y, cómo no, en los oprimidos pies. Esto solo lo arregla una relajante ducha seguida de una suculenta cena. Y para cerrar el día, un reparador sueño.

Texto: Felipe Rodríguez

 

Más fotos de la ruta en este enlace
(Fotos de David Carrasquete (Kako) y Daniel Cama)


Y el mapa de la ruta aquí


NOTAS

Accesos: Bueno, una vez más, hay que echar un vistazo al enlace de la Guía Campsa para que cada uno se calcule su ruta. A ser posible, merece la pena recorrer la pista desde el pueblo de Àreu, tras Alins, hasta el aparcamiento del refugio en vehículo. La pìsta se halla en mal estado; hay que ir con cuidado. Pero de hacerla andando acaba siendo demasiado larga. Desaconsejable subir con coches que tengan poca altura de bajos.

Mapas y Bibliografía: De Editorial Alpina (coedición con Geoestel), Pica d'Estats - Mont Roig (a escala 1:25.000). También Pica d'Estats, Vallferrera - Monteixo - Certascan - Salòria, de Ediciones Sua, mapas a escala 1:25.000 y 1:50.000 (de lectura algo dificultosa). Incluye guía con reseñas de Miguel Angulo y Nuria García.

Material: Crampones y piolet recomendables; o imprescindibles, según la época del año. Para el cresteo hacia el Verdaguer no es precisa la cuerda. Se puede ir por la misma arista o sortear sin mayores dificultades los pasos algo más expuestos. Por cierto, se nos hizo algo trabajoso atravesar uno de los crecidos tributarios del estany de Sotllo. ¿Recomendable llevar traje de buzo? :-)))

 

 
 
 
 
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