MONTAÑEROS.POP
 
 
POR LA CRESTA HACIA EL POSETS
 

Junio de 2005. Primer fin de semana del mes. De vez en cuando apetece aumentar algo el nivel de las salidas. Cuando Esther sugirió aprovechar de manera especial el fin de semana en los Pirineos, una de las propuestas más firmes fue la de la afamada cresta del Espadas al Posets. Un plan que llevaba tiempo en la recámara; era la hora de "disparar". Dicho y hecho.

Salí en coche desde Alcalá de Henares camino de Reus, donde recogería a Esther. Para esta salida no había nadie más que se pudiera sumar (problemas de agenda), así que estaríamos los dos solos por esas montañas de Dios. ¡Qué peligro! A Esther la sueltas en el monte y te puedes echar a temblar. Salvo llevar mucho peso a la espalda, es capaz de casi todo.

Nuestra base de operaciones se establecería en el Refugio Ángel Orús (Forcau), donde hicimos las reservas pertinentes. Allá llegamos el viernes por la tarde, ascendiendo por la tortuosa pista desde el pueblo de Eriste, justo donde pone el cartel de "carretera cortada por obras". Dejamos el coche en el aparcamiento y tomamos el camino al refugio. Dos horitas de tranquila marcha. El último km nos amenizó con un fuerte chaparrón "alegrando" la tarde.
El refugio aún estaba vacío de público; pudimos registrarnos y poner a secar la ropa con toda holgura. Aprovechamos a concretar planes sobre el mapa mientras esperábamos el momento de la cena, recordando las reseñas y rutas que habíamos consultado previamente. Tras la cena, ya con más gente en el comedor, Esther aprovechó a dar rienda suelta a su segundo deporte favorito: hablar por los codos. Mi menda aprovechó para irse a dormir. Al día siguiente el cruel despertador nos lanzaría fuera de los dormitorios a tiempo de desayunar a las 6:30.

  Foto: Javier Rubio
  Da comienzo la jornada

Eran las 7:00 cuando comenzamos la marcha. El refugio había aumentado sensiblemente el número de sus inquilinos. Comenzamos a ascender hacia el NO, casi a la par que otro grupete de tres montañeros. Ellos iban a la Forqueta, coincidiendo en camino con nosotros.
El día había amanecido poco estable, aunque sin lluvia. No obstante, la nubosidad abundante y las bajas presiones que marcaba el barómetro nos hacían dudar del éxito de la empresa. Un fin de semana no se puede dejar pasar así como así. Seguimos avanzando, tanteando las nubes, por la senda de la GR-11, sin demasiada prisa.

Al llegar al primer collado, el que da paso al ibón de Llardaneta, hicimos una redistribución de la carga de las mochilas. Esther llevaba buena parte de la "quincalla" y su peso le estaba pasando factura. Su carita de pena recordaba al perrito del anuncio. ¡Pobre! ;-)
A partir de aquí, junto al ibón, el suelo estaría cubierto de nieve hasta el collado de Eriste. Esto nos facilitó seguir huella en medio de la a veces espesa niebla, dado que allí no era visible casi ninguna marca de pintura del GR.

A pesar de que varias de las reseñas aconsejaban hacer la cresta desde el pico Pavots/Tucón Royo (3.121 m) o el collado del Tucón Royo, la niebla nos había decidido a buscar una referencia fácilmente localizable, por lo que fuimos directos al Collado de Eriste (2.860 m). Aún así, las guías seguían desaconsejando el paso por el Diente Royo (3.010 m). Pero si queríamos llevar buen rumbo bajo la niebla, la única solución que encontraríamos sería la de hacer la cresta completa, cimera, salvo algún leve flanqueo imprescindible. Pero si tratábamos de esquivar algo más, corríamos el riesgo de no saber dónde nos metíamos.

Eran ya las 10:00 de la mañana. Habíamos tardado tres horas en llegar tranquilamente al collado, dando tiempo para ver cómo avanzaba el día. Seguíamos con dudas. ¿Y si empeoraba el tiempo y nos encontraba allá arriba? Bueno... nos iríamos acercando hacia el Pavots, controlando las posibles vías de escape y, según viéramos el panorama, continuaríamos o no. Todo mejor que quedarse jugando al dominó en el refugio.

Foto: Javier Rubio  
Trepando al descubierto  

Y comenzó el cresteo. Fuimos enlazando el Diente Royo (3.010 m), el Pavots o Tucón Royo (3.121 m), Las Espadas (3.332 m), Tuca de Llardaneta (3.311 m) y la Tuqueta Roya (3.273 m). Sinceramente, con poca certeza de en qué punto estábamos en cada momento, ni cuáles eran los nombres de los lugares por donde pasábamos. Había olvidado calibrar el altímetro en algún punto de referencia, y las cambiantes presiones, con tendencia a la baja, no lo ponían más fácil. Pero, a fin de cuentas, ¿qué más daba? Lo que hace especial a una montaña o cresta no es el saber su nombre, su altitud, sino hacerla, disfrutarla. Y de eso estábamos cumplidos.

La primera parte hasta el Pavots fue la más lenta y delicada. La niebla estaba muy baja y no había pasos apreciables. Había que ir buscando en cada momento por dónde interesaba más trepar y destrepar. Procurando ir por lo más alto de la cresta nos asegurábamos de mantener el rumbo y orientación. El peso de las mochilas, con herrajes y cuerda que no llegamos a utilizar en ningún momento, no facilitaba la tarea. Es cierto que la cuerda nos daba la seguridad de saber que, ante una necesidad, no nos veríamos encallados. Pero las trepadas (grimpadas) se hacían más expuestas.

El casco. Eso sí que vino genial. De no haber sido por él, ahora mismo estaría escribiendo esto con un par de brechas en la cabeza. La piedra descompuesta de los primeros tramos, con agarres precarios y poco firmes, lo hacen más que aconsejable.

  Foto: Javier Rubio
  La cresta impresiona

Sería difícil y poco útil describir cada paso de la cresta. Hasta El Espadas, casi intuitivo, sin marcas. Solo vimos un par de hitos. Algunos pasos se veían aparentemente imposibles, pero al acercarse a ellos, fácilmente se encontraba la vía más cómoda de acceso. Mientras que no diera reparo trepar con el trasero al aire, nada complicado. De ahí en adelante era fácil encontrar trazas de un camino bastante trillado, lo que no evitaba algunos pasos expuestos, bonitos, espectaculares. De todas formas, hay abundantes fotos. Aparte de que avanzábamos más pendientes de cada pie y mano que de registrar el orden de las trepadas, cresteos, laderas, neveros... Baste decir que la cresta completa, sin contar la aproximación, desde el punto de inicio indicado, nos llevó seis horas completas, incluidas paradas y comida. De no haber llevado tanto peso y haber carecido de la traba de la niebla, lo hubiéramos podido reducir bastante. ¡Uff! Las piernas cargadas y las manos erosionadas daban fe de ello.

No había nadie más a la vista. Solo en el tramo entre El Espadas y Llardaneta empezamos a ver a lo lejos a un par de montañeros. Les dimos alcance cerca de la Tuqueta Roya. Habían empezado por el Paso del Tucón Royo, accediendo junto a la Tuca del Forau de la Neu desde el arranque de la Canal Fonda. El resto de la cresta, con el viento trayendo y alejando la niebla, había sido enteramente para nosotros dos. La montaña y nosotros. Nada más.

Finalmente, tras una pedrera que aparentaba ser más larga de lo que resultó, hicimos cumbre en el Posets o Llardana (3.375 m). Nuestra alegría era palpable. Nueve horas desde que habíamos salido del refugio. Esther fue la primera en pisar cumbre. Ese honor le correspondía. A continuación lo hice yo. En pocos instantes llegaron los otros dos montañeros. La cumbre estaba vacía en contra de lo que es habitual. Solo el vértice geodésico con un chupete colgado (literal). El Posets, tal vez debido a su fácil acceso por la vía tradicional, o por su altura... o por su bella e imponente estampa, es una de las cumbres más visitadas, por público de lo más variopinto. Esta vez el mal tiempo había hecho desistir a la mayoría de su amplia cohorte.

Para mí era la segunda ascensión. Para Esther, por lo menos su tercera. Y desde luego, no serían las últimas.
Hicimos las fotos, sacamos a Chispita de paseo, bromeamos con seguir hacia el Pico de los Gemelos, comimos y descansamos unos minutos... Nos lo habíamos ganado.

Foto: Javier Rubio  

El Diente de Llardana custodia la Canal Fonda

 

La bajada fue dejarse caer (casi literalmente) por el hombro del Posets (mal llamado "espalda" por una mala y pésima traducción) y enfilar la nevada Canal Fonda. Antes, echamos un vistazo al siempre altanero Diente de Llardana (3.094 m). Su acceso es mucho más fácil de lo que aparenta a simple vista. Ya estuve en su cumbre tiempo atrás con Daniel (hay crónica en esta página). Esther no la tenía en su lista y a mí me hubiera gustado repetir. Pero algo nos impelía con una cierta premura hacia el refugio: se acercaba la hora de la cena. ;-)
Aprovechamos para sacar algunas fotos y bajamos tranquilamente para encontrarnos de nuevo con el GR. Cruzábamos la puerta del refugio Ángel Orús a eso de las 19:20 horas. El tiempo justo para descargar bártulos, asearnos un poco y estar en orden de revista en el comedor. Esther, fiel a su "segundo deporte" volvió a quedarse hasta tarde hablando y hablando sin parar con todo el que se pusiera a tiro. Mi persona, más modesta, se fue a acostar para dirimir con la almohada una intensa y remuneradora jornada.

El domingo siguiente, día 5, amaneció soleado. Demasiado soleado tal vez. Agradecimos que tanto sol no nos hubiera pillado en la cresta el sábado. Hubiera sido matador. Quisimos hacer algo tranquilito, partiendo a otra zona, para no repetir senderos del día anterior. Decidimos subir al pico Salvaguardia, en el valle de Benasque, famoso por su amplias vistas panorámicas. Pero las condiciones de la nieve según nos informaron los forestales lo desaconsejaban. La placa de nieve podía desprenderse en cualquier momento. Bueno... Ya habíamos hecho el cupo del fin de semana. La alegría de haber cumplido nuestro reto nos hacía justificable dedicar el tiempo a descansar. La mirada del montañero se embriaga con altas y señeras cumbres, horizontes sin fin. Pero al mismo tiempo no deja de admirar las pequeñas flores, los frondosos bosques, las cristalinas aguas, el susurro del viento...

Texto: Javiere

Más fotos de la ruta en este enlace

 

 

NOTAS

Accesos: Bueno, una vez más, ya que es más cómodo, remitimos al enlace de la Guía Campsa para que cada uno se calcule su ruta. Recordamos que la pista de acceso al aparcamiento del Refugio se toma casi a la salida del pueblo de Eriste (dirección Benasque), a mano izquierda, junto a unos barracones blancos. Actualmente hay un gran cartel amarillo que indica que la carretera está "cortada por obras", y un cartel más pequeño, menos visible, que señala que es la ruta de acceso al Refugio Ángel Orús. Aunque la pista, de hormigón, grava y baches por tramos, está en muy mal estado, merece la pena eludir hacerla andando. Para andar ya estará la montaña, no una pista tan ingrata y dura. Eso sí, es desaconsejable subir con coches que tengan poca altura de bajos.

Mapas y Bibliografía: De Editorial Alpina. Posets Perdiguero. Valles de Benasque y Estós (a escala 1:25.000). También los hay de Editorial Prames y alguna otra, pero no tenemos a mano las referencias. ;-)

Material: Crampones y piolet si se trata de invernal. Incluso en el tiempo narrado, el piolet nos fue útil, no así los crampones. Dado el estado de la piedra, muy suelta y descompuesta, es recomendable llevar casco. O eludir la línea de subida del precedente. La cuerda no es imprescindible, aunque sí aconsejable si tememos quedarnos bloqueados o necesitamos un aporte extra de confianza. Pero con una simple cuerda "salvapasos", que sea ligera de peso, se cubriría el expediente.

 

 
 
 
 
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