MONTAÑEROS.POP
 
 
DE VUELTA EN EL VALLE DE ESTÓS
 

25 de marzo de 2005. ¡De regreso a Pirineos! Habíamos hecho otras escapadas, pero, o no llevábamos cámara de fotos, o no nos parecieron dignas de ser registradas. Esta vez había que darle color. ¿Nos saldría bien?

A media tarde del viernes nos pusimos en camino desde Reus (punto de encuentro donde confluimos) en dirección al valle de Benasque. Nuestras previsiones de actividad eran tan cambiantes como el tiempo, inestable y poco halagüeño. Solo teníamos una cosa clara: en casa no nos podíamos quedar. ¿Otro curso a distancia sobre "hágase campeón del mus"? Pues no. Coche, mapas, mochila y a la carretera. Los tres mosqueteros, Coque, con Esterina Aspirina a la cabeza, Javiere y un zoológico de peluche, nos lanzamos en dirección a los Pirineos esos del norte.

Llegamos al pueblo de Benasque ya anochecido, saludamos y, tras disfrutar de la hospitalidad de Daniel y Begoña (bueno, más de Begoña que de Daniel), marchamos a plantar la tienda en el Plan de Senarta. Las previsiones no eran buenas: lluvia y más lluvia. Aún así, trasteábamos con la idea inicial de subir por el Valle de Lliterola, recorrer algunas de su cumbres y, tras pernoctar arriba junto al ibón, continuar el domingo con el plan. Habíamos llevado dos tiendas al efecto. Pero la pernocta de esta primera noche, con el sonido de una alegre y vigorosa lluvia contra el techo de la tienda, difuminó nuestras espectativas iniciales. Decidimos trocarlas por otra tentativa: "¿Y si nos acercamos por Estós? ¿Encontraremos plazas libres en el refugio?". Probemos.

Sábado por la mañana. Aparcando en la entrada al valle de Estós nos encontramos con uno de los guardeses del refugio, camino del pueblo. Nos confirmó la disponibilidad de plazas, y empezamos la subida sopesando sobre la marcha qué posibilidades teníamos, qué podríamos hacer. No era nuestra primera visita al valle, y queríamos hacer algo que nos resultara atractivo, aunque se tratase de una repetición. ¿Volver al Perdiguero? ¿Entrar hacia Clarabides? Con eso a la vista, cargamos en las mochilas lo necesario desechando lo superfluo. Tras pasar junto al embalse de Estós, llegamos a la palanca [puente] de l'Aiguacari, donde hicimos una breve parada técnica. Adecuación de ropa y aperos. ¡Arriba!

  Foto: Javier Rubio
  GR-11, valle de Estós
 

La ruta es básicamente seguir el trazado que marca la GR-11 por el valle. En poco menos de tres horas, a paso tranquilo, llegábamos al refugio de Estós (1890 m), bastante concurrido, donde descargamos parte del material, descansamos unos minutos, e inciamos marcha hacia el que sería nuestro objetivo principal: el Pico Jean Arlaud. Conocido, pero no tan concurrido como su famoso vecino el pico Gorgas Blancas (Gourgs Blancs), ni como Clarabides o Gías. Enfilamos hacia el barranco de Gías, bajo cielo nublado; inestable, pero factible para la actividad en caso de haber permanecido así. Superamos las primeras pendientes blancas, ganando altura. Comenzó a nevar. No suponía impedimento. Solo adecuar la vestimenta. Seguimos avanzando.

Superamos el primer escalón, continuando la marcha. A los pocos minutos nos encontramos con que ya no se trataba sólo de nieve (que seguía cayendo), sino de niebla, que había continuado ampliando sus dominios y acabando por fundir el cielo con la tierra nevada.
Sin puntos de referencia, sin visibilidad, era imposible continuar. Estábamso aprox. en la cota 2.300. En breve consideración, optamos por dar la vuelta y regresar por el camino que habíamos traído. Había sido un intento de cerca de hora y media en la ida.

Llegamos una vez más al refugio y, tras unos momentos sublimes, eternos, de charla tirados de cualquier manera en las literas del dormitorio, bajamos y nos sumamos a la barahúnda que colmaba el comedor. Sufrimos a un grupo exageradamente escandaloso y chillón de montañeros de Valladolid, y fuimos dejando pasar el tiempo -entre dominó, parchis y otras intelectualidades- a que la ansiada cena pudiera estar sobre la mesa, humeante y mirándonos con ojitos tiernos. "¡Cómeme!"

En el ínterin, llegó al refugio a una senderista lesionada, ayudada por manos ajenas. Había resbalado en el hielo del camino dañándose seriamente un pie. Estherina Aspirina, la fundadora, presidenta y única socia de "Farmacéuticas Solidarias al Rescate", saltó enfundada en blanca capa de superheroína, y se lanzó a asesorar acerca del correcto tratamiento, medicación y cuidados a seguir. Quienes la vieron de cerca en esos momentos aseguran que creció unos centímetros en estatura. :-)))
Al día siguiente, la magullada damisela de cabellos ardientes tuvo que ser evacuada en mágico helicóptero, escoltada de verdes guerreros élficos. Mas su gentil caballero hubo de salir del valle a pie. Cuestiones de peso...

La noche coincidió con el cambio de horario. Habíamos perdido una hora entera, toda llenita de sus minutos, sin saber exactamente por qué. Sin excesiva prisa, despejando telarañas, bajamos a desayunar y acabamos poniéndonos en marcha alrededor de las 9 de la mañana. A diferencia del sábado, este domingo se presentaba radiante, luminoso, y con un cielo bastante despejado, aunque no exento totalmente de nubes.

Foto: Javier Rubio  
Buscando la boca del Metro  

Comenzamos la misma ruta de ascenso del día anterior, hacia la Ball de Gías. Tras el sendero inicial, entramos en la zona nevada y nos calzamos los crampones, con los pinchos para abajo (hacia arriba creo que duele), para avanzar sobre nieve aún helada. El sol se iba haciendo patente al ascender. Sudor. Con algunas dudas iniciales de orientación de cumbres ("Esa... ¿no os parece el Tibidabo?"), fuimos localizando la traza y enfilando hacia el pico Jean Arlaud. Dirección Norte. Constante ascenso, algún llaneo, nieve desigual que provocaba inesperados hundimientos tras firmes estables... Teníamos toda la montaña, inmensa, blanca y rocosa, para nosotros solos. No se veía a nadie más. Incluso, con la nevada del día anterior, eran nada o escasamente visibles las huellas de días previos. Abríamos huella en una montaña que solo estaba para nosotros.

A nuestro favor jugaban varios factores: era domingo, cuando muchos empiezan el regreso a sus casas, no aprovechando este postrer día; el mal tiempo del día anterior no dejaba prever la mejoría del actual; y el hecho de que nuestra meta fuera un pico menos famoso que sus vecinos Gorgas Blancas (Gourgs Blancs), Clarabides, Gías... Y que su ascenso, si bien no es de seria dificultad, sí es algo más exigente. No es un simple paseo dominical.

Conseguimos llegar al pie del amplio corredor. Las piernas, algo cargadas, sumando el esfuerzo del intento del día anterior y lo trazado en el presente. Pero con la ilusión por las nubes. ;-) Aunque no era imprescindible, habida cuenta del aceptable estado de la nieve y la intención de practicar, optamos por ascender encordados. Estaría bueno no hacerlo, después de cargar tanto tiempo con los 50 m de la cuerdecita de marras... La nieve permitía buena huella, salvando las placas de hielo. Y aunque la pendiente era notable (alrededor de 50º, sin exagerar, payo), una hipotética autodetención no habría supuesto demasiados problemas. ¿No ha ido nadie a un parque de atracciones? Pues esto es gratis. :-)))

Comenzamos la progresión. Debimos pasar junto al ibón de Gías, pero bajo la nieve era imperceptible; constante subida, paso a paso, hasta llegar finalmente al collado entre ambas cumbres, Gorgas Blancas (3.129 m) y Jean Arlaud (3.065 m). En este punto da comienzo la trepada por roca y nieve (con alguna pequeña placa de hielo) hasata la cima. Básicamente se trata de un grado III, con un posible paso de nivel IV según la experta opinión de Coque. Tener las manos ocupadas no se prestaba para hacer muchas fotos aquí. Unas pocas reuniones, aseguramiento, progresión escalonada, y finalmente llegamos a la cúspide nevada, junto al hito que marca el punto culminante de nuestra ascensión. Alegría. ¡Hemos llegado!

Empezamos con las felicitaciones, plácemes y reverencias, exhibiendo las mejores sonrisas que permitían las fuerzas (y la edad...) Sacamos la parafernalia de retratar, y nuestras inseparables mascotas: la jirafa Rafa, la vaquita Motitas y la tortuga Chispita. Sin ellas, la montaña parecería un poco más vacía. A fin de cuentas, se portan tan bien y piden tan poco...

Ya desde antes de llegar a cumbre disponíamos de tiempo apacible, aunque nublado. En algún momento la niebla nos llegó a cubrir y cerrar la visibilidad. Pero allá arriba, por unos instantes, los cielos se abrieron de nuevo permitiéndonos disfrutar de una limpia panorámica. De toda la belleza que solo la montaña es capaz de mostrar, como un milagro que se renueva y aflora cada día. Si en algún momento hubo duda en cuanto a si merecía la pena el esfuerzo, si acaso se hubiera dado esa posibilidad... en este momento se despejaron todas las dudas. El delito hubiera sido quedarse abajo.

  Foto: Javier Rubio
  El primo del Yeti
 
De todas maneras, la inestabilidad seguía en el aire. No todos los valles circundantes nos mostraban su mejor cara, y se hacía necesario bajar sin más dilación. La hora era también avanzada (algo más de las 14:00 horas). Retrocedimos para comenzar el destrepe. Buscando lugares para asegurar las maniobras, cuidando lo que ocultaba la nieve bajo su manto, regresamos al collado. Coque, al ser ahora el último de cordada, asegurando a los que íbamos delante, optó por darse el gusto de bajar el último tramo en rápel, aunque le costase una de las cintas. Si es que siempre hay categorías. :-)

Enfilamos de nuevo el corredor, de cara a la pared, descendiendo paso a paso. Pusimos la cuerda en simple, recogiendo el sobrante con algunas gazas, para que estorbase menos el avance. En ocasiones se preocupaba uno más de no pisarla con los crampones que del resto de maniobras envueltas en la coreografía: pie, pie, piolet; pie, pie, piolet... ¡Maaaaaaambo!

Final de corredor, desencordado y rápida recolocación del material. El tiempo seguía oscureciéndose y aún nos quedaba un largo trayecto hasta el Refugio.

Empezamos a deshacer la ruta de subida. Siguiendo estrictamente (o casi) la huella previa, fuimos perdiendo altura. Nos empezó a nevar, con bolitas de nieve helada, sin llegar a ser granizo. Alcanzamos el refugio bajo lo que ya era agua. ¡Casa! "Por mí y por todos mis compañeros..."

Descansamos un buen rato. El refugio estaba casi vacío; solo quedaban dos montañeras, que pernoctarían allí, y Joaquín, el guarda. Una lánguida tarde de domingo. Cambio de ropa, recogida y colocación del material y ¡hale!, a tomar el camino que nos sacaría del valle de Estós. La pena de dejar atrás tanta belleza; la certeza de que volveríamos; la alegría de haber disfrutado del tiempo, del ambiente, de la montaña.

Foto: Javier Rubio  
Blancanieves y alguno de sus enanitos  
Llevábamos medio camino hecho cuando empezó a llover, de manera algo tímida. Cesó. Pero regresó con refuerzos. Apretó y siguió presente en todo lo que nos quedaba hasta el coche, aparcado a la entrada. Al llegar a él, cuando ya había anochecido, descargamos como pudimos los mojados pertrechos en el maletero. Aún teníamos que ir al Plan de Senarta a desmontar la tienda base, y recoger los sacos que allí dejamos. Quedaban muy pocas tiendas plantadas. Teníamos la duda de cómo hacerlo para mojarnos lo menos posible... cuando dejó de llover. ¡Genial! Salimos a aprovechar con el desmontaje... y empezó a llover de nuevo. Ya no había marcha atrás. Recogimos todo, lo metimos en el coche "a mogollón", montamos... y dejó de llover de nuevo. ¿Era esa la despedida jocosa de la naturaleza? A la montaña se le perdona todo, se le permite todo. Ella es la reina.
Y como reina que es, nos tendrá de nuevo a sus pies en cuanto tengamos ocasión. Por ella.
 
 
Las fotos en el siguiente enlace
Texto: Javier Rubio
Fotos: Coque y Javiere

 

NOTAS

Acceso: ¡Uff! Esta vez, nuestro punto de partida fue Reus, donde trabaja ahora Esther. Coque llegó en coche desde Valencia, y Javiere fue desde Madrid en tren. De Reus fuimos los tres en coche a Benasque y Plan de Senarta. Como será difícil que a otros se les den las mismas condiciones, mejor ponemos este útil enlace y cada uno busca la mejor manera de llegar desde su localidad.

 
Mapas: De Editorial Alpina, Posets Perdiguero. Valles de Benasque y Estós (a escala 1:25.000). Todo el valle de Estós y anexos de un vistazo.
 
Material: Dependiendo de lo que se quiera hacer, y de la época del año, cada uno llevará su apaño (es obvio). Para la fecha indicada, imprescindible piolet y crampones (dos, uno por cada pie). Para ciertos pasos, recomendable o imprescindible cuerda, arneses y cabuyería. Adecuada ropa de abrigo. Polainas. Gafas y embozo. Bastones o raquetas, al gusto de cada uno.

No es imprescindible tener licenciatura de Farmacia. No todo el mundo es como Estherina. Si veis "Bricomanía" de vez en cuando, también se convalida.

 

 
 
 
 
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