MONTAÑEROS.POP
 
 
¡QUE VIENE EL LOBO!
 

8 de diciembre de 2004. Teníamos que conciliar dos aspectos en aparente oposición: necesitábamos salir a la montaña. Pero el tiempo del que disponíamos era reducido. ¿Descartaríamos la posibilidad para otra fecha más desahogada? Nos podía más el deseo, y buscamos la forma de hacer una ruta corta pero que mereciera la pena. Creemos que lo conseguimos.

Nuestra meta era el bien conocido Pico del Lobo, entre las provincias de Segovia y Guadalajara, ambas Castillas. Pepe siempre está hablando maravillas de esta zona, de la cual es buen conocedor. De hecho, dicen las malas lenguas que se la conoce mejor que el pasillo de su casa. Nos íbamos a juntar Fernando, Mina, Mino, Luismi, Pepe "artillero" y Javiere. Salimos de Madrid en dos grupos, llegando al "campo base", el aparcamiento de la pequeña Estación de Esquí de La Pinilla (1.500m). Aparcamos y nos equiparnos. Fernando aprovechó los momentos de distensión para atender su llamada con la naturaleza, apartándose del grupo. Debió dársele bien, pues regresó con cara de satisfacción. Emprendimos la marcha a las 10:20 de la mañana.

  Foto: Javier Rubio
  Y parecen buenos chicos

En el aparcamiento había más movimiento de lo habitual. Los cañones de nieve de las pistas estaban funcionando de pleno. Pero nuestra batalla era otra. Arrancamos en dirección Sur, entrando en el pinar, tras los primeros edificios de la estación; acortando hacia la pista forestal que empieza a ganar altura a base de zetas. Según avanzábamos, el terreno en principio escasamente cubierto de nieve, comenzó a ser todo él una blanca alfombra. Los regueros de agua del día anterior se habían trocado en peligrosas placas de hielo, lo que junto a la nieve helada hacían algunos tramos de más delicado tránsito. Pero sin que llegara a ser preciso calzarse crampones. Solo esquivar... lo que a alguno no se le dio demasiado bien. :-))

La pista acabó por salir del pinar y nos lanzó a la despejada ladera al sur del Cerro del Aventadero. Desde esa altura, toda la vertiente noroeste de la cuerda era un inmenso mar de nubes que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Por contra, la vertiente sureste permanecía despejada, mostrando con nitidez todas sus cumbres, hasta el pico Ocejón, así como las inmediaciones del hayedo de Tejera Negra. Ahora la pista había dejado paso a un camino de huella bien marcada sobre nieve helada. Accedimos a un pequeño collado, junto a la cota 2.204. Breve parada técnica que Mino aprovechó para dejar discretamente su impronta en forma de aguas menores.

Fernando tiene un cierto imán para las cumbres; es incapaz de ver una cercana sin lanzarse a la cumbre, de manera casi irresistible. Teníamos ya la cumbre del pico del Lobo a la vista, pero la vecina altura, cota 2.204, estaba pidiendo a gritos que alguien la visitara. Y allá se fue Fernando, literalmente a la carrera. Por mera precaución, por no dejar a un hombre solo en la montaña (que está muy feo), Pepe y Javiere se lanzaron en pos de él, hasta hacer cumbre sucesivamente. Eran las 12:20 de la mañana.

Foto: Javier Rubio  
El Pico del Lobo  

El día se había presentado espléndido. Despejado, algo fresco, pero sin que en momento alguno fuera molesto; soleado, haciendo que la nieve brillara con tonos nacarados en toda su gama. Un día de esos en los que se echa a andar sin cuidado del reloj, recorriendo cordales, oteando horizontes, fundiéndose a la montaña con reposo y frenesí.
Pero nuestro tiempo se estaba agotando, sin posibilidad de prórroga. Y la realidad se imponía al deseo. Por esta vez.

Enfilamos hacia la cumbre final, a donde llegamos en diez minutos más, al mismo pie del vértice. El Pico del Lobo (2.273m) fue alcanzado a las 12:30 de un miércoles ideal para hacer montaña. Un día perfecto. El techo del mundo divisable.

Por desgracia, al mismo pie de la cumbre la estampa deja de ser todo lo idílica que pudiera. Los restos de una ruinosa edificación, restos de hierros, hormigón y ladrillos abandonados, afean la perfección, la profanan, mostrando cuán estúpido puede llegar a ser el hombre, y cuán poco dispuesto está a deshacer las tropelías que comete. Por años está allí, esperando que alguien haga un esfuerzo para retirar los escombros. Esfuerzo que no debieron dudar hacer cuando se levantó el edificio, y que hoy nadie parece dispuesto a remediar.

Con esa salvedad, el panorama que se abría ante nosotros era impresionante. Nos dolía saber que debíamos emprender el regreso en breves instantes. Robamos tiempo al reloj para contemplar cumbres y cielo; para las fotos de rigor; para que Chispita hiciera sus pinitos subiendo al mismo vértice geodésico. También cayó alguna barrita y algo de líquido en el gaznate. Había que celebrarlo. Y comenzamos el descenso.

 
Foto: Javier Rubio
  Txispita Xtrem

Sin mayores dificultades que dejarse caer por la misma huella, con una nieve ya más reblandecida por el efecto del sol, nos acabamos introduciendo nuevamente en el bosque, que nos condujo al aparcamiento. Allí nos esperaban Nekane y Mª José, montando guardia. El siguiente paso a esas horas estaba claro: había que comer. Y con esa idea en mente (y estómago) nos dirigimos a la cercana Riaza. :-b

En esta ocasión la ruta descrita es bien breve. Cumbre en apenas dos horas; hora y media el regreso, que se hubiera visto reducido de haber llevado el paso más vivo. El tiempo no daba pie a más. Pero la sensación general con la que regresamos fue que había valido la pena dedicar este tiempo al Pico del Lobo, a esta parte de la Sierra de Ayllón. La otra opción habría sido únicamente urbanita, algo siempre accesible. Sin el mismo encanto. Hay rutas largas, y rutas cortas; esta era de las cortas. Días buenos y malos. Este fue excelente. Lo que nunca falta, lo que siempre hay es una ruta para disfrutar de la montaña. Y mil excusas para regresar, ¿verdad, Pepe?

Texto: Javiere

Más fotos de la ruta en este enlace

Ruta sobre el mapa

NOTAS

Acceso: Desde Madrid capital salimos por la Autovía A-1, dirección a Burgos. En el Km 102 tomamos la salida en dirección a Cerezo de Arriba (no confundir con Cerezo de Abajo, que está poco antes) y Riaza. Nada más pasar el pueblo de Cerezo de Arriba, dejándolo a la derecha, tomamos el desvío (poco visible) con dirección a la pequeña Estación de Esquí de La Pinilla, donde aparcamos. Son 115 kms. y aproximadamente 1h 15m.
 
Mapas: De Editorial La Tienda Verde, Sierras de Ayllón y Ocejón (a escala 1:50.000). No es tal vez la escala que más nos gustaría, pero la amplia zona de interés que abarca lo hace recomendable.

Material: Para la ruta y el tiempo descritos, calzado de senderismo y buena protección para el viento frío. Tal vez tener a mano los crampones por si alguna travesía sobre nieve helada los hace aconsejables. Gafas de sol recomendables. Y si le preguntamos a Mina (o sea, "antes muerta que sencilla"), im-pres-cin-di-ble el Garmin Forerunner 201 súper-mega-chachi-guay. ;-)

 

 
 
 
 
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