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SOBRE
EL BISAURÍN, POR FIN |
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Octubre/Noviembre
de 2004. Teníamos un fin de semana largo por delante. Íbamos
a atender una vez más la llamada del Bisaurín,
cumbre nada difícil, pero que el año pasado nos había
dejado con la miel en los labios. En aquella ocasión (también
relatada en esta web) tuvimos que retroceder ante la persistente lluvia.
¿Cómo respondería el tiempo este año? Solo
había una manera de saberlo. El sábado continuamos en los coches, subiendo por la carretera a la Selva de Oza. Pasamos el vacío cámping de Oza, y aparcamos poco antes del puente que cruza el río Subordán. Iniciamos la subida. Tomamos por el Barranco de Acherito, dirección Norte, en la bifurcación indicada con paneles informativos. Dejamos a nuestra derecha el camino que sigue hacia el Puerto de Palo, antigua vía de paso desde tiempos ancestrales, zona abundante en dólmenes. Teóricamente se accede al ibón en un par de horas de caminata; en nuestro caso, por los motivos ya indicados (montañeros de talla reducida), tardamos unas dos horas y media en salvar el largo desnivel de 600 metros. Mereció la pena, como atestiguan la fotos. Viento frío, niebla a ratos, colorido otoñal y montaña, mucha montaña. Libertad, esfuerzo. Un día disfrutado.
El día siguiente, domingo era nuestro gran día. Aprovechando el cambio de hora, madrugamos y salimos del albergue poco antes de las siete de la mañana. La noche estaba cerrada y el ambiente en fría calma. En coche nos acercamos hasta el final de la carretera, donde aparcamos cerca del punto final del asfalto, el refugio de Gabardito. Recogimos el material, se soltaron un par de bostezos e imprecaciones, y nos introdujimos en la senda del bosque de hayas, aún en blanco y negro, pisando sobre el mullido suelo mojado. Al llegar junto a los cortados del Salto de la Vieja recordamos que el pasado año aquí había hielo. En esta ocasión, no. Continuamos la subida, hacia el pequeño Refugio abierto de Dios Te Salve (1.740 m). Este fue el punto final para nosotros en el anterior intento. Esta vez, sin lluvia que nos impidiera continuar, solo fue un punto más de referencia en nuestro ascenso. El campo comenzaba a verse cada vez más cubierto de níveo manto. Cruzamos el Plan d'Añiz y, en torno a la cota 1.950, optamos por hacer una parada técnica para colocarnos los crampones y blandir los piolets. El viento gélido se cebaba en nosotros, dificultándonos la tarea. Daniel, terco como él solo, dijo que podía más su voluntad que el viento... y optó por ponerse solo una de las polainas, ante su impericia para colocarse la otra. ¿Alguien se preguntaba por qué en las fotos solo luce una? He aquí la impresionante razón. :-) Continuamos, llaneando, hacia nuestra siguiente referencia, el Cuello de lo Foratón. Curiosamente, esta zona en apariencia más expuesta, nos brindó abrigo frente al fuerte viento. Abrigo que desapareció cuando al poco llegábamos al Cuello. En este punto, dejando a nuestra derecha el Puntal Alto de lo Foratón (2166 m), trazamos ruta al Norte comenzando la fuerte subida. 630 metros en poco más de kilómetro y medio. El tiempo, hasta ese momento, se había portado bien con nosotros. Si bien es cierto que el fuerte viento dejaba sentir su presencia, el ambiente era en líneas generales claro y calmo, llegando a recibir el sol en algunos momentos. Pero a partir de entonces, nos fuimos introduciendo cada vez más en una niebla que persistía en cubrir la amplia mole del Bisaurín.
Fuimos desperdigándonos en la subida, adoptando diferentes ritmos de ascenso. Antonio, para demostarnos que desayuna como los campeones, se puso en cabeza, distanciándose cada vez más. Al rato, tras algunos cambios de posición en la rehala, la niebla hizo que perdiéramos en ocasiones el contacto visual entre nosotros. Y lo que era peor, a mayor altura, pisando nieve helada y rodeados de niebla por todos lados menos por uno, la huella era difícilmente perceptible. Urgía parar para reagruparnos, lo que hicimos a pesar del frío. Reunidos
y a la vista, continuamos, llegando en pocos minutos a la cumbre. ¡Lo
habíamos conseguido! Era fantástico. Si bien es cierto
que en muchos aspectos el Bisaurín es una cumbre
modesta, con solo 2.669 metros, para nosotros en aquella ocasión
era la meta a conseguir. Nuestro aliento. Acto seguido, y ante la imposibilidad de permanecer más tiempo parados allá arriba, sin nada que poder ver, comenzamos el descenso. Buscando seguir la huella, por unos momentos la perdimos. El riesgo era errar la ruta e intentar la bajada por zona no practicable, lo que nos hizo aminorar la marcha, precavidos. En breves minutos, comenzamos a ver algún montañero que subía, con lo cual ubicamos y retomamos el camino. Nos habíamos desviado solo unos pocos metros. Suficientes. El tiempo empeoraba por momentos. La niebla se volvía más densa, y había comenzado a nevar. Cuando al ir perdiendo altura aumentamos nuestro campo de visión, pudimos ver que numerosas ascensiones venían por detrás. No habían madrugado mucho, y ahora sufrían las consecuencias del cambio.
Hasta entonces habíamos tenido la montaña para nosotros solos; no nos encontramos con nadie en toda la ascensión. Habíamos disfrutado de un buen tiempo, que para entonces se había trocado en dificultoso. Y habíamos ido bien equipados: con sorpresa pudimos comprobar que buena parte de los que por detrás venían tuvieron que darse la vuelta: por el empeoramiento de la visibilidad, y por no llevar siquiera crampones. La pala de nieve, con su pronunciada pendiente, y el hielo existente cerca de la cumbre, hacían casi imprescindible un mínimo de material. Deshicimos
lo hecho con una cierta premura. Habíamos dedicado más
tiempo del calculado en subir (algo más de cuatro horas), por
las condiciones ya descritas. Y abajo las familias esperaban con los
estómagos vacíos. Era alrededor de la una de la tarde
cuando pasábamos de nuevo por el Plan de Dios Te Salve,
y aún había que llegar al coche, regresar al albergue,
y asearse para marchar a comer. Subida
al Bisaurín. Tuvimos que esperar un año, pero lo conseguimos.
La montaña nos estuvo esperando. No pudimos disfrutar de sus
amplias vistas, pero sentimos su corazón cercano a los nuestros.
Nos costó, con lo que el aprecio se hizo más profundo,
más saboreado. Y quedamos con la cierta sensación de que
volveríamos. Que no faltaría la ocasión en la que,
de nuevo, visitáramos a nuestro blanco amigo. Más fotos de la ruta en este enlace Texto: Javiere NOTAS Accesos: Desde Madrid, se sube toparriba, y tras varias horas, se llega (esto lo ampliaremos en breve, por si alguien no sabe cómo ir y no localiza a algún guardia urbano para preguntarle). Mapas:
De Editorial Pirineo, Valles de Ansó - Echo - Aragüés
(a escala 1:40.000). De Rando Editions / Institut Cartogràfic de
Catalunya, Ansó - Echo - Orhy - Roncal - Anie - Bisaurín
(a escala 1:50.000); Evidentemente, por escala y detalle, es preferible
el primero de los dos citados.
Material: En la ruta y fecha descritas, crampones y piolet. La pala de subida al pico tiene fuerte pendiente, y si está la nieve helada, es jugar con la suerte subir a pelo. También hay que tener en cuenta lo expuesto de la zona al viento, dato importante a la hora de preparar prendas de abrigo, guantes, gorra y similares.
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