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APROXIMACIÓN
A LAS DOLOMITAS |
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Agosto
de 2004. El plan se llevaba fraguando por varios meses. En principio,
un grupo relativamente numeroso; al final por diversas circunstancias,
quedamos solo Enrique y yo. Sopesamos de nuevo las opciones y posibilidades;
el esquema había cambiado. Los gastos del viaje iban a ser mayores
a los inicialmente calculados. Un vehículo, y solo dos personas
para sufragar combustible y peaje. Pero, ¡qué caray!, si
"París bien vale una misa", las Dolomitas
bien valían el esfuerzo. ;-) Día
12. Madrugamos, retomando la ruta 606.
Entre niebla, rodeamos por el Oeste hacia el Sur, en dirección
a la Forcella (collado) della Marmolada, para entrar
a la antigua vía ferrata, de la I Guerra Mundial. Pasamos junto
a restos de viejas posiciones militares, cuevas excavadas en roca, herrajes
antiguos junto a otros más recientes. Abajo, el valle se escondía,
cubierto bajo un extenso mar de nubes. Tras hacer el cresteo cimero,
pasamos junto a un pintoresco refugio chabolista, e hicimos cumbre con
algo de niebla en Punta Penia (3.343 m), la cima más
alta de Marmolada. Cruz de estructura tubular metálica junto
al antiguo vértice geodésico. En España los hacen
con un tubo de hormigón; allí son columnas triangulares
metálicas, pardas de óxido, con escudo y año de
colocación. Día 13. Temprano en la mañana subimos con el coche hasta algo más arriba del pueblo de Coi, desde dentro de Àlleghe. Nos evitamos así una larga caminata de fuerte pendiente. Era mucho lo que teníamos previsto andar aún. Allí aparcamos cerca de una vacía estación de esquí, donde termina la pista, en Piani di Pezzé. E iniciamos la subida a través del bosque, entrando luego en una tortuosa canal para subir hasta el bello Lago Coldai, cruzar el collado del mismo nombre, y tomar la ruta 557. Queríamos rodear al macizo de Civetta desde el Norte, para, girando hacia el Sur, completar su contorno. La primera parte incluía subir por la Vía ferrata Alleghese, pasar por Punta Civetta (2.920 m) y hacer cumbre en Monte Civetta (3.220 m). Lo que conseguimos en medio de caprichosa niebla y algo de llovizna. A pesar de las nubes que nos hacían dudar (¿es juicioso iniciar una expuesta travesía aérea en esas condiciones?), no nos invadió el "efecto felipe", y conseguimos completar etapa sin darnos la vuelta. Estábamos completamente solos. Muy a la zaga nuestra descubrimos a un montañero solitario con quien luego coincidimos en la cumbre. Austríaco. Nadie más. Bajamos después al chiquito y acogedor Refugio M. V. Torrani, del CAI, a unos 20 minutos de la cima, donde cenamos e hicimos noche. Muy buena comida y buenos compañeros de alojamiento. Nos dijeron no haber tenido españoles allí alojados antes. En esto al menos conseguimos hacer una "primera". :-) Algo que nos resultó sorprendente de nuestro viaje a Italia fue que encontramos más fácil comunicarnos en inglés con la población autóctona. En contra de lo que se piensa, el español y el italiano, aún teniendo raíces comunes, son harto diferentes. A veces usando incluso las mismas palabras para significados distintos. Una pena.
Día 14. Continuamos la circunvalación al macizo de Civetta, en el sentido de las agujas del reloj, con un rodeo mayor al calculado, pues la primera vía alternativa, ferrata A. Tissi, más directa, estaba obstaculizada en su inicio por un gran y empinado nevero. Enrique, por ahorrar peso, en esa etapa no se había llevado los crampones. O pasábamos los dos, o ninguno. Tuvimos que bajar por otra ferrata, más sencillita, hacia el Este; lo hicimos a pelo. Disfrutamos de paisajes impresionantes, es verdad. Pero ese desvío no calculado nos llevó por una pedrera agotadora, subiendo hacia la Forcella delle Sasse, para acceder a la cuenca del mismo nombre, y nos hizo dudar acerca de si podríamos completar el circuito a tiempo. En la bajada nos adelantaron dos corredores de montaña, entrenando; gran alegría de ver más locos de la zapatilla. Uno se pegó un buen trompazo ante nosotros. Pero se levantó y siguió corriendo como si no hubiera pasado nada. ¿Cuántas veces no habremos visto o vivido la misma escena? :-) Seguimos por el sendero 558, pasando junto al Refugio Vazzoler (ya en la senda 560). Poco antes, habíamos parado a la orilla del río, para comer, refrescarnos y lavar algo de ropa (solo con agua; un quitasudoresacumulados). Nos adentramos por la Sella di Pelsa en Val Civetta, el valle superior que hay al Oeste del grupo Civetta. Lo recorrimos en toda su extensión, subidas y bajadas, hasta llegar de nuevo junto al Lago Coldai y completar así el circuito que habíamos iniciado el día anterior. Bajamos por la canal para finalizar en Coi, con holgura, y regresamos a pasar noche al mismo Camping Àlleghe. Día 15. A madrugar otra vez. Salimos en coche, subiendo de nuevo por la carretera a Caprile, hacia el Paso o Forcella de Staulanza, para iniciar la vuelta al aislado y soberbio Monte Pelmo; lo que haríamos también en dos jornadas. Ruta 472 enlazando luego con la 480. Atravesando bosques, explorando neveros, llegamos a la altura del Refugio Venezia al Pelmo (al otro lado del imaginario círculo), donde luego haríamos noche. Sin parar más que para respirar unos minutos, iniciamos la subida, con las mochilas casi a tope. No caímos en la cuenta de descargar parte en el refugio, al que no llegamos ni a entrar. Un error que luego lamentaríamos. Al
Monte Pelmo se sube desde detrás del refugio,
por un camino empinado que entra en una pedrera y termina en pared rocosa.
Al verlo por primera vez, pensé que nos habíamos equivocado.
Pero no. El sitio está marcado con pintura. Se trepa un tramo hasta
llegar a las cornisas. La primera hora de ascensión consiste en
eso: cornisas aéreas que recorren rodeando el monte hacia el Sur,
ganando altura muy lentamente; con algunos pasos delicados, sin asegurar
(y las mochilas pesaban...) Una ascensión libre de ferratas. Especialmente
hay dos puntos muy delicados. En uno de ellos, la clásica plaquita
metálica con el texto de "En memoria de..."
Y ese fue el del susto: iba en cabeza y pasé primero, con algún
esfuerzo (no hay que olvidar que llevábamos las mochilas cargadas).
A continuación venía Enrique. No las tenía todas
consigo, y no cesaba de repetir que no lo veía claro. Aún
así, seguía tanteando los agarres de la grieta y avanzando
dubitativo, paso a paso. Perdió pie y en un momento se halló
solo pendiendo de unos escasos y temblorosos dedos, con todo el cuerpo
colgando en el vacío. Un escalofrío recorre el cuerpo, pensando
que la suerte está echada. Nunca había visto algo así
tan de cerca. No íbamos encordados, ni llevábamos material
en esta ocasión. La ruta no lo hace imprescindible. Pasadas las cornisas, el resto era de subida, por unas muy empinadas pedreras, llenas de zetas para, posteriormente, salvando aterrazamientos (mucha atención a los hitos), acceder a la nevada planicie que precede a la cumbre. En poco más de cuatro horas de ascenso conseguimos llegar a la cima de Monte Pelmo (3.168 m), dejando atrás la ocasional niebla y disfrutando de buen tiempo. Dedicamos unos minutos para comer, descansar, firmar en el libro de cima, y para abajo a toda pastilla. Queríamos aprovechar la bajada de otros grupos para no perder la ruta, no muy clara en las terrazas. Concluimos sin novedad. Esa noche la pasamos en el Refugio Venezia, del CAI, donde conocimos a Giuseppe y esposa; trabamos amistad, compartimos cena y habitación. Mantuvimos con ellos una agradable y larga conversación... en inglés.
Día
16. Dejamos temprano (bueno, no muy temprano) el refugio
para completar el rodeo a la mole del Pelmo. Una buena y larga subida,
cruzando el collado, Forcella Val d'Arzia, entre niebla
y pedreras de árduo tránsito; y otra prolongada pedrera
de bajada por toda la Val d'Arzia; evidente ruta, pero
algo pesada y de incómodo paso. Tras la pedrera final, atravesamos
un agradable bosque, terminando en el punto de partida del día
anterior: el Paso de Staulanza (hay un refugio, pero
parece más un restaurante de alto copete, lleno de turistas),
donde recogimos el aparcado coche y marchamos hacia nuestro nuevo campamento
base, la población de Cortina d'Ampezzo. Localizamos
un cámping en los alrededores (hay tres; tienen las mismas tarifas;
lo preguntamos) y allí establecimos la base para el resto de
estancia. Cortina, una ciudad pija y muy cara, con calles céntricas
llenas de tiendas de moda de renombre. Día
18. Segundo intento a las Tofanas. ¿Acaso
íbamos a desistir? Esta vez, sin apenas niebla. Aparcamos de nuevo
en Pietofana, y subimos hacia la Forcella de
Ra Vales. Con visibilidad, el camino era bien evidente. Seguimos
un antiguo sendero militar, el restaurado por la A.N.A. y ahora llamado
Camino de Voluntarios Alpinos (parte del sendero 407)
junto a viejos cuarteles y barracones en ruinas. Nos desviamos al Norte
para hacer la Cima Formenton (2.830 m), rodeada de trincheras
y oxidados alambres de espino. Luego, pasando junto al muy bien habilitado
Bivacco Baracca degli Alpini, seguimos camino hacia el
pico Tofana di Dentro (3.237 m). Paramos unos instantes
en su limpia y venteada cumbre. Tras equiparnos con arneses y material,
recorrimos, bajando y subiendo por el siguiente collado, la vía
ferrata Lamon/Formenton que nos llevaría a la cumbre de
la Tofana di Mezzo (3.244 m). Hasta allí mismo
sube un teleférico que, partiendo desde el Refugio Ra Vales,
pone la cumbre saturada de turistas. Se pierde parte del encanto de hacer
cumbre. Día 19. Enrique sigue con la rodilla tocada. Se impone día de descanso para él; día que aprovecha para hacer compras y recados varios. Se ofrece a acercarme en coche al Paso de Falzarego. Así puedo dedicar el día a una ruta (sendero 441) que enlaza las cumbres de Averau (2.648m, sencilla vía ferrata para acceder a su cima); Nuvolau (2.574 m, con refugio muy concurrido, en la misma cumbre), y una corta y sencilla ferrata de bajada; y finalmente Ra Gusa (2.592 m), bajo llovizna y más alejado de la marabunta que inundaba las otras montañas. Mientras estoy allí arriba disfrutando de las vistas, empieza a asomar una cordada que sube escalando por su vertiente sur. Si aprieta la lluvia, mal asunto eso de escalar. A continuación, cumple regresar hacia el Este, por otra ruta que incluye la pequeña ferrata Ra Gusa, pasar por el sendero 443 junto a Cinque Torri (y su refugio), Refugio Scoiattoli, ruta 440, Refugio Col Gallina y fin de itinerario subiendo de nuevo al turístico Paso de Falzarego, donde me recoge Enrique. Ya ha conseguido las botellas de grappa. :-)
Día 20. El compa, Enrique, tiene especial interés en hacer la vía ferrata Ivano Dibona, en el grupo del Cristallo, que al parecer es bien famosa. Las guías recomiendan hacerla de descenso, desde el Cristallo. Y aunque la idea de subir en telecabina a una montaña nos parece pecado, a la vista de cómo tiene la rodilla, y de la larga pista que de todas maneras nos toca recorrer, así lo hacemos. Llegamos en coche hacia el Norte desde Cortina, hasta Refugio Ospitale, donde aparcamos. Desde allí seguimos la bien señalizada ruta por el sendero 203, en continuo ascenso y con pendiente muy notable en algunos tramos. Nos adentramos en la Val Grande/Padéon. Llegamos al Refugio Son Forcia y nos acercamos al telecabina junto a él. Son cabinas de dos plazas que parecen sacadas de una película de los años 70. El tránsito es lento y largo. Arriba, terminal del telecabina y Refugio G. Lorenzi; nos equipamos, y empezamos la ferrata que está muy muy concurrida, especialmente de grupos de jubilados (!!!) Tenemos que adelantar a un montón de ellos como buenamente podemos, y vamos pasando por lo que fuera línea de frente en la I Guerra. Empezamos atravesando un puente colgante de unos 30m. A continuación, las cimas de Cristallino d'Ampezzo y Cresta Bianca. No reparamos siquiera en su altura, pues el haber subido por medios mecánicos las "inhabilita". Trincheras, cuevas, puestos de vigías y francotiradores, barracones militares, puestos de artillería... En mitad de la ruta está el Bivacco Ric. Buffa di Perrero, aprovechando un antiguo barracón rehabilitado. Una paliza de caminata con tramos desiguales, en este sentido mayoritariamente de bajada, que no nos dejó buen sabor de boca. Una montaña subida de manera "reprobable", mecánica. En fin, hicimos turismo bélico. Pasamos por el Monte Zurlon, yendo a parar al mismo sendero/pista de subida, y con fin en Ospitale. De repetirla en un futuro, buscaríamos hacerla en sentido contrario o subiendo a pie la penosa y muy vertical pedrera que asciende por el mismo canal que el teleférico; sin grupos folclóricos por medio. Día
21. Pronóstico de mal tiempo. Tormentas y nieve a
partir de los 2.500 metros. Aún así nos acercamos al pie
de la siguiente meta, un plan en el que habíamos depositado buena
parte de ilusión, el Monte Antelao; pero es inútil.
El cielo no se ve nada claro. Decidimos tomarlo como día de descanso
y nos vamos a hacer turismo a la cercana Venecia, ciudad
sorprendentemente muy cutre, sucia y descuidada; decepcionante. Lo más
vistoso: los variopintos turistas de todas partes del mundo, lo carísimo
del aparcamiento, y la tromba de agua que nos cayó. Eso sin olvidar
que allí hay que pagar hasta por ir al baño. ¡0'60
euros! Día
22. De nuevo vamos al Antelao, el mítico
tresmil de cima picuda y escarpada. Nuestros amigos del Refugio Torrani
nos lo recomendaron como una de las cumbres inexcusables de las Dolomitas.
Un montañero de la zona nos advierte de que ahora hay mucho hielo
("ghiaccio come vetro") y nieve; que es peligroso.
Aún así, nos decidimos a verlo por nuestros propios ojos,
con la idea de dar la vuelta si se pone crudo. El tiempo está despejado
y, a pesar de la ocasional niebla en la cumbre, hace un día de
sol. Hemos elegido subir andando desde la misma carretera, aparcando el
coche en Chiapuzza, un poco antes de San Vito
di Cadore. Salvaremos en total un fuerte desnivel, aprox. 2.200
m. Pero consideramos que esta joya la hemos de subir desde su misma base,
sin artificios ni atajos. Enrique
tiene alguna dificultad al pasar por ciertos pasos de trepada. En uno
de ellos, pierde pie y cae de espaldas un par de metros; por suerte, sobre
su mochila. Debimos haber dado la vuelta entonces. Al ver que yo tenía
intención de seguir, él no quiso quedarse atrás.
Nos expusimos más de lo que hubiera sido razonable para nuestro
nivel. Pasamos junto al rojo Bivacco Piero Cosi, una
caja metálica anclada en las alturas, pisando roca cubierta de
nieve y hielo. Trepada, destrepada, y tras una falsa cumbre (una secundaria
que la niebla en principio nos hizo confundir) llegamos al vértice
geodésico del Monte Antelao (3.284 m), a cuyo
lado, a resguardo de una gran roca, se hallaba una pequeña imagen
religiosa y numerosas placas recordando a montañeros caidos en
esta cima. Día
23. Recogimos la tienda, liquidamos en el cámping,
y nos preparamos para algo muy difícil: decir adiós a las
Dolomitas. Iniciamos el regreso a España, no sin parar a hacer
turismo en Milán. Nos pillaba de camino. Bonita
ciudad, muy pulcra e interesante. Monumentos, estilo, fortaleza, parque...
¡hasta tiene tranvía! Si la afamada Venecia estuviera la
mitad de cuidada que Milán... Seguimos ruta y llegamos al mismo
cámping de la ida, en Ovada. Como habíamos
tenido buen trato a la ida, repetimos. A los gerentes les gustó
ver clientes ya conocidos de nuevo por allí. Texto: Javiere
Más fotos de la ruta en este enlace NOTAS Accesos: Hay varias rutas posibles. En Francia se puede buscar eludir las autopistas de peaje, dependiendo del tiempo y el gasto que queramos hacer. En Italia, son ineludibles. No hay rutas alternativas. Para hacerse una idea, lo mejor es consultar en Guía Campsa o Via Michelin Mapas
y Bibliografía:
Predominan dos editoriales: Tabacco y Kompass.
También tiene publicada Editorial Desnivel una
guía sencillita con una selección de ferratas y otros
datos de interés. Material:
Es un hecho: hay vías ferratas. Si se desea recorrerlas es indispensable
llevar casco, arnés, disipador (ziper), guantes y mosquetones.
Linterna frontal aun de día, si se desea echar un vistazo a las
numerosas cuevas y galerías. Crampones, piolet y polainas (para
los galos, guêtres). Nada de escatimar peso, salvo que
se tenga la absoluta y total certeza de que no hay nieve. Luego, lo
habitual para cualquier salida: saco de dormir, ropa suficiente (conviene
cambiarse de vez en cuando), útiles de aseo... Vamos, que no
nos enteremos de que hay gorrinillos sueltos por esas bellas montañas.
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