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AL MARBORÉ POR LA BRECHA DE ROLANDO
 

Agosto de 2004. Día 7. Habíamos salido de Madrid a las dos de la madrugada del viernes 6 para que Justo pudiera venir, pues su horario de trabajo le impide salir por la tarde. Llegamos de madrugada a Torla Justo, Javiere y yo, donde nos esperaba Daniel, quien venía desde su retiro estival de Benasque.

Dejamos su coche en el aparcamiento de Torla y continuamos en el de Justo hasta San Nicolás de Bujaruelo. Cuando llegamos, los relámpagos centelleaban en la oscuridad de la noche por encima de las montañas y Daniel nos comentó que, por Aínsa, le había caído una buena tromba de agua. Sin embargo, allí la cosa parecía estar más o menos tranquila. Nos pusimos en marcha y al poco empezó a tronar y a llover un poco. Nadie se asustó, y seguimos camino de la France.

Al llegar al puerto de Bujaruelo (o de Gavarnie) tras dos horas de marcha, las vistas hacia Francia nos animaron. El sol lucía con fuerza, pero a nuestra derecha, por encima de las paredes nortes de los Gabietous y del Taillon, las nubes tapaban las cumbres y el cielo aparecía gris (lo normal es lo contrario: en España buen tiempo y en Francia mar de nubes).
  Foto: Javier Rubio
  La Brecha del Caballero Rolando

Llegamos hasta el refugio francés de la Brecha de Rolando/Roldán o Serradets y, después de comer algo, decidimos continuar para arriba y ver nuestras posibilidades de intentar alguna cumbre. En la Brecha de Rolando la cosa estaba muy gris: la niebla lo envolvía todo y soplaba un fuerte viento; pero solo parecían nubes enganchadas en las alturas y poco mas; así que, vuelta a entrar a territorio español. En cuanto perdimos algo de altura la niebla quedo atrás. Camino del collado de los Sarrios, a punto estuvimos de embarcarnos por un caminito sin salida, subiendo hacia la pared, por donde ya se había colado un grupo numeroso de gente que andaba con cuerdas y un poco atrancado. Suerte que los vimos y antes de complicarnos la cosa nos dimos la vuelta, cogiendo el buen camino que pasa un poco más abajo, junto a unas cadenas que aseguran el conocido como paso de los Sarrios.

Superamos el collado de los Sarrios y, dado el tiempo inestable que hacía, desistimos de subir al primer tresmil de la cresta fronteriza, que es el Casco de Marboré. Así que atacamos el siguiente, la Torre de Marboré, por un corredor de nieve. Después, una pequeña trepada y llegamos hasta la indefinida cumbre. Las vistas hacia la vertiente francesa eran espectaculares: a nuestros pies, un vacío de más de 1.000 metros nos obligaba a dar un paso hacia atrás por si acaso. Desde allí, y viendo que la visibilidad hacia Gavarnie y hacia Ordesa era muy buena, decidimos continuar por la cresta y completar la travesía.

Foto: Javier Rubio  
Travesía por la rimaya  

El siguiente pico, la Espalda del Marboré, o mejor dicho, el Hombro, no era factible desde donde estábamos, el collado de la Cascada, pues era una pared de mas de 100 metros donde no veíamos ningún punto débil. Seguimos unos hitos que iban paralelos a la muralla de roca y, en la parte más baja, haciendo una trepadilla, nos encaramamos a lo que parecía una cresta que bajaba del pico. Cuando estábamos decidiendo hacia dónde dirigirnos empezó de nuevo a tronar y a llover débilmente. A 3.000 mts de altura no había mucho que dudar. Vimos una cueva bajo los contrafuertes del Cilindro, y en unos minutos estábamos cobijados dentro de ella viendo cómo en un momento se desataba la tormenta. En la relativa seguridad de la cueva contábamos los segundos desde que veíamos el rayo, hasta que sonaba el trueno: el primero 8 segundos (está lejos, seguro que pasa); un poco más tarde, 4 segundos (ojo, está pasando cerca); el siguiente, "¡zas! ¿Le has visto? Ha pegado allí, a unos cientos de metros enfrente, justo por donde hemos pasado nosotros hace unos momentos". Al siguiente le vimos pegar contra una pared de roca, Daniel y yo, a escasos 50 metros de donde estábamos. Yo estaba sentado y al verlo, instintivamente, me tiré contra el suelo y así me quedé durante unos minutos, rezando para que el siguiente no entrara en la cueva y nos fulminara. Por suerte, al poco empezó a granizar y los rayos cesaron.

Permanecimos dentro de la cueva, esperando una mejoría, por algo mas de una hora; haciendo cábalas de cuál sería la hora tope para salir de ahí y poder llegar con garantias a Góriz. Por suerte pudimos salir a eso de las 3:30, con más miedo que vergüenza, al ver que los rayos de sol iluminaban el fondo del valle. Los hitos nos condujeron hasta la Faja Roya, y por esta, al camino normal del Perdido. Llegamos en menos de una hora al refugio de Góriz, que más bien parecía la Puerta del Sol en hora punta. Después de la soledad que habíamos tenido por arriba, nos resultaba extraño ver tanta gente, y tan heterogénea.

  Foto: Javier Rubio
  Al final del arco iris siempre hay un tesoro

Con el sol calentando los prados de Góriz iniciamos el descenso y, tras bajar por las archiconocidas clavijas de Soaso, llegamos a la Cola de Caballo, donde hicimos un alto para cambiar las rígidas botas por las cómodas zapatillas de trail. Y entre risas, fotos y charleta, disfrutamos de un bonito descenso por el valle de Ordesa. Al llegar al aparcamiento se desató otra tormenta. Pero vista desde abajo, en la lejanía, parecía inofensiva y hasta disfrutamos de un precioso arco iris que iba de lado a lado del valle de Ordesa. ¡Bonito final para tan dura jornada!


Texto: Felipe Rodríguez


Más fotos de la ruta en este enlace

Ruta marcada sobre el mapa

NOTAS

Accesos: Desde Madrid a Torla (Huesca), última población a la entrada del Parque de Ordesa, hay aprox. 470 km (unas 4h 20min). Se toma desde Madrid la N-II hasta Zaragoza. Al entrar en el cinturón de la ciudad, se toma el desvío dirección Huesca por la N-330. Rebasada Huesca, se sigue a Sabiñánigo, y al llegar a esta población, nos desviamos hacia Biescas. Aquí se toma la N-260, carretera de montaña muy sinuosa, de la que nos desviamos poco antes de llegar a Broto, en dirección Torla.
Si queremos visitar el Parque Nacional, hay que dejar aparcado el coche a la entrada de Torla y servirse de la lanzadera de autobuses, únicos autorizados para entrar en Ordesa.
Si queremos llegar a Bujaruelo y a los dos campings de la zona y el Albergue, hemos de seguir, dejando atrás Torla, hasta la entrada a Ordesa, y entonces tomar una pista estrecha de grava, señalizada, en mediano estado, en cuyo final se halla Bujaruelo.

Para esta ruta utilizamos dos vehículos. Uno lo dejamos en el aparcamiento de Torla. Con el otro subimos a Bujaruelo. Al regresar a Torla desde Ordesa con el bus, recogimos el vehículo que habíamos dejado allí previamente y subimos a recoger el otro a Bujaruelo. Sencillo, ¿verdad? Dicho de otra manera, la parte contratante de la primera parte, y la parte contratante de la segunda parte... esto... ¡Uf! Mejor lo dejamos, ¿vale?

 
Mapas: De Editorial Alpina, Ordesa y Monte Perdido. Parque Nacional (a escala 1:40.000); Vignemale Bujaruelo. Valle del Ara (a escala 1:30.000); y Monte Perdido, Vignemale, La Munia. Ordesa, Gavarnie, Pineta, Bujaruelo (a escala 1:30:000). Este último, por ser de la nueva serie "waterproof paper", irrompible e impermeable, sigue siendo nuestro favorito.

Material: En la ruta y fecha descritas, aconsejable el uso de crampones y piolet. Un guía "profesional" con el que nos cruzamos en el camino, prepotente y pagado de sí mismo, mientras llevaba "enchorizados" a sus clientes se burló al ver nuestro material. Pero al subir a la Torre nos encontramos con algunos neveros que difícilmente hubiéramos podido pasar sin crampones. Un poco más de carga nos posibilitó el tránsito. ¡Ah! Que nadie se olvide de comer e hidratarse. Una buena bota de vino, aunque no sea de gore-tex, puede hacer maravillas...

 

 
 
 
 
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