MONTAÑEROS.POP
 
 
JUNTO AL VALLE DEL ARAGÓN
 

26 y 27 de junio de 2004. Se había diseñado una subida al pico de la Garganta de Aísa, más conocido por su nombre francés, pico de Aspe. Iríamos por la ruta más fácil, la Sur, pues se hizo con miras al bautismo de montaña de un amigo neófito en estas lides. Al final este amigo no pudo venir por cuestiones de variables cartesianas en una rodilla (lesión chunga, en román paladino).

El viernes noche atravesábamos el pueblo de Aísa (Huesca), continuando los 9 kms que llevan hasta el final de la pista, junto a la verja. Hicimos los preparativos para pasar la noche con los sacos, dentro del coche, en su maletero extendido. Eran alrededor de las dos de la madrugada. Bajo un inmenso cielo estrellado, acunados por el rumor susurrante del río al fondo del valle, por el suave viento, por los ronquidos de Daniel... conseguimos acelerar la llegada del amanecer. A la mañana llegarían tres amigos más de refuerzo: Gonzalo, Antonio y Bernardo, de Zaragoza. Con ellos subiríamos ese día.

A las ocho de la mañana emprendimos la marcha. Justo detrás nuestro acababa de llegar un autobús lleno de montañeros, lo que nos animó a acelerar el paso con brío y salero. ¡Cuanta gente en tan poco espacio! :-)

  Foto: Javier Rubio
  Lecherín, Mallos de Lecherín y Rigüelo

Avanzamos entre bojes y coníferas, ganando altura, y dejando a nuestra izquierda el pequeño Refugio de las Saleras o Boyeros. En el prado, exuberante, verde y florido, cruzamos el río y ascendimos en dirección Norte. Se habían llevado el camino y no lo encontrábamos. De vez en cuando, entre la alta hierba, aparecían y desaparecían los efímeros y aleatorios trazos de caminos de ganado. ¿Lo echábamos a los dados? Cortando por medio, a las bravas, encontramos un tramo de la GR-11.1 y, por la loma, llegamos hasta un abrevadero seco con el emblema de los Forestales. La pared rocosa a nuestra derecha mostraba El Embudo, la brecha de acceso a la plataforma de Las Llanas, la parte superior. De ahí en adelante el camino estaría bien jalonado con hitos homologados según la norma europea y la UNE007.

Encontramos los primeros neveros. Parábamos de vez en cuando a recuperar un poco el resuello. Pero al ver la marabunta que venía por detrás, recogíamos bártulos, y al tajo. Arriba. ¿Nos habríamos metido sin querer en medio de una manifestación del ramo del metal? Estimamos más prudente que no nos fagocitaran tan pronto, y procuramos no bajar el ritmo de marcha.

Cerca de la Brecha de Aspe tuvimos algunos problemillas al atravesar la pendiente nevada; nieve algo inusual a estas alturas del año, que puso en un brete a varios del grupo. Cinco personas. Solo uno con crampones y dos con piolets. ¡País de ingenieros espaciales! :-)

Desde la Brecha, girando al Este, continuamos la subida. Lo hicimos por el margen, pisando roca, evitando el amplio nevero que cubría la mayor parte de la cara sur. Alcanzamos el vértice geodésico del Pico de la Garganta de Aísa/Aspe ( 2.645 m). En total, habían sido apenas tres horas desde el inicio. En cumbre encontramos solo a tres montañeros tomando el sol, cual anuncio de Coppertone. Pero en breves minutos nos dio alcance el grupo del bus y nos juntamos no menos de treinta a disfrutar el paisaje. Hora punta en la cima. ¿Bailaríamos unas sevillanas o una jota? En medio del excelente humor reinante, saludos, fotos, conversaciones, comimos algo y disfrutamos del amplio y majestuoso paisaje. Es el momento mágico, cuando los "conocedores" se entretienen con la elaborada letanía: "pues aquél es el pico Bisaurín. Aquél otro, el Tibidabo. Y si está despejado, guiñando mucho los ojos, asín, desde lo alto de esa piedra se ve incluso el Teide..."

Foto: Javier Rubio  
Contrastes  

Bueno, y ahora, ¿qué? Al bajar; nos desviamos dirección Oeste. Teníamos intención de hacer el cercano Pico Llena de la Garganta (2.599 m), para lo cual debíamos rodearlo por su cara Sur, evitando en lo posible las pendientes nevadas. Pasamos bajo su imponente pared y localizamos un camino bien señalizado con hitos que nos conducía hacia una brecha, visible en lo alto del pedregoso corredor. Ahí el resto del grupo decidió que no estaba en condiciones de seguir, y regresaron a la parte baja, acompañados por Daniel a modo de guía. Solo uno del grupo quedó a intentar hacer cumbre.

Subió a la brecha, para comprobar que allí se perdía el camino. Al otro lado los neveros cubrían la mayor parte de la ladera. Se veían algunas posibles vías de acceso, que requerían trepada. Sin marcas, con el riesgo de entrar en callejones sin salida. ¿Enriscarse? Era posible. Sin más referencias, optó por descender en una precaria diagonal sobre nieve hacia la Brecha Wallon o Paso de Napazal. Desde allí, a la distancia, se podía ver bien la mejor ruta a seguir. Pero ya era tarde para volver a subir todo lo bajado. No había ningún ascensor a mano. Se imponía el regreso al campamento base y el anhelado refresco.

Tras recorrer el valle abajo, reencuentro, comentarios, avituallamiento, siestecica y marcha en coche. Una cascadita en el camino, con sinuosa vida animal, dio pie a asignarle un nuevo adjetivo a Daniel: herpetofóbico. :-))

Marchamos hacia Canfranc-Estación. Aprovechamos el resto del día para hacer algunas compras, y visitar dos hitos arquitectónicos de la zona: la Estación Internacional de Canfranc y el Fuerte del Coll de Ladrones (1.351 m)*.

  Foto: Javier Rubio
  Cabaña de la Vuelta de Iserias

En la explanada junto a esta última edificación defensiva, al lado de una cantera abandonada y restos de viejas casamatas o puestos defensivos de hormigón, surge el camino que nos introduciría al Canal o Valle de Izas por la GR-11. Aparcamos y nos dispusimos a pasar la noche. Noche de coche, ronquidos (aunque Daniel lo siga negando con vehemencia) y estrellas.

Un nuevo día. Tras despertarnos, desayunar y aviarnos (y darle tiempo a Daniel a despotricar de todo lo imaginable), comenzamos el claro camino de ascenso, tramo de la GR-11 paralelo al curso del río. Eran las 7 de la mañana.

El valle despertaba, esplendoroso, llenándose de luz a cada paso. En esos momentos de tranquilidad y paz, Daniel mencionaba el proyecto que existe para destruir [violar] toda esa belleza, atravesándola con una sucia carretera, instalaciones, aparcamientos y otras blasfemias, en aras de un mal entendido progreso, de ampliaciones de pistas de esquí. De generar dinero a costa de lo que sea. Tal vez seríamos de los últimos que vieran el valle así. ¡Malditos los que lo alteren y consientan! No aman la tierra, sino el dinero que pueda producir. No ven el futuro, solo lo inmediato.

Tras una hora de marcha llegamos al desvío, el punto donde dejaríamos la GR-11. A nuestra izquierda, la Cascada Divina. A la derecha, dos grandes rocas solitarias en medio del prado. Los hitos mostraban el camino que nos llevaría arriba, al ibón de Samán o de Iserías, pasando junto al pequeño Refugio-cabaña de la Vuelta de Iserías (1.740 m). Iniciamos la subida con el sol totalmente despierto y apretando de lo lindo. Parecíamos Frodo Bolsón y Sam Sagaz camino del Monte del Destino...

Foto: Javier Rubio  
Inmensidad  

Llegamos al ibón. Ante nosotros, copaba la vista en pétreo cierre la mole rocosa, principiando por La Moleta (2.576 m), nuestro primer destino. Subimos a ella por el camino a la derecha del circo, acortando por un pequeño corredor nevado. Unos metros más, y... ¡Ummff! ¡Cumbre! :-)

Fotos, trabajo de manduca para los dientes, pausa para disfrutar del paisaje. Inmenso. Sublime. Momentos de echar de menos a Chispita (¡Sniff!). Y seguir la marcha por la cresta, pasando por los Picos de la Tronquera (2.597 y 2.622 m) para finalmente alcanzar la Pala de Ip (2.778 m). Todo cuanto veíamos a nuestro derredor era impresionante. A la derecha, la majestuosa mole del Midi d'Ossau (2.884 m) destacando en solitario, sin parangón. Al frente, Punta Escarra (2.760 m). A la derecha, el valle de Ip con la Collarada (2.886 m) enseñoreándose del horizonte rocoso. Y detrás, a lo lejos, el Bisaurín (esto... un puñado de metros de alto. Es que no tengo la chuleta a mano; lo siento).

Comimos un poco y hablamos por el móvil, haciendo gala de los modernismos yupis, o sea. Pero era hora de regresar. Retrocedimos al collado anterior, entre la Pala de Ip y la primera cumbre de Tronquera, buscando camino para bajar. Vimos tirar por allí a un sarrio en su huída; pero, nos miramos... No, nosotros no éramos sarrios. Había que mirar bien por dónde tirábamos. Tanto como se ha gastado el MOPU en otros sitios, y aquí ni un triste hito, ni líneas fosforitas en el suelo, ni luces de neón. El mapa señalaba vagamente una ruta; pero sobre el terreno, nada. Se ve que ha tiempo no la usa nadie; solo caprunos.

Nos arriesgamos a seguir por ella, en nuestro deseo de llegar a Canfranc-Estación, cautelosos, con temor de enriscarnos o hacer parapente a pelo. Al parecer, en domingo eso está mal visto (Un refrán popular traducido del patués dice: "Quien se lanza en domingo, ni gana la loto, ni gana al bingo"). Acabamos metiéndonos por una pendiente transitable, pero muy pronunciada. Pedreras infernales, prados resbaladizos... Tras mucho más tiempo del previsto, conseguimos cruzar el blanco canal y llegar a la vieja pista, resto de abandonadas obras hidráulicas, que nos acercaría al inicio del valle y al Teleférico/plataforma, un plano inclinado sobre raíles, arrastrado por cable, usado años atrás para posibilitar el acceso de camiones durante la construcción de la presa.

  Foto: Javier Rubio
  Fuerte abandonado de Coll de Ladrones

Iniciamos una carrera contra el reloj y el cansancio acumulado. Debíamos estar en Zaragoza antes de las 18:45, hora de salida del bus a Madrid. Sin agua desde hacía rato, el camino se hizo especialmente largo. Daniel iba deshidratado, trastabillando y hablando (discutiendo) con los árboles, buscando gnomos. Poco antes de llegar al Camino de los Melancólicos, encontramos la salvadora Fuente de la Herradura. Sus frías aguas nos aliviaron de manera impagable. Metimos el piñón fijo, y seguimos hacia el Coll de Ladrones, donde habíamos dejado el coche.

Conseguimos llegar. Aún no sabemos cómo, pero lo conseguimos. Sin hacer locuras en la carretera, justo un par de minutos antes de que saliera el bus, llegamos a la estación de Zaragoza.

El viaje de regreso dio tiempo a pensar pausadamente en el fin de semana. Consideramos que fue bien aprovechado. Buenas montañas, buenos amigos, buenas viandas... Daniel, ¿cuántos kilómetros habremos recorrido juntos? Buenas razones para dar gracias por el don de la vida y el deleite de desgranar cada día.

 

* En la zona hay otros elementos de valor que no son montaña, aunque ya formen parte del entorno: la Estación Internacional ferroviaria de Canfranc (principios del siglo XX) y el Fuerte del Coll de Ladrones (fortaleza militar reedificada en 1900 sobre otro fuerte mandado levantar por Felipe II en el siglo XVI). Ambos tienen algo en común: se hallan abandonados y a merced del vandalismo, por la desidia y mal hacer de las autoridades (locales, autonómicas y nacionales). Ninguno tiene excusa. Ambos conjuntos son dignos exponentes de arquitectura histórica. La primera, estación internacional, de bellas líneas; hoy cayéndose a trozos, con las cubiertas cada vez más deterioradas, cristales rotos, humedad carcomiendo su ornato y mobiliario, paredes llenas de pintadas... Y el segundo, fuerte fronterizo de fusileros, digno exponente de la arquitectura militar de la época, fundido con el cerro; la guarnición lo abandonó en 1960; expoliado, con las puertas abiertas a toda clase de daño y menoscabo. Actualmente es "propiedad privada". Solo un cartel informa de ello junto a una puerta abierta de par en par...

¿Hasta cuándo se permitirá? ¿Hasta que ya no quede nada que salvaguardar? Mientras, las "autoridades" se siguen gastando nuestro dinero en multitud de costosas naderías. En planes lucrativos para destrozar valles bien conservados, y olvidar lo conservable.

Texto: Javiere


Las fotos en el siguiente enlace


NOTAS

Acceso: De Madrid a Aísa (Huesca): Por la A-2 hasta Zaragoza tenemos unos 316 kms. (aprox. 3 hrs), dependiendo de si se utilizan las nuevas vías de peaje o no. En Zaragoza hay que tomar la N-330 dirección a Huesca. Tras 160 kms por esta misma carretera, llegaremos a Aísa, a donde nos habremos desviado poco después de pasar junto a Castiello de Jaca. Solo nos restan los últimos kms de pista por el valle de Aísa hasta la valla que limita el acceso de vehículos. En total, unos 490 kms y 5 horas de viaje.

De Aísa a Canfranc Estación, tan solo 26 kms, nos ponemos en 20 min. Salimos de nuevo a la N-330 y la continuamos en dirección Norte (Francia).

Mapas: De Editorial Alpina, Candanchú, Canfranc (a escala 1:25.000). De Editorial Pirineo, Valle del Aragón (a escala 1:40.000). Estos dos incluyen breve guía de las zonas tratadas. De Institut Cartogràfic de Catalunya - Rando Éditions, Ansó, Hecho, (a escala 1:50.000). Es obvio que en nuestro caso preferimos el primero, por su mayor detalle.

Material: La mayor parte de los recorridos indicados no precisan de nada más que unas buenas botas y algunos bocatas (de panceta o no). Pero tal como en el Aspe, en contra de lo que era de esperar, nos topamos con amplios neveros de considerable pendiente, sería recomendable tener crampones y piolet a mano. A nuestro juicio, es preferible (si hay indicios para ello) cargar con este material antes que tener que darse la vuelta al no poder atravesar un paso.

 

 
 
 
 
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