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SIERRA NEVADA EN TABLAS
 

15 y 16 de mayo. Aunque nuestra idea inicial era ir a Sierra Nevada, los últimos días nos costó decidirnos, pues las previsiones meteorológicas daban buen tiempo en toda España menos en la zona Oriental de Andalucía. Pero aun así, no cambiamos nuestros planes y preferimos la relativa soledad de Sierra Nevada, aunque tuviéramos mal tiempo, a la aglomeración del Pirineo.

Llegamos a Sierra Nevada bien entrada la noche del viernes y nuestra sorpresa fue encontrar nieve a partir de Pradollano. El recepcionista del albergue juvenil (Junta de Andalucía) donde íbamos a dormir nos comentó que había estado lloviendo toda la tarde y que, a última hora, se puso a nevar. Era un buen augurio para el fin de semana.

  Foto: Javier Rubio
  Primeras luces en Pradollano

El sábado a las 8 de la mañana, con un cielo totalmente despejado, estábamos calzándonos los esquís a escasos 200 metros de Prado Llano. Remontamos por una pista a la zona de la Loma de Dilar. A medida que ganamos altura pudimos deslizar por nieve fresca recién caída; era una autentica gozada, solo enturbiada por la presencia visual de los telesillas y los cañones de nieve artificial que jalonaban casi todo el recorrido. Por suerte al ganar la loma dejamos atrás las instalaciones de la estación y contemplamos maravillados toda la cuerda desde Los Tajos de la Virgen hasta nuestro objetivo, el Cartujo. Quitamos las pieles de foca e iniciamos un descenso hacia el cauce del río Dilar.

Al principio la sensación era de inseguridad, pues la nieve era polvo (este año en todas las salidas de esqui habíamos tenido una nieve bastante dura). Pero en cuanto realizamos unos cuantos giros y cogimos confianza, disfrutamos del corto descenso hasta las instalaciones inferiores del Telesilla de las Yeguas. Desde aquí iniciamos un flanqueo que nos llevó al pie de la arista que sube directa hasta la cumbre del Cartujo. Durante la mañana las nubes habían ido creciendo, y el cielo por la parte baja del valle ya estaba totalmente cubierto. Las dudas empezaron a pesar; pero entendía que no tendríamos problemas en llegar a la cumbre antes de que la cosa se complicara más. Por si acaso, me puse en cabeza y marqué un ritmo un poco más fuerte para ganar tiempo dentro de lo posible.

Tras pasar la base de la arista, comenzamos la subida hacia la Cuerda de la Dehesa, que desciende desde la cumbre en dirección noroeste. En apenas media hora alcanzamos la cuerda. Pero Misha volvió a decirnos que él no era partidario de continuar y que no se encontraba cómodo. Javiere, ante la situación, cambió el gesto aunque no dijo nada, y dejó en mis manos la última decisión. Finalmente muy a mi pesar y el de Javiere, optamos por darnos la vuelta. Más valía disfrutar del descenso con claridad que sufrir envueltos en una espesa niebla. El descenso fue para enmarcar: en una ladera completamente inmaculada y con una nieve de ensueño dejamos nuestras huellas (algunos con mas fortuna que otros). Parecía como si flotáramos. Hacía tiempo que no disfrutaba de una nieve tan buena; los giros se encadenaban uno detrás de otro y las piernas no notaban cansancio.

Foto: Javier Rubio  
A colocar pieles y decidir ruta  

Llegamos casi hasta la raya de la nieve eufóricos por tan disfrutón descenso. Mientras reponíamos fuerzas y poníamos pieles nos dimos cuenta de que las nubes habían parado en su avance y que la cumbre del Cartujo habría sido posible sin complicaciones. Nos planteamos que si el tiempo aguantaba, al llegar al collado de La Laguna podríamos intentar el Veleta para saciar nuestras ganas de cumbre. Pero aún nos costó una hora larga alcanzar el collado bajo un sol abrasador, haciendo un penoso flanqueo para no perder altura. La subida final, con una nieve que se pegaba a las pieles, acabó desgastando nuestras fuerzas. Cuando paraba para tomar un respiro, el corazón parecía que se desbocaba. Al llegar al collado vi cómo un grupo de esquiadores hollaba la virgen ladera del Veleta, dejando sus huellas marcadas en la nieve. Pero no me quedaban ganas de volver a subir otros 500 mts de desnivel durante algo más de una hora. Javiere y Misha tampoco estaban para tirar cohetes. Se quejaban de ampollas en ambos pies, así que decidimos bajar de regreso a Pradollano por Borreguiles y las pistas de la estación de esquí.

Al día siguiente nos decantamos por el Veleta (3.396 m). Pero en lugar de subir por la estación, elegimos el solitario Barranco de San Juan. Partimos desde el Albergue Militar Capitán Cobo (Hoya Mora) a 2.500 metros de altitud. Tuvimos que remontar hasta la Virgen de las Nieves y desde allí, buscando el mejor sitio, descendimos hasta el barranco de la Hoya de San Juan. La nieve a esas horas estaba bastante dura y la pendiente era pronunciada. Había que poner los cinco sentidos y las piernas se tensaban en cada giro.

Al girar para evitar unas piedras traté de forzarlo por el miedo a ponerme muy encarado a la pendiente. No sé cómo me enganché los esquís. Se me soltó uno de ellos, no pude evitar la caída, y me vi en un abrir y cerrar de ojos cabeza abajo. El miedo a una caída descontrolada en esa posición me bloqueó. Menos mal que Misha reaccionó rápidamente y se puso debajo de mí para darme seguridad. Ya con su protección conseguí quitarme los esquís y recuperar la verticalidad. Pero el miedo me había bloqueado y las piernas me temblaban, asi que decidí continuar con los esquís al hombro hasta un lugar donde, ya más seguro, me los volví a calzar para completar el descenso. Había sido un buen susto. Por fortuna no pasó de eso, aunque mis compañeros me miraban un poco sorprendidos de verme tan frágil ya que me consideraban un experto en estas lides (la sombra del Aneto aun planea por mi cabeza).

  Foto: Javier Rubio
  ¡Vaya, vaya! Felipe se da una guaya

Una vez repuesto del percance comenzamos la subida con pieles y cuchillas por la nieve dura. El barranco era ideal para el esquí de montaña, con amplias pendientes e inclinaciones para todos los gustos. Menos mal que había quedado preservado del azote de los remontes; una simple loma le separaba del resto de la estación aislándole del bullicio. En poco tiempo ganamos altura y alcanzamos las Posiciones del Veleta (antiguas construcciones de la Guerra Civil) a 3.100 metros de altura. Las vistas desde aquí no podían ser más espectaculares, con todo el Corral del Veleta luciendo sus canutos cargados de nieve. Un poco más a nuestra izquierda, las otras dos paredes míticas de la zona las Nortes de La Alcazaba (3.364 m) y del Mulhacén (3.479 m). Desde aquí y en poco más de media hora, haciendo una diagonal ascendente, culminamos nuestra ascensión al Pico Veleta. El día era tan radiante que nos entretuvimos sin ninguna prisa en la cima contemplando toda la Sierra de punta a punta. Hacia el Sur y muy lejos se adivinaba el mar. Y un poco más nítido, el otro mar, el Almeriense de plástico.

Foto: Javier Rubio  
Cumbre en el Veleta  

La primera parte del descenso con la nieve aún dura no nos dejó disfrutar, sobre todo porque las huellas del día anterior habían quedado marcadas y eran un obstáculo más a tener en cuenta. Tampoco estuvo mejor el flanqueo hacia las Posiciones. El único que se defendió fue Javiere, quien demostró una gran confianza en este tipo de nieve. Desde las Posiciones comenzamos el descenso por el barranco y, según perdimos altura, la nieve se fue transformando pasando de dura a primavera. Una vez cogida confianza en la nieve primavera, soltados los nervios y recuerdos iniciales, encadenamos giros y más giros con una técnica distinta a la del día anterior, pero no por ello menos gratificante; hasta que el blanco de la nieve dio paso al verde de la hierba. Para culminar la jornada remontamos de nuevo hasta la Virgen de las Nieves, algunos de nosotros con los pies un tanto doloridos después de dos días intensos pero... con una sonrisa de oreja a oreja.

 

Texto: Felipe Rodriguez

Las fotos en el siguiente enlace

NOTAS

Accesos: Salimos de Madrid por la carretera de Andalucía (A-4). Atravesamos de norte a sur Toledo; toda la provincia de Ciudad Real, dejándola atrás por el puerto de Despeñaperros, que nos franquea el paso a la provincia de Jaén. Seguimos. A la altura de Bailén dejamos la A-4 para entrar en la A-44 dirección Jaén, que sobrepasamos hasta llegar a Granada por la misma vía. Una vez pasada esta ciudad, cuando ya llevamos 434 kms de carretera, salimos por la A-395; solo nos dura un par de kms, pues a continuación tomamos la A-16. No tienen complicación alguna estos "vaivenes" pues, por causa de la Estación de Esquí, las señales indicadoras abundan a gran tamaño en cada cruce desde Granada. La SE-16 da paso a la SE-17 y nos plantamos finalmente en Sierra Nevada, ciudad fantasma fuera de temporada de esquí. En total, 440 kms, 4 horas y media aprox.

Mapas y bibliografía: De Editorial Alpina, Sierra Nevada, La Alpujarra (a escala 1:40.000). De Editorial Anaya, en su serie "Guía Total", el libro Sierra Nevada y Alpujarras (222 págs); con pequeños mapas sectoriales, fotografías, información de flora, fauna, turismo, artesanía e historia.

Material: Dado que se trata de travesía con esquís, evidentemente hay que llevar las tablas con las fijaciones adecuadas. Si no llevamos tablas, podemos ir también, desde luego. Pero eso del esquiar, como que un poco difícil. Añadir pieles de foca, ropa adecuada. Y aunque huelga hacer esta observación, el material necesario para hacer reparaciones de urgencia en caso de rotura de pieles, pérdida de adherencia, etc.

El albergue donde nos alojamos dispone de lencería de cama, así que no se precisa ni saco-sábana siquiera. Solo unos tapones para los oídos si el compañero de cuarto ronca. O eso, o más paciencia que el Santo Job.

 
 
 
 
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