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AL ALBA, AL ALBA
 

En los últimos meses, tras los intentos fallidos al Bisaurín, Pico del Lobo y Almanzor, parecía que estábamos gafados para hacer cumbre. Pero por fin rompimos la racha de mala suerte y el pasado sábado día 20 de Marzo, bajo un cielo luminoso, Daniel, Javiere y el que suscribe alcanzamos la cumbre del Pico Alba, el más occidental de todo el macizo de las Maladetas, y uno de los menos visitados teniendo en cuenta la competencia que tiene al lado.

Partimos de Hospital de Benasque a las 7:30, siguiendo la pista de esquí de fondo que, a esas horas, ya presentaba una nieve poco compacta. Al final del Plan de Están abandonamos la cómoda pista y nos calzamos las raquetas de nieve (era mi primera experiencia con este artilugio) para adentramos en el bosque e ir ganando altura hacia el Refugio de la Renclusa, al que llegamos hacia las 9:10. Tras coger agua en el refugio nos encaminamos en dirección a los Lagos de Paderna, dejando a nuestra izquierda el concurrido camino hacia los Portillones, paso obligado hacia los reyes de la zona: el Aneto y la Maladeta Oriental. Bordeamos el lago helado de Paderna por la izquierda y comenzamos a ganar altura por las duras pendientes que bajan de la Maladeta en clara direccion Suroeste. La nieve no estaba muy dura y eso nos permitía, a pesar de la inclinación de la pendiente, seguir progresando con las raquetas, ahorrándonos el fatigoso trabajo de hundirnos.

  Foto: Javier Rubio
  Tiempo de raquetas. ¿Y esto cómo se poneee?

Tras superar estas duras rampas alcanzamos la altura del collado de Paderna, dejándolo muy a nuestra derecha según subíamos. Continuamos ganando altura en lazadas y en poco tiempo accedimos al valle que baja desde el collado de Alba y que está flanqueado en un lado por toda la cuerda del Alba y la Tuca Blanca. Hicimos un alto en el camino para reponer fuerzas y prepararnos para la parte más técnica de la ascensión; mientras, desde el fondo del valle, unos cuantos esquiadores ganaban altura con facilidad y rápidamente nos superaron.

Tras el corto descanso, seguimos remontando el valle hasta llegar a una marcada huella que nos indicaba el punto por el que había que acceder a la arista que bajaba desde el Alba. Cambiamos las raquetas por los crampones y encaramos la empinada pero corta canal que da acceso a la vertiente opuesta del pico. En el pequeño plato al que llegamos nos dimos un respiro para contemplar el Pirineo en todo su esplendor. Bajo un cielo luminoso la vista se perdía en un mar de montañas cubiertas por la nieve. Seguimos progresando por otra larga y empinada canal (35º-45º), que se enderezaba cuanto mas subíamos. Por suerte la nieve estaba en unas condiciones ideales para darnos confianza en nuestra progresión y además había una huella bien marcada. La canal nos depositó en la antecima a eso de las 13:00 horas, pero para completar la ascensión y pisar la cumbre había que recorrer unos 15 metros por una afiladísima y expuesta arista. Me quedé esperando a Daniel y Javiere mientras miraba cómo un francés pasaba hacia la cumbre con total naturalidad. A mí me costó un tiempo decidirme, pues impresionaba. Como siempre, las guías se olvidan de reseñar este tipo de pasos sin dificultad, pero mucho más expuestos que los famosísimos pasos de Mahoma o del Caballo.

Foto: Javier Rubio  
Siempre les pillo descansando ;-)  

Mientras me lo pensaba, otro par de franceses pasaron, y en vista de que ninguno de mis compañeros tomaba la delantera, inicié la travesía con el miedo en el cuerpo, pues la caída era más que impresionante, sobre todo en la parte central cuando se perdía la relativa seguridad de la cornisa de nieve y había que avanzar fiándote de tu propio equilibrio. Para llegar a la cumbre aún quedaba salvar una piedra y por fin ¡ufff! ya estaba en ella. Respiré hondo y contemplé lo que me rodeaba: hacia el collado de Alba, una vertiginosa arista (que Javiere entre risas había comentado de hacer; ahora cuando la viera se le quitarían las ganas); a nuestros pies, el Lago de Cregüeña; justo en la antecima de donde veníamos terminaba la clásica arista de los 15 Gendarmes que se perdía interminable hacia el fondo del valle.

Esperé a que llegara Javiere y nos hicimos la foto de rigor. El lugar no era para quedarse allí durante mucho tiempo, así que comenzamos la vuelta atrás por la arista. El primer escollo impresionaba si cabe un poco más, pues había que ponerse de cara al vacío. Superado este y sin ningún contratiempo, regresé junto a Daniel que esperaba en la antecima. Mientras nos preparábamos para bajar llegaron otros tres alpinistas. Menos mal que por unos minutos nos habíamos adelantado, pues con tanta gente no se estaba cómodo y el paso hacia la cumbre se complicaría un poco más. Pensé que la bajada por la canal podría hacerla de cara a la pendiente pero rápidamente comprobé que me sería más fácil y cómodo hacerlo de cara a la pared. En el pequeño plato me senté mientras mis compañeros terminaban de destrepar la canal y pasé unos minutos maravillosos contemplando nuevamente el mar de montañas nevadas y tratando de identificar alguna de ellas. El viento soplaba ligeramente sin llegar a molestar y se respiraba una tranquilidad absoluta (así me gustaba estar en la montaña).

  Foto: Javier Rubio
  La impresionante arista

El regreso lo realizamos bajando directamente por el valle de Paderna que aparentemente conducía hasta el Hospital de Benasque y por si acaso estaban las huellas de los esquiadores que habían subido por allí. En un principio seguimos con los crampones, pues las raquetas, con la inclinación que había, no nos serían útiles y podrían provocarnos alguna caída. Según perdimos altura comenzamos a hundirnos y yo particularmente parecía una drag queen, pues al no llevar antizuecos en los crampones, se me formaban unas plataformas de nieve de considerable grosor. Esto me obligaba a golpearlos con el piolet cada dos pasos y a tener un poco de cuidado para no salir rodando ladera abajo.

En poco tiempo llegamos al pie del Pico de Paderna por su vertiente Oeste y, junto a una piedras, aprovechamos para quitarnos los crampones y darnos un merecido descanso. Y por supuesto dar buena cuenta de los bocatas que muy amablemente nos había preparado Begoña, la mujer de Daniel.

Foto: Javier Rubio  
Felipe y sus "plataformas"  

Mientras dábamos buena cuenta de los bocatas vimos al grupo de esquiadores franceses descender ligeros por donde hacía un rato nosotros habíamos penado. Eran buenos, pues la huella que dejaban en la nieve así lo indicaba. Al poco admiramos también a un grupo de surferos que bajaban desde el collado de Paderna haciendo de las suyas y disfrutando de lo lindo. Tras la comilona (que a mi me supo a gloria bendita), nos calzamos nuevamente las raquetas, pues aparentemente la pendiente se suavizaba, y seguimos las huellas que nos condujeron hasta una empinada y estrecha canal entre pinos. Nos quitamos las raquetas dada su poca utilidad en ese tipo de pendientes y bajamos a golpe de talón y en algunas ocasiones hundiéndonos hasta la ingle. Cuando la pendiente se volvió a suavizar no tuvimos más remedio que calzarnos otra vez las raquetas porque a cada paso nos hundíamos y cada vez nos costaba más avanzar. Al poco de bajar con las raquetas, otra vez que nos las teníamos que quitar, pues una nueva canal empinada entre los pinos se interponía en nuestro camino. Era desesperante sobre todo recordando que mis esquís de travesía estaban en el coche. ¡Para que luego digan que no existen los amigos! Por suerte, tras esta última bajada ya se podía ver la pista de fondo y, en pocos minutos llegamos hasta Hospital de Benasque poniendo punto final a una gran jornada de montaña. Eran las 17:00 horas.

La travesía la realizamos en aproximadamente 9 horas (paradas incluidas) con raquetas de nieve. Aunque en el descenso tuviéramos que prescindir de ellas dada la inclinación de la pendiente, la experiencia por mi parte fue positiva, aunque tengo que decir que me parecieron poco versátiles para el terreno por el que nos movimos y eché de menos mis esquís en la bajada.

Texto: Felipe Rodriguez


Las fotos en el siguiente enlace


NOTAS

Acceso: Desde Madrid capital hasta Benasque hay aprox. 522 kms. (unas 5h). Hospital de Benasque está, siguiendo la misma carretera (la A-139; no tiene continuidad), tras unos 12 kms. Poco antes de su fin sale la pista a mano derecha hacia el Albergue. Acceso restringido en su tramo final a solo clientes.
Se sale por la N-II hasta Zaragoza, donde al entrar en su cinturón, se toma el desvío a Huesca, por la N-330. Una vez pasada Huesca, se toma el desvío hacía Barbastro, por la N-240. Al llegar a esta última población, tomamos la N-123, luego la A-139 dirección a Graus, y finalmente, llegamos a Benasque.

Mapas: De Editorial Alpina: Maladeta Aneto. Valle de Benasque (a escala 1:25.000) y Mapa-guía de invierno. Macizo de la Maladeta (a escala 1:25.000). Este último de la serie "waterproof resistant", irrompible e impermeable (el mapa), que incluye breve guía enfocada a los deportes de invierno en la zona.

Material: Imprescindibles piolet y crampones. Ropa de abrigo frente al viento. Las raquetas o esquíes de travesía son muy recomendables. De lo contrario, el paso se vería seriamente dificultado y ralentizado.
No se requieren cuerdas, arnés, ni similares. Aunque los hemos visto utilizar y para algunos pueden ser un necesario elemento de seguridad y confianza.

Si se va con Daniel, una pala de nieve para sacarle de los agujeros. ;-)

 
 
 
 
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