MONTAÑEROS.POP
 
 
LA CUERDA LARGA EN BLANCO
 
La fecha fijada, el día 10 de enero de 2004. Hora, las 7:30. Íbamos a recorrer una vez más esta ruta clásica que transcurre por toda la denominada Cuerda Larga. La habíamos hecho en primavera, en otoño, en modalidad nocturna, en un sentido, en otro, andando, corriendo... Ahora le tocaba el turno a la modalidad invernal. Ya hubo quien propuso hacerla en un futuro de espaldas, haciendo el pino... :-)
 
A la hora fijada llegábamos al punto de convocatoria en el aparcamiento del Puerto de Navacerrada (1.860 m). El viento helado campaba por sus respetos, aprovechando las negras sombras de la madrugada y lo desierto del lugar. Vemos un grupo esperando. Apenas asomaban tímidos ojillos por entre los embozos. ¿Serán estos ateridos maniquíes el resto del grupo? La escarola cobriza de Mina nos sirvió de banderín de enganche para despejar dudas. ¡Sí! Eran ellos.
Como todo montañero que se precie, lo primero que hicimos tras los saludos de rigor fue... salir corriendo a la cafetería más cercana.
 
Allí estábamos, Mina y Mino/Javier; Marina y otro Javier (Saladino); más otro Javier; Rafael Capitán con JuanFe/Maizenas; Mens, Fernando, Paco González, Juan, y el que suscribe (vaaale, también Javier). Doce para el patíbulo, con buen ánimo, y ganas de lanzarnos a la aventura. A fin de cuentas, quietos no podíamos estar...
  Foto: Javier Rubio
  Comienza la subida. El pastor nos arrea
 
De nuevo en el aparcamiento de Navacerrada dejamos la mitad de los coches mientras nos recolocábamos en la otra mitad, para dirigirnos al punto de inicio, el Puerto de la Morcuera (1.796 m). Tomamos la carretera dirección a Cotos, lugar que pasamos de largo, y en Rascafría nos desviamos hacia la Morcuera. Al llegar aquí, el día había empezado a establecerse, y la oscuridad daba paso a una claridad que iría aumentando hasta llegar a mostrarse un intenso y brillante sol.

Ajustamos el equipo, repasamos las mochilas, nos colocamos las polainas, ajustamos la longitud de los bastones, fotos de rigor... y el grupo se pone en marcha ascendiendo a paso firme (más o menos) hacia La Najarra (2.106 m), cuyas estribaciones descollaban de manera ineludible. Requiebros entre placas de hielo, roca y algo de nieve dura.
 
El sol estuvo bien presente a lo largo de la mayor parte de la ruta. Pero, al transcurrir toda ésta por zona descubierta, a una altitud media de más de 2.000 metros, el viento gélido fue nuestro compañero de jornada, y pugnó por robarnos calor.
También fueron compañeras las extensiones cubiertas de nieve, aunque con más claros de lo esperado; y las placas de hielo que jalonaban regularmente el recorrido. La nieve que pisábamos prácticamente recorría todos los modos posibles: desde la helada, a la nieve papa. Nieve que no afectaba la suela de nuestras botas, y nieve que se dejaba hollar por varios centímetros, hasta la rodilla. Sobre todo en el caso de algunos individuos de corta estatura... :-)
 
Foto: Javier Rubio  
Excursión de escolapios en fila india  
Una vez en la cumbre principal de La Najarra, y tras ooootra foto de grupo, viramos hacia el oeste, pasando junto al pequeño Refugio de la Najarra (una minúscula caseta de piedra en mal estado de conservación), y nos dirigimos hacia la Loma de Bailanderos, preámbulo de Asómate de Hoyos (2.230 m). A ambos lados teníamos impresionantes panorámicas de notables extensiones, algo difuminadas por las neblinas que aún luchaban con los primeros rayos solares.
En Asómate de Hoyos paramos al refugio de unas escuetas rocas a comer algo y descansar brevemente. Para matar el tiempo alguien propuso mantear a JuanFe. Pero el hombre estaba tan atento a sus raquetas nuevas, que no se molestó en complacernos. Las miraba embelesado, con los ojitos tiernos, mientras en la mano sostenía un pañuelo con el que recoger su babita. Bucólica escena en paraje natural. ¡Sniff!
 
Toda la Cuerda Larga es un constante sube y baja. Además, el estado del terreno ponía a prueba nuestras habilidades acerca de cómo caer al suelo: de espaldas, de lado, con la "parte acolchada" bajo la espalda... No estuvimos prestos y se nos pasó contabilizar las pequeñas caídas del grupo. Aunque creo que por unanimidad y simpatía le podemos dar el premio a Mina, que puso todo su empeño en ganarlo; no obstante, contó con numerosos competidores... ;-) Pero la nieve se puso de su parte.
 
Continuamos por las Lomas de Pandasco, que nos dejaron en la subida hacia la máxima cota de nuestro recorrido, la Cabeza de Hierro Mayor (2.383 m). Allá arriba recuperamos (¡cómo no!) la entrañable costumbre de hacernos algunas fotos (sonrisas Profident). Pero breves, pues aquí el viento se hacía notar de manera insoslayable, con poca protección frente a él. No faltó quien sopesó llenarse los bolsillos de piedras.
Tocamos el vértice geodésico, volvimos a mirar a nuestro alrededor, con apreciativa mirada, y continuamos la marcha. La siguiente meta era Cabeza de Hierro Menor (2.365 m) a la que se accede atravesando un corto collado entre ambas Cabezas, con corta y fuerte subida nevada. Nos dijeron que las Cabezas estaban reñidas y no se hablaban desde hacía muchos años.
El estado de la nieve a estas alturas permitía dejar una buena huella que facilitaba el paso. De otra manera, con nieve dura, este paso hubiera precisado tener muy a mano el piolet, y los crampones calzados; si es que queremos hacer cumbre por el camino más corto, pues de acceder por la ladera sur podríamos obviar ese paso.
  Foto: Javier Rubio
  ¿Buena pose? Así empezaron los de "Mocedades"
 
Continuando con nuestra travesía bajamos una vez más a otro collado para ascender a continuación al Cerro de Valdemartín (2.279 m), a donde llegan los remontes de la Estación de Valdesquí, una de tantas heridas como soporta la sierra, a la espera de que sus obsoletas instalaciones sean desmanteladas algún venturoso día. Que cunda el ejemplo de la felizmente extinta y recuperada Estación de Valcotos, a muy poca distancia, donde sigue avanzando un esperanzador programa de repoblación y regeneración de la cubierta vegetal.

En este enorme tobogán de la Cuerda Larga, tras Valdemartín, bajamos al siguiente collado y ascendemos al Alto de Guarramillas (2.257 m), también llamado La Bola del Mundo, donde su estampa más conocida son las elevadas antenas repetidoras. En este tránsito de Valdemartín a Guarramillas, la niebla que había ido cubriendo todas las zonas bajas nos alcanzó. El viento la lanzaba hacia nuestro camino, y pasamos de disfrutar un venteado día de sol a meternos en una opaca niebla, bailando a nuestro alrededor al ritmo del viento, ora tapando, ora descubriendo nuestro entorno. Algunos, tiernos infantes en su corazón, entretuviéronse en jugar al escondite.

Llegados a este punto, la última cumbre de la ruta, comenzamos a perder altura en dirección al Puerto de Navacerrada, nuestra meta final. A tramos por la nevada pista de hormigón, o atravesando sus amplios trazos, llegamos a los coches, cansados, pero contentos, satisfechos. Mens, con sus almendras peladas obró milagros.
Paco pudo también descargar, ¡por fin!, las botas que había llevado toooodo el tiempo en la mochila. Se las puso para andar por el asfalto y guardar sus NB-805 totalmente empapadas.

Foto: Javier Rubio  
Crepúsculo final  
Dado que no íbamos con prisa, que preferimos deleitarnos con las vistas de la ruta (hasta lo que nos permitió el viento) vinimos a tardar unas ocho horas en completar el itinerario. Pero es bueno hacer notar que el tránsito habitual de este recorrido es de unas seis o siete horas, a buen paso. Y corriendo, mucho menos. Y si fuéramos Superman, y lo hiciéramos con los calzoncillos por fuera de las mallas, supongo que menos aún, ¿no?
 
¿Dije que nuestra meta era el Puerto de Navacerrada? Pues no. Ya lo sé, soy un canalla. ;-)
Tras dejar las mochilas en los coches, cambiar algunos calcetines, y otras menudencias, nos fuimos raudos y veloces hacia la cafetería del puerto, a mojar el gaznate, como los estibadores y corsarios (¡Perdón! Ahora caigo en que este es un puerto de montaña, no de mar). Acabamos la jornada como se ha de acabar: en cálido lugar, sentados alrededor de una mesa, con sendas bebidas y aperitivos delante de nosotros, charlando y viendo cómo asomaban planes para las próximas salidas. Esto... no será la felicidad, pero se da una maña en imitarlaaaa... :-)))

Texto: Javier Rubio

 
Las fotos en el siguiente enlace

NOTAS

Acceso: Desde Madrid capital al Puerto de Navacerrada hay aprox. 59 kms (unos 45 min). Salimos por la A-6, la carretera de La Coruña, hasta Collado-Villalba (km 38,7), donde tomamos a mano derecha el desvío señalizado hacia el Puerto, dejando atrás la población del mismo nombre. En el Puerto de Navacerrada hay amplio espacio de aparcamiento, que se suele saturar los días "populares".
Para acceder al Puerto de la Morcuera desde Navacerrada (algo más de 30 kms), se toma la C-604/M-604  dirección Cotos, hasta llegar a Rascafría. Dentro de la población se toma el desvío a Miraflores de la Sierra, carretera M-611, que pasa por el Puerto (hay señalización).
 
Mapas: De Editorial Alpina están Guadarrama. Navacerrada. Peñalara y también La Pedriza. Parque Alto del Manzanares (ambos a escala 1:25.000). Para tener la ruta completa hay que contar con los dos.
De Editorial La Tienda Verde, La Pedriza del Manzanares (a escala 1:15.000), aunque no abarca la ruta completa. Solo desde La Najarra hasta Cabezas de Hierro.
 
Material: Teniendo en cuenta lo que se tarda en hacer la ruta, es imprescindible llevar agua y algo de comer. Si no se ha caido en la perversión de las barritas "energéticas", imprescindible llevar un buen bocata al gusto, con pan del bueno.
Imprescindibles también son crampones (uno para cada pie) y piolet, aunque luego el desarrollo del día mostrará si es necesario usarlos o no. También al preparar los elementos de abrigo, tener presente el intenso viento de la zona. Proteger especialmente manos y cara. Gafas y embozo. Bastones o raquetas, al gusto de cada uno.

Evidentemente, dado que son diferentes los puntos de inicio y fin, se requiere coordinar los vehículos de los que se dispondrá.

 

 
 
 
 
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