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INTEGRAL
DE LA PEDRIZA |
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20 de Octubre de 2002, esta vez el lugar elegido es la Pedriza. Camino de La Pedriza, desde el coche, pude contemplar uno de los amaneceres más bonitos que recuerdo, con el fondo de la Cuerda Larga. Se inició con un cielo rosado y según avanzaba, el sol en su despertar fue iluminando con sus tenues rayos las rocas graníticas de La Pedriza con unos tonos anaranjados. Ya solo por este espectáculo mereció la pena el madrugón. Nos juntamos un buen grupo -Yoli, Pedro, Antonio Delgado, Richar, Justo, José Javier, Javiere, Manuel Bejarano, Pepo, Tato y el que escribe- con la intención de recorrer la ruta conocida como Integral de La Pedriza. El día se presentó despejado y con una temperatura agradable. Partimos desde Canto Cochino hacia el Cancho de los Muertos. La subida entre jaras, aunque corta, nos hizo entrar rápidamente en calor. Dejamos a nuestra izquierda las formaciones rocosas del Cancho, que vistas desde este lado parecen un cohete; en poco tiempo alcanzamos el collado Cabrón y seguimos avanzando de nuevo en subida hacia el Pajarito y la Campana. El camino, perfectamente señalizado con marcas de pintura blancas y amarillas, nos condujo al pie mismo del Pajarito y, desde allí, superando una empinada canal, llegamos al Jardín de la Ventana. Aquí hicimos un alto para volver la vista atrás y ver lo que llevábamos andado, que solo era el principio de nuestra marcha.
Tras una corta bajada se inició la dura subida al pie de las Milaneras, con algún paso de trepada. Tras este llegamos al collado de Tres Cestos, curiosa formación de rocas apiladas una encima de la otra en perfecto equilibrio. Una nueva bajada nos llevó a la vertiente oeste de la Pedriza posterior, dando vista a la parte más alta de la Cuerda Larga, Maliciosa y Bola del Mundo. En esta zona empezamos a ver los primeros grupos de cabras monteses que en poco tiempo desde su reintroducción han colonizado la Pedriza. Superados unos tramos rocosos y una dura subida, llegamos al collado de la Carabina. Hicimos un alto para reponer fuerzas resguardados tras unas rocas, porque empezó a soplar un fuerte viento que fue acercando poco a poco las nubes. Aquí nos dejó José Javier, que no podía alargar más la marcha y tenía que regresar a casa. Nosotros continuamos por la vertiente norte de las Torres, donde nuevamente vimos un numeroso grupo de cabras comandadas por un macho de enorme cornamenta. Alcanzamos el comedero Termes, uno de los lugares más espectaculares de la Pedriza. Es como un inmenso balcón con vistas de toda la Pedriza. Desde aquí iniciamos la "bajada", aunque se sigue bajando y subiendo para salvar las distintas formaciones rocosas que están en el camino, hasta el collado de la Ventana. Lo más curioso en este tramo fue salvar una estrecha cueva que esta debajo mismo del Puro.
Tras el collado, y con las nubes amenazadoras, aceleramos un poco el paso aprovechando la bajada hasta el pie mismo de la Pared de Santillán, lugar emblemático de los escaladores madrileños. Ya bajo la lluvia continuamos hacia la pradera de Navajuelos, otro de esos lugares mágicos que esconde la Pedriza. El camino nuevamente nos obligó a reptar bajo unas rocas en la zona del Torro, y nos condujo hasta el collado de la Dehesilla tras una bajada muy técnica. Nuevamente una subida y, en un periquete, estábamos ante la mole granítica de la Peña del Diezmo o del Yelmo, no sin antes haber dejado atrás el risco de la Cara y el del Acebo. No pudimos entretenernos mucho en contemplar esta maravilla de la naturaleza pues la lluvia arreciaba y nos obligó a correr en el último tramo de bajada hasta el punto de partida en Canto Cochino.
Fue llegar a los coches y se desató la furia de la borrasca, aunque por suerte Miguel Higelmo, el encargado del "catering" de esta Kedada ;-), ya había buscado un sitio bajo techo para degustar sus famosos ibéricos y ... ¡sorpresa!, un par de guisos de setas que nos tenía preparados, además de un caldo casero para entrar en calor. El resto de los presentes aportamos otras viandas, completando una variada degustación de tortillas caseras, embutidos, quesos y regados con un vino muy montañero de Somontano y, cómo no, para terminar las ya famosas almendras garrapiñadas de Alcalá. Sin darnos cuenta, entre risas y anécdotas alargamos la quedada hasta las 5 de la tarde, y nos despedimos entre promesas de ir un día de estos a corretear por Ayllón con Miguel (se lo merece como el que más), probar este invierno la subida de la norte de Cabezas con piolet y crampones, y la canal de la ceja de Peñalara. Y si podemos, realizar la travesía desde el puerto de Cotos hasta el puerto de Navafria por todo el cordal. Más fotos de la ruta en este enlace Texto: Felipe Rodriguez NOTAS
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