MONTAÑEROS.POP
 
 
TOCANDO AL CIELO
 

8 de Junio de 2002, buscamos el techo de la península.

Desde que me propuse participar este año 2002 en el Maratón Alpino Madrileño, todos los fines de semana los he dedicado a rodar por el monte para acostumbrar las piernas a los desniveles, tanto de subida como de bajada. Como colofón a todo el entrenamiento se me metió en la cabeza subir al Mulhacén, pico más alto de la península (3.494 mts), que por su latitud y el entorno que le rodea, brinda la posibilidad de llegar a su cima alternando el trote con la marcha.
  Foto: Felipe Rodríguez
  Amanecer en la montaña

Partimos el sábado 8 de junio con las primeras luces del día mi compañero de correrías, Justo, y yo, desde el lugar conocido como Hoya de la Mora, a 2.500 mts de altitud, lugar más alto a donde se puede llegar con el coche en la zona de Sierra Nevada. Habíamos llegado la noche anterior y pernoctamos en el Albergue Juvenil de la Junta de Andalucía, donde habíamos dejado a nuestra familias durmiendo plácidamente. Las condiciones meteorológicas no invitaban a salir del coche. Soplaba un gélido viento acompañado de una intensa niebla que impedía ver hacia dónde nos dirigíamos. Tuvimos que echar mano de toda nuestra ropa disponible para aguantar el frío que atenazaba nuestros músculos.

Desde aquí seguimos la carretera asfaltada "más alta de Europa", que llega hasta el Veleta. Aprovechando los atajos que salvan las continuas lazadas que hace la carretera para ir ganando altura, dejamos atrás los albergues, pasamos junto a la Virgen de las Nieves y las ruinas de un antiguo observatorio astronómico. En los tramos de carretera más llanos trotábamos, entre otras cosas para tratar de subir nuestra temperatura corporal muy mermada por el intenso viento, aunque resultaba difícil mantener el trote, más por la altitud que por la pendiente. Y en los tramos de vereda caminábamos deprisa. Casi sin darnos cuenta, fuimos ganando altura y llegamos a las Posiciones del Veleta, lugar donde se alcanzan los 3.000 mts de altitud. Más abajo podíamos ver la zona de Borreguiles y toda la urbanización donde destacaba el CAR (Centro de Alto Rendimiento) y su pista de atletismo.


El frío y el viento se intensificaron y la niebla nos jugó una mala pasada. Después de haber ganado bastante altura tuvimos que retroceder, pues la carretera asfaltada seguía subiendo hacia el Veleta y nuestra intención era dejarlo para la vuelta, si nos quedaban ganas. Cuando más despistados andábamos, abrió la niebla y pudimos llegar a la Carigüela del Veleta, donde existe un refugio-vivac que nos dio cobijo durante unos minutos; los justos para recuperar el calor y comer algo.


Foto: Felipe Rodríguez  
Cumbre del Mulhacén  

Transcribo lo que leí en una guía montañera de la zona en referencia a este lugar "al volcar la Carigüela del Veleta se pasa a otro mundo". Efectivamente, por este collado se pasa a la vertiente sur de la Sierra, dejando al otro lado todas las instalaciones de la estación de esquí, más visibles en ausencia de nieve por las tremendas cicatrices que las pistas hacen en las laderas de la montaña. Desde la Carigüela y ya sin niebla, aunque todavía con el viento helado azotando nuestros ateridos cuerpos, con nuestro objetivo a la vista, seguimos la pista de tierra. En el primer tramo tuvimos que atravesar un par de neveros que suelen perdurar en esta zona durante gran parte del año, y agradecimos haber traído con nosotros los bastones telescópicos para ayudarnos a mantener el equilibrio. Pasado este tramo y aprovechando el trazado de la pista trotamos durante gran parte del recorrido siempre que la pendiente nos era favorable, porque en las subidas nuestras piernas parecían lastradas y nos costaba despegarlas del suelo.

Pasamos bajo la mole del Pico Veleta. Más adelante atravesamos el Paso de los Machos y ante nuestros ojos apareció una de las zonas mas bonitas de todo el recorrido: la cubeta glaciar de Río Seco, cerrada en un lateral por una muralla pétrea conocida como Los Raspones. Las canales (denominadas en la zona como "canutos") que bajaban desde este lugar hasta el fondo de la cubeta, aún conservaban nieve, y junto con las pequeñas lagunas rompían un poco la monotonía del paisaje casi lunar de piedra descompuesta que nos rodeaba.

Dejamos atrás este lugar y, siguiendo la pista, bordeamos la Loma Pelá y nos pusimos al pie de la ladera oeste del Mulhacén, que desde la distancia impresionaba por su verticalidad, aunque ya en ella no fuera para tanto. Iniciamos el ascenso con un poco de temor por la intensidad del viento, siguiendo una trocha visible que paso a paso nos acercaba cada vez más al cielo. La ladera se hacía interminable y en su parte alta si cabe más empinada. Sin darnos respiro y luchando en el tramo final contra la furia del viento para no perder el equilibrio, conseguimos alcanzar el punto culminante de la Península Ibérica.

  Foto: Felipe Rodríguez
  Felipe buscaba casa nueva...

Nuestra prudencia nos aconsejó no intentar encaramarnos al vértice geodésico, pues una ráfaga de viento nos habría empujado hacia el vacío de la cara Norte. Tampoco pudimos disfrutar de la cumbre pues el frío nos impidió alargar nuestra estancia; sobre todo Justo, pues era su primer tresmil, y seguro le habría gustado tomarse su tiempo para saborear el momento. Desde luego si esto era tocar el cielo, casi preferíamos tocar el infierno. Más que nada por nuestras manos, que empezaban a dar señales de congelación a pesar de los guantes dobles que llevábamos. Tras las oportunas fotos de cumbre y unos minutos para reponer fuerzas y calorías guarecidos en las ruinas de una antigua construcción, nos lanzamos contra el viento ladera abajo en un vertiginoso descenso, azuzados por las ganas de sentir de nuevo el calor en nuestro cuerpo. Llegados nuevamente a la pista nos cruzamos con los primeros montañeros que subían desde el Refugio Poqueira que nos miraban un poco perplejos y sorprendidos.

Regresamos por la pista ya con las fuerzas un poco justas y además con la pendiente mas desfavorable que a la ida, lo que nos obligó a caminar durante más tiempo. Llegamos otra vez al Refugio de la Carigüela, donde volvimos a tomarnos unos minutos de respiro. Desde allí, nuevamente con el viento soplando con fuerza, remontamos hasta la cumbre del Veleta, que nos ofrecía una panorámica de todo el recorrido que habíamos hecho.

El descenso hasta el coche lo hicimos siguiendo a unos corredores locales que habían subido al Veleta entrenando también para el Maratón Alpino Madrileño y que nos indicaron los mejores atajos para evitar el asfalto; nos llevó escasamente media hora. Nuestra indumentaria, abrigados hasta los ojos, contrastaba con la suya: escuetamente un pantalón corto y una camiseta de manga corta. A estas horas el frío era más soportable, aunque ellos llegaron a la cumbre del Veleta con las manos y las orejas un poco duras.

Al final nos salieron 6 horas netas, 1.400 mts de desnivel positivo y negativo, y aproximadamente 26 kms que nos dejaron el cuerpo como unos zorros. Sobre todo a mí, que estuve el resto del día con el frío metido en el cuerpo, porque Justo estaba como una rosa. Nada que no pudieran arreglar una buena cerveza, una buena comida, un merecido descanso y un paseo al día siguiente por la Alhambra y los jardines del Generalife.)

Más fotos de la ruta en este enlace

Texto: Felipe Rodríguez

NOTAS

Accesos: Desde Madrid capital a la Estación de Sierra Nevada, hay aprox. 460 kms (unas 4:30h). Hay que tomar la N-IV, la Carretera de Andalucía, hasta la salida 292, donde tomamos la N-323 hacia Jaén y luego Granada. A la altura de ésta capital, en la salida 135, nos incorporamos a la A-395 dirección Huétor-Vega, y seguimos esta misma carretera hasta su final natural, la estación de esquí, donde se corta al tráfico rodado.
También es interesante acceder al Mulhacén por el sur, desde Trevélez. Aunque supone una "jartá" más de kilómetros, nos metemos en la impresionante y hermosa Alpujarra. Para ello, al llegar a Granada, deberíamos seguir al sur por la N-323, omitiendo el desvío a Huétor-Vega, y desviándonos a Lanjarón por la A-348, a la altura de Tablate. Tras una carretera de muchas curvas, sumando al final (en total) unos 497 kms, habríamos llegado a Trevélez.

Mapas: De la sempiterna Editorial Alpina, Sierra Nevada. La Alpujarra (a escala 1:40.000). Incluye breve guía con datos de interés.

Material: Si la idea es hacer el recorrido como entrenamiento de carrera, imprescindible el calzado deportivo de trail, pequeña mochila con depósito de agua, y capas de ropa para alternar según la temperatura. Posiblemente sea de utilidad llevar bastones. También comida de ataque, y una cámara de fotos que solo saque caras alegres. ;-)
Si se quiere hacer con más tranquilidad, solo sustituir el calzado por otro más apropiado.

 

 
 
 
 
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