MONTAÑEROS.POP
 
 
CARROS DE FOC
 

12 de Septiembre de 2003 en el P.N. de Aigües Tortes y Lago San Mauricio. Fuimos a completar la conocida travesía que enlaza los ocho refugios del Parque. De entre las diferentes modalidades, optamos por la skyrunner (menos de 24 horas). Aquí colgamos dos diferentes (y complementarias) narraciones.

ASÍ LO CUENTA JAVIERE

Habíamos llegado la tarde anterior en taxi 4X4 desde Espot al pie del Lago San Mauricio, y subimos al refugio de Amitges por la pista en poco más de una hora de marcha. Los ojos no dejaban de captar imágenes sorprendentes, de recuperar viejas y nuevas ilusiones. Lagos, cumbres... rocas rasgando un cielo azul amplio y esplendoroso, tal vez conocedor de que cobija una de las joyas más bonitas de toda la Península.

Cuando salimos del refugio y empezamos el recorrido de los Carros de Foc (Carros de Fuego), eran las 4:50. Pocas horas de descanso. La casi total oscuridad solo era rota cuando la luna decidía escapar de su refugio entre las nubes. Las rocas se nos hacían visibles a ratos. Las cercanas, a la luz de los frontales. Charcos y barro. Nos fuimos quitando el frío de encima a costa de andar a paso bien vivo, en camino ascendente. Sobrecogidos por el silencio y las grandes cortinas negras a nuestro alrededor. Crestas agudas.

  Foto: Ricardo Zamarrón
  Refugio de Amitges. En orden de marcha

No era fácil moverse en ese medio. Poco antes de llegar al siguiente refugio, el de Saboredo, nos encontramos con tres participantes, de la colla de Maimakansu. Tuvieron representación en el maratón nocturno de Valtiendas (Segovia). Son incansables. habían salido alrededor de una hora antes que nosotros, pero se habían perdido y separado del resto de su grupo. Junto a nosotros retomaron la ruta, y compartimos las dos siguientes etapas. En el Refugio de Saboredo, Justo mantuvo un "alegre" intercambio de impresiones con un montañero francés que al parecer no conseguía conciliar el sueño con el trasiego de los molestos marchadores nocturnos.

¿Qué podría decir? Para quienes conocéis la zona, nada que os pueda sorprender. Para los que aún no la habéis visto, mis descripciones serían un triste esbozo. Fuimos enlazando los nueve refugios (Amitges, Saboredo, Colomers, Restanca, Ventosa i Calvell, Estany Llong, Colomina, Blanc, Mallafré) engarzados en medio de montañas, valles y lagos. Cruzamos praderas, pedregales. Bastante agua. Hacía muy poco que la nieve había visitado una vez más la zona. Y los restos, así como la renovada humedad, salpicaban alegremente toda la zona. Las deportivas se empapaban. Era el ambiente de Richar y sus NB agujereadas. ;-)

De hecho, por las informaciones que teníamos, en algún momento temimos que la nieve nos fuera a dificultar la travesía. No habíamos llevado crampones, y nuestro equipo debía ser ligero. Lo mínimo imprescindible que cupiera dentro de la exigua mochila. El peso mayor radicaba en el depósito de agua y en la alimentación: barritas, "actifudes" y similares. Algo añadido de prendas de abrigo, que no estuvieron de más, y algún detalle al libre albedrío y juicio de cada uno. Incluso Misha renunció por esta vez a su frasco de aceite de oliva.

Foto: Ricardo Zamarrón  
Primeras luces en el Port de Caldes  

Nos cruzamos con montañeros que hacían la travesía de Carros de Fuego en distintas modalidades. También con otros que disfrutaban ajenos a esta aventura. Los saludos y cruces de buenos deseos no faltaban. El apoyo en los refugios, más que encomiable. El guarda de Amitges, Valentí, en especial, nos trató con un cuidado exquisito. Los demás que tuvimos ocasión de conocer, no desmerecieron. En el refugio de Ventosa i Calvell nos facilitaron material para tratar un poco más en condiciones al maltrecho Felipe. Tal vez solo la nota discordante del guarda del refugio de Estany Llong, a quien debieron robarle la sonrisa tiempo atrás. Seco y parco al extremo. Pero era la única excepción en medio de un mar de buena voluntad, ánimo y apoyo.

Según avanzaba el día y salvábamos desniveles, las piernas iban notando el cúmulo de cansancio. Tuvimos, como ya se indicó más arriba, la preocupación de la caída de Felipe. La brecha fue seria; hubiera requerido puntos de sutura (con 5 puntos tendría ya para la vajilla completa y la PlayStation). Sus dudas sobre si podría concluir estaban en principio justificadas. Pierna y brazo no salieron bien parados. Hay que agradecer que finalmente su coraje y resistencia (sin eludir el buen juicio) le permitieran terminar con éxito. Felipe y Justo eran nuestros garantes. Bonnye and Clide, Starky and Hutch, Mortadelo y Filemón... (Bueno, creo que me he pasado un pelín).

 
Foto: Ricardo Zamarrón
  Bajada al lago y refugio de la Restanca

Mientras el día hacía su giro, vimos algunas cabras (incluso domésticas, las más amenazantes); oímos los silbidos de alerta de las marmotas. Diferentes aves. Todo un mundo de vida en perfecta armonía. Nosotros solo estábamos de paso. Meros espectadores, buscando no interferir en la Obra.

En definitiva, vimos el amanecer de un día, todo su transcurrir en medio de la montaña, y el ocaso que hizo salir de nuevo la "Luna de sangre" que tanto le gusta a Richar y su morbo. Salimos de noche, y llegamos de noche. Con mucho más cansancio, con algunas ampollas, piernas cargadas. Felipe con menos sangre. Justo con las posaderas algo tocadas. Misha callaba para no jurar en arameo. Fue nuestro traductor oficial titulado (pena que no nos cruzáramos con nadie hablando alemán). Pero todos compartiendo cada tramo de ruta, cada subida y bajada. No había competencia entre nosotros. Ni razón para ella. Como bien indicaba Justo, en medio de aquella inmensa "soledad", junto a montañas soberbias, no éramos nada. Podíamos existir o desaparecer. Nada cambiaría. Podíamos intentar "vernos", tal como somos. Sin artificios ni ópticas sociales distorsionadas.

Foto: Ricardo Zamarrón  
En el Collado de Contraig  

Una experiencia inexplicable. Algo que solo se puede vivir, no contar. Hacer Carros de Foc en modalidad Skyrunner es duro, muy duro. Tres, cuatro, siete... horas de montaña se sobrellevan. Más de veinte, sin casi parar, salvo lo mínimo imprescindible, sin apenas sentarse, es otro mundo. No imposible; ahí están las pruebas. En nuestro caso, por diversas circunstancias, terminamos en algo más de 20 horas, cuando habíamos salido con la idea de hacerlo en 18. El récord está en poco más de 10 horas. Pero solo el hecho de vivirlo, al margen del tiempo empleado en completar el círculo, es ya todo un reto que merece la pena plantearse. Con cabeza. Pero también con el corazón.

Volveremos. Tal vez a repetir Carros. Quizá a recorrer otros de los innumerables vericuetos que aún se mantienen en las montañas a pesar de las constantes agresiones humanas. ¿Besiberris? También están en lista de espera. Y no me gusta hacer esperar. Llegué por primera vez con las Kamet reglamentarias; regresé con Adidas y Nike. Pero aún no conocen la zona mis Chirucas. ;-)

AVISO: En esta narración no se ha dañado a ningún animal. Las situaciones de riesgo a que se puedan haber visto sometidos han sido simuladas bajo la supervisión de la Sociedad Protectora de Bichos y Entes Varios.
Se agradece la colaboración en el relato a las Autoridades del Parque N. de Aigües Tortes; a los taxistas del servicio de 4X4 del Parque, y en especial a la salerosa y guapa taxista que nos bajó de vuelta a Espot; a todos los guardas (vaaale; incluido el del Estany Llong); a varios chiringuitos y pizzerías de Rialp y Sort que nos acogieron; a las camareras de la zona de servicio El Cisne, N-II; a las pacientes Elena/Trepa y Paloma/JB con hielo; a los incansables Sara, Marquitos y Héctor (los auténticos causantes de mis agujetas); a los Apartamentos y Hotel Pessets, de Sort.



FELIPE LO VIO ASÍ

¿Por qué será que, según pasan los días, queremos volver a sentir las mismas emociones que vivimos el pasado viernes haciendo la travesía de Carros de Foc, a pesar de que en la última parte del recorrido casi todos renegamos de estas historias y nos juramos no volver nunca más?
Será porque necesitamos sentir el aire fresco de la madrugada en nuestra cara. O porque necesitamos llenar nuestros ojos del verde de los valles, del azul de los lagos, del blanco de la nieve. O porque necesitamos sentir en nuestras piernas la dureza de las continuas subidas y bajadas. Hoy, sentado en la oficina delante del ordenador, añoro todos esos momentos vividos y mi mente se pierde una y otra vez entre los inmensos roquedales y la tenue niebla que nos envolvió al amanecer.

El año pasado, Justo y yo completamos el recorrido en modalidad Skyrunner, pero nos quedó el regusto de que podíamos haberlo hecho en menos tiempo conociendo ya el recorrido. A primeros de año señalé en un calendario el día 10 de septiembre por ser luna llena, y empecé a vender la idea a distintos amigos para que me acompañaran (Justo, por supuesto, ya estaba apuntado). En agosto realizamos la reserva para seis y definitivamente una semana antes la cerré para cinco (Justo, Richar, Javiere, Misha y yo). La fecha definitiva: el 12 de Septiembre.

 
Foto: Ricardo Zamarrón
  Terraza del Refugio de Amitges, punto de partida

El día 9 partimos para la zona Justo y yo con nuestras respectivas familias, y al día siguiente hicimos un reconocimiento de la parte final del recorrido, entre el refugio Josep Mª Blanc y el Ernest Mallafré, por la tubería. El día 11 llegaron el resto de componentes del equipo y después de una comida a base de pasta y pizzas, nos acercamos al pueblo de Espot. Aquí cogimos un taxi todoterreno que nos llevó hasta el Lago San Mauricio, al pie de los Encantats, y desde aquí a pie por la pista forestal a nuestro punto de partida: el refugio de Amitges.

Ya en el refugio empezamos a sentir el ambiente de Carros y mirábamos a cada uno de los allí presentes para poder identificar a los que, como nosotros, lo harían en modalidad Skyrunner. En la mesa, mientras comíamos, se nos helaron las sonrisas cuando nos contaron que en los collados la nieve se acumulaba en abundancia después de una copiosa nevada por encima de los 2.300 mts. Por un momento se hizo el silencio y lo más que dijimos fue de llevar mallas largas para no enfriarnos.
Desde las 2 de la madrugada en la habitación hubo movimiento de gente que se levantaba para iniciar los Carros. En uno de los murmullos escuché comentar que había bastante niebla. Me arrebujé un poco más en el saco y me di la vuelta.

A las 4 de la madrugada llegó nuestra hora. Éramos los últimos. Nos pusimos en marcha a las 4:50. La luz de la luna iluminaba perfectamente el camino y se recortaban majestuosas las montañas de alrededor. Las nubes caprichosas jugaban a esconderla, pero aún así llegamos sin ningún contratiempo al Port de Ratera y de allí al refugio de Saboredo, seguidos por un grupo de Maimakansu que se habían perdido. Las primeras luces del día nos sorprendieron llegando al Refugio Colomers. Todo iba sobre ruedas. Subiendo el Port de Caldes la niebla nos envolvió muy suavemente y dibujó uno de los paisajes más bonitos que yo haya visto en montaña. Nuestras siluetas recortadas emergiendo de la niebla, con los rayos del sol a nuestras espaldas y montañas mágicas iluminadas ya por el sol apareciendo como por arte de magia. Solo por esta imagen merecía la pena estar allí. En este tramo se unió a nosotros un chaval de Sort, David, que al final se marco unas espectaculares 16 horas.

Foto: Ricardo Zamarrón  
Primeros auxilios en Guellacrestada  

La bajada hasta el refugio de la Restanca la hicimos a un buen ritmo, animados por los que subían y por nuestras fuerzas aún intactas. La subida de nuevo por el mismo sitio. Por lo menos a mi que ya lo sabía no se me hizo especialmente dura. Al coronar el collado de Guellacrestada desvié la vista por un momento hacia el horizonte y apoyé el bastón en mal sitio. Confiado en su apoyo cargué todo mi peso sobre él y hete aquí que la fortuna quiso que resbalara y con él se venció todo mi peso, cayendo sobre una piedra con mi brazo derecho y la pierna del mismo lado, ante la mirada atónita de Javiere que nada pudo hacer por impedirlo. La primera visión de mi brazo ensangrentado con un corte profundo y largo a poco me hace perder el conocimiento (yo para estas cosas soy un poco blandengue). Rápidamente llegaron los demás. Me aplicaron un taponamiento de emergencia con un pañuelo de papel sujeto con esparadrapo, pero tardé todavía varios minutos en recuperar la serenidad y la confianza para poder reincorporarme. Cuando lo conseguí me di cuenta que, aparte del brazo, tenía seriamente tocado el cuádriceps y con cada paso veía las estrellas.

Conseguí llegar al refugio Ventosa i Calvell cojeando, y allí le pedimos al guarda algo para poder curar mejor la herida. La limpiamos en la fuente y le aplicamos betadine y unos puntos adhesivos de esos que llaman "americanos". En unos minutos nos pusimos de nuevo en marcha. Yo seguía con mis molestias en la pierna que me impedían bajar con soltura, pero en cuanto empezaba la subida casi desaparecían por completo y de momento teníamos una buena hasta el collado de Contraig. Es una subida de piedras, piedras y más piedras. La bajada, que es la más larga de la travesía (1.000 mts de desnivel), a pesar de las molestias no se me dio muy mal y llegué al refugio de Estany Llong con la moral muy alta y olvidado casi de la caida. Eran las 14:30.

 
Foto: Ricardo Zamarrón
  De Contraig al refugio de Estany Llong

Iniciamos el camino hacia el collado de Dellui bajo un intenso sol. Me encontraba muy bien y subía con soltura; la pendiente era suave y mantenida. Por detrás las cosas no iban tan bien. La bajada de Contraig había machacado las piernas y empezaba a pasar factura. Además esta subida era interminable. Rodear las agujas de Dellui nos llevó un buen rato y la visión del collado al fondo del valle, todavía a mucha distancia, fue un poco desesperante. En las últimas rampas del collado empecé a quedarme atrás y noté cómo las fuerzas me abandonaban. Al coronar intenté comer algo, pero el descenso para mí fue un suplicio. Cada vez cojeaba más ostensiblemente y la moral también se me vino abajo. Por mi cabeza empezó a rondar la idea de abandonar. Pensaba que lo del brazo no había ido a mayores, pero lo de la pierna, si no paraba, podría generarme alguna importante lesión y le comenté a Justo la idea de quedarme en el refugio de Colomina. El trayecto hasta el refugio es largo y monótono; da para mucho, y antes de llegar a él recapacité y pensé que no era ninguna solución quedarme aquí, a casi 100 Kms de donde teníamos el coche.

En el refugio me tomé un refresco de cola para ver si me animaba un poco y decidí continuar hasta el siguiente. Allí ya pensaría qué hacer. Bordeamos los grandes lagos que hay junto a la Colomina y superamos el corto pero duro paso de l´Os. Al otro lado y tras bordear el semivacío estany de Saburó, iniciamos la subida al collado del mismo nombre. ¡Qué diferente al año pasado! En esta zona nos sorprendió la noche y lo pasamos un poco mal para encontrar el buen camino. Sin embargo este año llegamos en poco tiempo al collado e iniciamos el descenso hacia el refugio Josep Mª Blanc. Animado por esta situación y mirando el reloj que marcaba 15 horas de marcha, recuperé como por arte de magia la moral y decidi terminar los Carros, pues ya quedaba lo más fácil. Y además espoleado porque pensaba que lo haríamos en menos de 19 horas.

Foto: Ricardo Zamarrón  
Subiendo al Pas de l'Os  

Llegar al refugio al final nos llevó más tiempo del deseado, pero todavía llegamos de día. Dentro había buen ambiente y en las mesas estaba ya servida la cena. Nos ofrecieron de todo, pero para no caer en la tentación, solo aceptamos agua y salimos corriendo de allí antes de que no nos quedaran ganas de continuar. Afuera nos recibió la noche y un fresquito que nos hizo tiritar durante algunos minutos, hasta que conseguimos calentar el cuerpo. Al principio la pista se agradecía, pero segun fue pasando el tiempo se hizo monótona y aburrida. La oscuridad de la noche contribuía a ello. Cada uno empezó a darle vueltas a sus pensamientos y se repitió la historia del año pasado. Empezamos a decir aquello de... "estas cosas no son para mi, no estoy disfrutando nada", "el año pasado estuvo bien, pero este me ha sobrado", "no sé que pinto yo aquí; esto mejor en varios días, pero falta todavía mucho", etc, etc... El ritmo sin querer decreció y el camino parecía alargarse sin fin en la noche.

Por fin después de casi dos horas y media llegamos al primer túnel de la tubería y lo salvamos perfectamente, con mucha precaución, porque la pendiente era muy pronunciada, pero sin ningún contratiempo. Al llegar al segundo iniciamos bien la senda que lo salva, pero perdimos los hitos y nos fuimos demasiado pronto para arriba, encontrándonos con la pared de roca. Menos mal que Justo seguía lúcido a esas alturas, volvimos sobre nuestros pasos y reencontramos el buen camino, después de hacer un descenso por una pedrera un tanto peligroso. Respiramos tranquilos una vez superado el segundo túnel y en poco más de 10 minutos llegamos al refugio Mallafré. El reloj marcaba las 23:45.

 
Foto: Ricardo Zamarrón
  Las zapas de Richar. Descansen en paz

Desde aquí el camino era conocido pero por desgracia cuesta arriba. Cada uno subió como mejor pudo y nos esperamos a la entrada del refugio Amitges para entrar todos juntos. Allí nos recibió el guarda, Valentí (durante el periodo Skyrunner prácticamente no duerme, dando la salida y esperando el regreso de los participantes) y nos ofreció una sopa y unas cervezas. Había poca emoción y si muchas ganas de descansar.
Para finalizar quiero contar que tuvimos todo a nuestro favor: un tiempo inmejorable, luna llena, un buen equipo, conocimiento perfecto del terreno... Pero esta travesia lo que tiene es que se desarrolla en alta montaña y en cualquier momento pueden surgir imprevistos que tiran al traste todas las previsiones. Por suerte para nosotros pudimos terminar todos juntos, que para mi ya es un gran logro.

YO TAMBIEN OS QUIERO. GRACIAS POR VUESTRA AYUDA EN LOS MALOS MOMENTOS Y POR VUESTRA INESTIMABLE COMPAÑÍA.

Texto: Javier Rubio y Felipe Rodríguez


Más fotos de la ruta en este enlace

Más información en la página web oficial Carros de Foc


NOTAS
 
Accesos: Desde Madrid capital, a Espot, aprox. 605 kms (unas 6h). Salida por la N-II hasta Lérida, pasando por Zaragoza. En el km 465, a la altura de Lérida, se sale de la N-II para tomar la C-12 dirección Balaguer. Luego Camarasa (ya estamos en la C-13), Tremp y continuando hacia La Pobla de Segur, donde enfilamos la N-260 hasta Sort, y luego dirección norte (aquí la carretera recupera su denominación de C-13) hasta Espot.
En Espot hay que tomar un taxi 4x4 si queremos subir hasta el interior del parque, donde no se permite el acceso en vehículo privado. Si queremos subir andando, hay un tramo más de carretera fuera del pueblo, y finalmente un aparcamiento junto a la barrera de acceso.
 
Mapas: De Editorial Alpina, Parque Nacional de Aigües Tortes-Sant Maurici (a escala 1:25.000). Incluye una breve guía. De Institut Cartogràfic de Catalunya, Parc Nacional d'Aigües Tortes i Estany Sant Maurici (a escala 1:25.000). Si se piensan realizar ascensiones en la zona, es muy recomendable el libro Guía del Parque Nacional de Aigües Tortes, de Agustín Faus (Editorial Pirineo), donde se recorre exhaustiva y detalladamente cada una de las cumbres.  
 
Material: Para hacer la ruta de Carros en modalidad skyrunner, es necesario llevar unas buenas deportivas de trail, resistentes, y probadas previamente. También se precisa una mochila pequeña, que incluya calcetines de repuesto, avituallamiento necesario para toda la travesía, frontal con pilas de repuesto, depósito de agua accesible en ruta, pequeño botiquín... En ropa, camisetas térmicas (varias capas) además de guantes y cobertura de cabeza. Gayumbos de felpa. Hay que tener presente que se va a pasar por diferencias de temperatura drásticas.
Y en todo ello ha de primar la ligereza, con lo cual se ha de escoger muy bien qué llevar.

No olvidar (imprescindible) meter en la mochila unas enormes ganas de pasarlo bien, de afrontar las adversidades con optimismo, y llenarse del espíritu de la montaña.

 

 
 
 
 
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