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EXCURSIÓN
A LA SELBA DE OZA E INTENTO AL BISAURÍN |
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Octubre
de 2003. Visicitudes y avatares de una salida multigeneracional de fin
de semana a la Selva/Selba de Oza (Huesca). El plan inicial era sencillo. Habíamos previsto disfrutar de la Selba/Selva de Oza (Huesca) en plan familiar, e incluiríamos una ascensión para el domingo, temprano. Así el resto del tiempo el ambiente seguiría siendo familiar. Marchamos
el viernes desde los madriles en dos convoyes. En uno marchaban los
Polarines, llevándome consigo. En el otro iban los Treparriscos,
con Misha. Antes de estar la manada unida al completo, en esa mañana de sábado, Trepa y Polarito decidieron madrugar (un poco) y nos hicieron creer a los demás que salían a correr por la zona. A su regreso hablaron de ritmos de entreno, de pulsaciones... De bosques, pistas, vaquitas... Curiosamente, todos les saludaban por nombre después, cuando de refilón pasamos por los tugurios y baretos de peor reputación de la zona...
Partimos, pues, hacia uno de los enclaves más bellos que haya visto nunca: La Selva/Selba de Oza, en el valle de Echo/Hecho (me voy a acabar por cansar de las diferentes grafías en los topónimos...) Es... una ilusión hecha realidad, un deleite para los sentidos. En el otoño, su clímax, se transforma en un paraíso que no se puede describir con palabras. Hay que verla. Beberla. Sentirla. Y a eso íbamos. A
pesar de ciertos malos augurios, de las inmensas nevadas que se nos
pronosticaban, hizo el sábado un día de ligero fresco,
pero muy soleado, alegre. Había bastantes restos de nieve, algo
desperdigados en las tierras bajas; los arroyos se dejaban ir entre
carámbanos y placas de hielo, impetuosos.
¿Animales
salvajes? Sí, había varios. Pero tenían corta estatura
y nombres de personas "civilizadas": Santiago y Pablo (Polarines),
Marcos y Héctor (Trepines), Guille (Horchatero) y Pablo (Barriendín).
A Noelia no la incluyo en los "animalillos", que se portó
bien.
Acabó
el día, entre jaranas y algarabías, y nos fuimos todos
a dormir a la comuna. O a intentarlo. A
las seis de la mañana sonaba el despertador. De manera sigilosa,
terminamos de recoger el equipo, cargamos las mochilas y bajamos al
vestíbulo (Felipe, Misha, Daniel, Antonio y uno). Las perspectivas
eran sombrías, no solo por la carencia de luz exterior. Estaba
lloviendo sin atisbo alguno de remitir. Arreciaba por momentos. No dejaba de llover. Y, a pesar de que la luz se iba haciendo presente, lo que quedaba claro era que el día iba a estar nublado y lloroso. Más dudas, indecisiones, sopesar posibles alternativas... De perdidos, al río. Ya no sabíamos más chistes que contar (y encima eran malos); no podíamos quedarnos en el coche. Saldríamos a pesar de todo, y veríamos cómo iba mostrándose el día, con qué semblante.
Arrancamos por las pistas de esquí de fondo, entre bosque frondoso, entre jirones de niebla, luz tenue, difusa, de día encapotado, sobre una alfombra de hojas rojas y pardas, alternada con barro y piedra. Llovía, pero de vez en cuando era inevitable echarse hacia detrás la capucha, levantar la vista. Mirar las inmensas hayas, Los enhiestos pinos, rocosos acantilados, alfombradas laderas; la niebla, que caprichosamente se distribuía ora por un extremo, ora por el otro. Salimos del bosque y empezamos a ganar altura entre roca y prados. Seguía lloviendo. La sencilla cobertura de Daniel empezaba a hacer aguas. La temperatura era fría, y permitía pararse poco. Entre el sol de día anterior, y la lluvia del presente, poca nieve quedaba, salvo en las cumbres. Abajo, retazos, islas blancas.
Pasamos junto al Salto de la Vieja, una cascada entre rocas, acompañada de hielo y carámbanos (A la Vieja no la vimos; pero, claro, con ese frío...) Seguimos ganando altura, y llegamos al Refugio de Dios Te Salve. Creo que, con ese nombre, a alguno se le debió de figurar que el sitio al que servía de pórtico sería de cuidado, y tras entrar en el refugio (caseta forestal pequeña, refugio de circunstancias) y atalajarnos bien la impedimenta, decidimos dar por terminada la travesía. Enfrente nuestro, asomando por medio del verde valle y la niebla, se veían la blancas alturas de Puntal Alto de lo Foratón. Sacamos un par de fotos más, y juiciosamente optamos por regresar. No podíamos estar mucho tiempo parados, el frío se hacía notar. Alguno olvidó llevarse los gayumbos de Gore-Tex, y creo que empezaba a pensar que eso de la criogenización iba a empezar por extremos viriles no calculados.
Deshicimos lo andado, por el mismo camino; piedra lavada, barro, hojarasca. Y llegamos de vuelta al Refugio de Gabardito. Allí, en el porche, varios montañeros aguardaban mirando con truncada esperanza al cielo. Seguía lloviendo. Dos parejas optaron por marcharse. Poco había que hacer. Un joven abedul plantado recibía impasible la lluvia frente a nosotros. No todas las metas se consiguen. Hay que saberse retirar, y esa fue la alternativa a adoptar. Seguir solo hubiera servido para diferir lo inevitable. Ese día la cumbre se nos mostró arisca, lejana, altanera. No nos sonreía. Puede
dar la impresión de que ir a un propósito determinado,
y no alcanzarlo, es un fracaso. Que si el objetivo no se cumple, lo
demás carece de valor. O se nos muestra eclipsado.
Ese domingo no dejó de llover. Aprovechamos para visitar iglesias románicas (magníficas, impresionantes) para finalmente, tras comer en Santa Cruz de la Serós, despedirnos hasta la próxima aventura. Bisaurín,
no nos hemos olvidado de ti, de tu blancura, de tu desdén para
con nosotros. Sabremos esperar pacientes, dando tiempo al tiempo. Sabremos
aguardar la ocasión. Y entonces estaremos de nuevo, a tus faldas,
esperando la invitación de subir a la cumbre, de compartir contigo
la majestuosidad que esta vez nos negaste. Aún en desigualdad,
pero con respeto. Texto: Javier Rubio Más fotos de la ruta en este enlace
NOTAS
Accesos:
Desde Madrid capital, saliendo por la Puerta del Sol, a Hecho (Huesca)
son aprox 474 kms. (unas 4h 30m). Tomamos la N-II hasta Zaragoza,
donde seguimos el desvío a la N-330 hasta Huesca. Luego, tomamos la
A-132 hasta Puente la Reina, donde salimos dirección a Hecho tomando
la A-176. Cruzando el casco urbano del pueblo de Hecho, llegamos a
Siresa, a cerca de 2 kms. De continuar esta última carretera, la HUV-2132,
nos deja en el final de su trazado, la Selva/Selva de Oza.
Mapas:
De Rando Éditions-Institut Cartogràfic de Catalunya, Ansó-Hecho.
Orhy, Roncal, Anie, Bisaurín (a escala 1:50.000) edición bilingüe
hispanofrancesa.
Material:
En la época de la ruta indicada, en zona baja de la Selba solo se precisa
calzado de senderismo, y una buena cámara de fotos. No llevarla sería
pecado mortal.
Para acceder a alguna de las cumbres emblemáticas es más que conveniente disponer de crampones y piolet, según se presente ese año la nieve. También hay que tener presente las abundantes lluvias, y que de vez en cuando apetece comer un poco. ;-)
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