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EXCURSIÓN A LA SELBA DE OZA E INTENTO AL BISAURÍN
 

Octubre de 2003. Visicitudes y avatares de una salida multigeneracional de fin de semana a la Selva/Selba de Oza (Huesca).

El plan inicial era sencillo. Habíamos previsto disfrutar de la Selba/Selva de Oza (Huesca) en plan familiar, e incluiríamos una ascensión para el domingo, temprano. Así el resto del tiempo el ambiente seguiría siendo familiar.

Marchamos el viernes desde los madriles en dos convoyes. En uno marchaban los Polarines, llevándome consigo. En el otro iban los Treparriscos, con Misha.
Hicimos noche en un hotelillo de Sabiñánigo. A la mañana siguiente se nos unieron Daniel y Santiago, de Zaragoza, con las respectivas familias.

Antes de estar la manada unida al completo, en esa mañana de sábado, Trepa y Polarito decidieron madrugar (un poco) y nos hicieron creer a los demás que salían a correr por la zona. A su regreso hablaron de ritmos de entreno, de pulsaciones... De bosques, pistas, vaquitas... Curiosamente, todos les saludaban por nombre después, cuando de refilón pasamos por los tugurios y baretos de peor reputación de la zona...

  Foto: Javier Rubio
  Hayas y otoño en Oza 

Partimos, pues, hacia uno de los enclaves más bellos que haya visto nunca: La Selva/Selba de Oza, en el valle de Echo/Hecho (me voy a acabar por cansar de las diferentes grafías en los topónimos...) Es... una ilusión hecha realidad, un deleite para los sentidos. En el otoño, su clímax, se transforma en un paraíso que no se puede describir con palabras. Hay que verla. Beberla. Sentirla. Y a eso íbamos.

A pesar de ciertos malos augurios, de las inmensas nevadas que se nos pronosticaban, hizo el sábado un día de ligero fresco, pero muy soleado, alegre. Había bastantes restos de nieve, algo desperdigados en las tierras bajas; los arroyos se dejaban ir entre carámbanos y placas de hielo, impetuosos.
Un tiempo que nos permitió disfrutar de muy variados juegos de luces mientras recorríamos un bosque mixto de pinos, hayas, bojes y abetos blancos.
Aparcamos junto al abandonado Refugio de la Selba, y recorrimos algunas pistas y senderos al pie del Castillo de Acher (2.390 m).

Foto: Javier Rubio  
Fauna alóctona en Oza   

¿Animales salvajes? Sí, había varios. Pero tenían corta estatura y nombres de personas "civilizadas": Santiago y Pablo (Polarines), Marcos y Héctor (Trepines), Guille (Horchatero) y Pablo (Barriendín). A Noelia no la incluyo en los "animalillos", que se portó bien.
Bolazos de nieve, resbalones, carreras, ramas agitadas para dejar caer la nieve...

En definitiva, un día muy agradable. Tras recorrer la zona, y dedicar tiempo al buen yantar, fuimos a alojarnos a un Albergue en la carretera hacia Gabardito, preparados para los planes del domingo. Recorrimos la zona, junto al río Aragón, hasta el Campamento Juvenil Las Toscas. Otro paraje de interés, donde era frecuente encontrar además de los ya citados, acebos cuajados de fruto, brillante, rojo, y alguna variedad de roble.

  Foto: Javier Rubio
  Acebo cuajado de fruto 

Acabó el día, entre jaranas y algarabías, y nos fuimos todos a dormir a la comuna. O a intentarlo.
Santiago y familia retornaron a su guarida en Biescas y nos dejaron. Entre gritos, luces apagándose y encendiéndose, ronquidos, pitidos y piruetas, conseguimos finalmente dormir. A la mañana siguiente habría que madrugar. Y ese era el día previsto para la ascensión al Pico Bisaurín (2.669 m).

A las seis de la mañana sonaba el despertador. De manera sigilosa, terminamos de recoger el equipo, cargamos las mochilas y bajamos al vestíbulo (Felipe, Misha, Daniel, Antonio y uno). Las perspectivas eran sombrías, no solo por la carencia de luz exterior. Estaba lloviendo sin atisbo alguno de remitir. Arreciaba por momentos.
Dudas acerca de si convenía volver a la cama, esperar, salir...
Tras un rato de incertidumbre, optamos por intentarlo al menos. Estábamos ya despiertos, y la llamada de la montaña era acuciante, vital.
Salimos en coche hacia el aparcamiento del Refugio de Gabardito.

No dejaba de llover. Y, a pesar de que la luz se iba haciendo presente, lo que quedaba claro era que el día iba a estar nublado y lloroso. Más dudas, indecisiones, sopesar posibles alternativas... De perdidos, al río. Ya no sabíamos más chistes que contar (y encima eran malos); no podíamos quedarnos en el coche. Saldríamos a pesar de todo, y veríamos cómo iba mostrándose el día, con qué semblante.

Foto: Javier Rubio  
Pringadillos calados hasta los calzoncillos  

Arrancamos por las pistas de esquí de fondo, entre bosque frondoso, entre jirones de niebla, luz tenue, difusa, de día encapotado, sobre una alfombra de hojas rojas y pardas, alternada con barro y piedra. Llovía, pero de vez en cuando era inevitable echarse hacia detrás la capucha, levantar la vista. Mirar las inmensas hayas, Los enhiestos pinos, rocosos acantilados, alfombradas laderas; la niebla, que caprichosamente se distribuía ora por un extremo, ora por el otro. Salimos del bosque y empezamos a ganar altura entre roca y prados.

Seguía lloviendo. La sencilla cobertura de Daniel empezaba a hacer aguas. La temperatura era fría, y permitía pararse poco. Entre el sol de día anterior, y la lluvia del presente, poca nieve quedaba, salvo en las cumbres. Abajo, retazos, islas blancas.

  Foto: Javier Rubio
  Salto de la Vieja 

Pasamos junto al Salto de la Vieja, una cascada entre rocas, acompañada de hielo y carámbanos (A la Vieja no la vimos; pero, claro, con ese frío...) Seguimos ganando altura, y llegamos al Refugio de Dios Te Salve. Creo que, con ese nombre, a alguno se le debió de figurar que el sitio al que servía de pórtico sería de cuidado, y tras entrar en el refugio (caseta forestal pequeña, refugio de circunstancias) y atalajarnos bien la impedimenta, decidimos dar por terminada la travesía.

Enfrente nuestro, asomando por medio del verde valle y la niebla, se veían la blancas alturas de Puntal Alto de lo Foratón. Sacamos un par de fotos más, y juiciosamente optamos por regresar.

No podíamos estar mucho tiempo parados, el frío se hacía notar. Alguno olvidó llevarse los gayumbos de Gore-Tex, y creo que empezaba a pensar que eso de la criogenización iba a empezar por extremos viriles no calculados.

Foto: Javier Rubio  
Niebla en la montaña, montañero a la cabaña  

Deshicimos lo andado, por el mismo camino; piedra lavada, barro, hojarasca. Y llegamos de vuelta al Refugio de Gabardito. Allí, en el porche, varios montañeros aguardaban mirando con truncada esperanza al cielo. Seguía lloviendo. Dos parejas optaron por marcharse. Poco había que hacer. Un joven abedul plantado recibía impasible la lluvia frente a nosotros.

No todas las metas se consiguen. Hay que saberse retirar, y esa fue la alternativa a adoptar. Seguir solo hubiera servido para diferir lo inevitable. Ese día la cumbre se nos mostró arisca, lejana, altanera. No nos sonreía.

Puede dar la impresión de que ir a un propósito determinado, y no alcanzarlo, es un fracaso. Que si el objetivo no se cumple, lo demás carece de valor. O se nos muestra eclipsado.
Creo que todos los que compartimos esos momentos, fuéramos o no a subir, nos hemos llevado muy buenos recuerdos e impresiones. Porque fuimos a saborear cada segundo; era en sí una meta. Y la cubrimos con creces.
El dejar una etapa pendiente solo es acicate para retornar con más ímpetu e ilusión, para seguir en la brecha.
Una muesca más en la bota.

Foto: Javier Rubio  
Apartamentos económicos para gente sin complejos  

Ese domingo no dejó de llover. Aprovechamos para visitar iglesias románicas (magníficas, impresionantes) para finalmente, tras comer en Santa Cruz de la Serós, despedirnos hasta la próxima aventura.

Bisaurín, no nos hemos olvidado de ti, de tu blancura, de tu desdén para con nosotros. Sabremos esperar pacientes, dando tiempo al tiempo. Sabremos aguardar la ocasión. Y entonces estaremos de nuevo, a tus faldas, esperando la invitación de subir a la cumbre, de compartir contigo la majestuosidad que esta vez nos negaste. Aún en desigualdad, pero con respeto.
Imposible olvidarse de ti.

Texto: Javier Rubio

Más fotos de la ruta en este enlace

NOTAS
 
Accesos: Desde Madrid capital, saliendo por la Puerta del Sol, a Hecho (Huesca) son aprox 474 kms. (unas 4h 30m).  Tomamos la N-II hasta Zaragoza, donde seguimos el desvío a la N-330 hasta Huesca. Luego, tomamos la A-132 hasta Puente la Reina, donde salimos dirección a Hecho tomando la A-176. Cruzando el casco urbano del pueblo de Hecho, llegamos a Siresa, a cerca de 2 kms. De continuar esta última carretera, la HUV-2132, nos deja en el final de su trazado, la Selva/Selva de Oza.
 
Mapas: De Rando Éditions-Institut Cartogràfic de Catalunya, Ansó-Hecho. Orhy, Roncal, Anie, Bisaurín (a escala 1:50.000) edición bilingüe hispanofrancesa.
 
Material: En la época de la ruta indicada, en zona baja de la Selba solo se precisa calzado de senderismo, y una buena cámara de fotos. No llevarla sería pecado mortal.

Para acceder a alguna de las cumbres emblemáticas es más que conveniente disponer de crampones y piolet, según se presente ese año la nieve. También hay que tener presente las abundantes lluvias, y que de vez en cuando apetece comer un poco. ;-)

 

 
 
 
 
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