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AL
MIDI D'OSSAU, Y LUEGO, POSTRE |
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Ascensiones
al Midi d'Ossau, Peyreget, Garmo Negro y Pico Algas. Agosto de 2003 Para Daniel y para mi era un sueño perseguido durante muchos años y que por unas u otras razones habíamos ido postergando, y para Javiere ha pasado de sueño a realidad casi sin darse cuenta (Este chico lleva un ritmo que va a dejar pequeño mi historial montañero currado durante 20 años en menos que canta un gallo).
El primer contacto con el pico lo tuvimos la noche del viernes cuando aparcamos los coches para dormir nada más traspasar la frontera francesa. Bajo un cielo estrellado, sobrecogiéndonos frente a nosotros, se recortaba la oscura silueta del Midi, que nos dejó boquiabiertos acrecentando un poco más si cabe nuestros nervios propios de la grandes citas. Tras una noche lluviosa y un tanto cascabelera amaneció un día con más claros que nubes y rápidamente nos pusimos en marcha con la mole del pico vigilando nuestros pasos. Después de una dura subida por terreno herboso traspasamos el collado de Pombie y de aquí en bajada hasta el refugio francés del mismo nombre, justo al pie de la vertiginosa pared Este del Midi. Desde el refugio y pasando los restos morrénicos de un antiguo glaciar (curiosa formación de piedras situadas en semicírculos concéntricos) fuimos ganando altura suavemente hasta el Col de Souzon; desde aquí podíamos ver la ruta de subida y algunas figuras diminutas avanzando por ella. El día se abrió prácticamente del todo y eso nos animó a proseguir hasta la base por una empinada cuesta de hierba. Casi sin tiempo de pensárnoslo mucho atacamos la primera dificultad, una chimenea de roca pulida por el paso de montañeros a lo largo de los años. A mí particularmente me costó bastante superarla y me hizo dudar del éxito de la ascensión, pero una vez hecha y recuperado el resuello, seguimos en busca de la segunda chimenea, según las reseñas más larga y vertical que la primera. A pesar de todo la superamos con menos dificultad que la primera y continuamos hacia nuestro objetivo sabiendo que lo más difícil estaba hecho.
La tercera chimenea era mucho más tumbada que las primeras y solo había un pequeño tramo donde había que emplearse a fondo. Una vez superada se llegaba al conocido Rein de Pombie, marcado con una cruz para evitar posibles despistes en la bajada. Desde aquí las dificultades terminaban y era una penosa subida por pedrera hasta la antecima envueltos para desgracia nuestra por la niebla. Hasta el Gran Pic, punto culminante a 2.878 m, seguimos la arista sin dificultades; una vez allí nos hicimos las fotos de rigor, nos abrigamos y nos dimos un festin a base de... barritas energéticas, acti-food y similar (esta vez faltó el bocata de Misha). Lástima de niebla que nos impidió disfrutar del panorama que a buen seguro había a nuestro alrededor. Iniciamos el descenso no sin antes hollar otra punta del Pico conocida como Punta de Francia (será por eso que los franceses no pasaban de ahí). La bajada, aunque no lo parezca, era más penosa que la subida, pero enseguida llegamos a lo alto de la segunda chimenea donde ya había un pequeño atasco de gente esperando para bajar. Sin pensarlo dos veces sacamos la cuerda y nos dispusimos a rapelar. El primero fue un montañero vasco que bajó a pelo, esto es sin arnés ni mosquetón ni ocho, directamente con las manos que para algo se tienen. Luego fuimos bajando nosotros (alguno tendrá que asistir a practicas intensivas de “cómo rapelar sin dejarse las manos y otras cosas en el intento”). Como se nos dio tan bien, repetimos la operación para bajar la primera chimenea y prestamos nuestra cuerda a una familia de franceses pues la suya no llegaba hasta abajo. Una vez en tierra firme abrazos y sonrisas. Según volvíamos hacia el refugio no podíamos quitar nuestra vista de las paredes del Midi y luego sentados junto al lago seguimos ensimismados durante un buen rato.
Como nos había sabido a poco y el día había mejorado completamente alargamos la excursión y nos subimos hasta el pico de Peyreget. Mereció la pena pues las vistas fueron espectaculares tanto del Midi como de la infinidad de picos que se perdían en el horizonte (Balaitous, Infiernos, Palas, Telera, Aspe, Bisaurín, Anie........). Volvimos hasta el coche atravesando prados donde pastaban los caballos, las vacas y las ovejas y contemplando el vuelo en formación de un grupo numeroso de buitres que esperaban el momento de lanzarse sobre los restos de una vaca de la que estaban dando cuenta unos perros. El sábado después de despedir a Daniel, que no pudo esperar más y se tuvo que ir corriendo a Benasque a contar su hazaña a todos sus vecinos, recuperamos fuerzas esta vez sí a base de buen jamon serrano y de un buen queso, nuevamente absortos mirando el Midi y trazamos el plan para el día siguiente, cambiando lo inicialmente hablado, porque Javiere no se podía ir del Pirineo sin anotar un tres mil más en su ya larga lista (lleva 12 en seis meses escasos). Estuvimos en Panticosa haciendo un poco de turismo y cenando, con las últimas luces subimos hacia el Balneario. El lugar que elegimos para dormir, siguiendo las recomendaciones de Daniel, tuvimos la precaución de que estuviera prohibido el transitado de vacas y similares sobre todo si iban provistas de cencerros. A medianoche y cuando estábamos empezando a coger el sueño nos amenizaron con un pequeño castillo de fuegos artificiales, como si el cielo no tuviera ya bastantes estrellas.
Como
siempre remoloneamos a la hora de levantarnos y hasta las 8 no conseguimos
ponernos en marcha bajo un cielo incierto. Nuestro objetivo estaba a
tiro de piedra, el Garmo Negro; solo nos separaban
1.300m de desnivel. Enseguida nos empezamos a elevar por encima del
Balneario y cuando habíamos superado el primer resalte sonaron
los primeros truenos amenazadores, aún lejanos. Nosotros, como
si tal cosa, si acaso un poco más rápidos aunque a Javiere
nunca le parecía suficiente (si es que este verano lleva mucho
tute montañero y está que se sale). Superado el segundo
resalte y ya en terreno pedregoso dudé entre coger el camino
que yo conocía de otra vez o seguir por donde iba todo el mundo.
Consultamos el mapa y no hay problema según el mapa al pico se
sube desde el cuello de Pondiellos, hay camino marcado
y además todos suben por ahí, pues vale así conozco
una ruta nueva.
Con los truenos sonando cada vez más aunque todavía lejanos optamos por desandar el camino y tratar de encontrar el camino ya conocido hacia el circo de las Argualas, perdemos unos 300 metros de desnivel y encontramos hitos que nos llevan en la buena dirección. Al poco en la inmensa glera de piedras encontramos una buena senda que bordea bajo el paredón sur del pico y alcanzamos a dos montañeros de Zaragoza, dejamos que nos marquen ellos el paso y tras una dura pero que muy dura rampa toda de piedras, alcanzamos la cima del Garmo Negro. La tormenta parece que se aleja y el sol empieza a ganar terreno. Las vistas no por repetitivas dejan de ser maravillosas: frente a nosotros en dirección Noreste, la mole inmensa de los Infiernos con su marmolada blanca surcando la pared, un poco más lejos y hacia el norte otro grande, el Balaitous, y un poco a su izquierda y con su recortada silueta el omnipresente Midi d´Ossau. Hacia el Oeste y un poco más lejano el Anayet, más hacia nuestra izquierda Peña Telera y ... Se me olvidaba, tambien veíamos la cara oeste del Vignemale (para los integristas Comachivosa) penúltimo pico en la lista de Javiere. Después
de hacer las fotos de rigor y quedarnos un rato extasiados y en vista
de la clara mejoría del tiempo iniciamos el descenso con la intención
de enlazar el pico Algas, otro 3000 que se encuentra
en el mismo cordal. En un periquete llegamos a la punta norte y desde
allí cabalgando por la arista alcanzamos la cumbre principal.
Siguiendo nuestros pasos llegan los dos montañeros de Zaragoza
con los que entablamos una amena charla en el reducido espacio de la
cumbre. Javier se queda con ganas de enlazar el último 3000 de
la zona, el pico Argualas, pero la arista se ve un
poco más compleja y nuestros eventuales compañeros nos
hablan de algún paso comprometido para el que es mejor llevar
la cuerda y hoy, por suerte para mi espalda, se ha quedado abajo. Un
último vistazo a todo lo que nos rodea y vuelta al valle con
el corazón henchido de alegría. Al llegar al lago del
Balneario no pudimos resistirnos y refrescamos nuestros sufridos pies
que bien merecido se tenían un descanso después de la
marcha que les habíamos dado este fin de semana. Más fotos de la ruta en este enlace Texto: Felipe Rodriguez NOTAS Acceso:
Desde Madrid capital al Puerto de El Portalet (Huesca) hay aprox. 472
kms. (unas 4:30h). Salimos por la N-II, por Guadalajara, hasta Zaragoza.
Al llegar al cinturón de esta ciudad tomamos el desvío de Huesca por
la N-330. Seguimos esta carretera, y dejamos atrás Huesca capital, hacia
Sabiñánigo, donde una vez pasada, nos incorporamos a la N-260 en dirección
a Biescas. Aquí seguimos de frente, al norte, pero ya en la carretera
A-136. Dejamos atrás Sallent de Gállego y las pistas de esquí de Formigal,
y accedemos al paso fronterizo de El Portalet, antesala del Midi, que
ya nos muestra su soberbia silueta.
Mapas:
De Editorial Alpina, Valle de Tena, Sierra de Tendeñera, Peña Telera
(a escala 1:40.000). Incluye breve guía de la zona. De la zona más inmediata
al Midi, y de Prames Cartografía, Valle del río Aragón Jaca-Canfranc
(a escala 1:40.000). También incluye una breve guía, pero no toca nada
de este itinerario.
Material:
Para la subida al Midi, en el tiempo indicado, es recomendable
(no imprescindible) portar arneses y cuerda ("ochos", reversos
o similares para el rápel de descenso). Tal vez casco, si hay abundante
tránsito de gente en las chimeneas.
Para
el resto de pasos y cumbres, nada especial. Botas de senderismo, algo
de comer y, para el territorio francés y aledaños, una buena práctica
de la vocalización del "bonjour". ;-)
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