MONTAÑEROS.POP
 
 
ASCENSIÓN AL ANETO, CORONAS Y PICO DEL MEDIO
 

28 de Junio de 2003 en el Pirineo de Huesca. Tres picos, tres perspectivas, tres maneras de vivir la montaña.

LA MIRADA DE FELIPE

Tras una larga y, para algunos, muy intensa temporada cargada de entrenamientos y carreras, un grupo (Daniel, Javiere, Justo, Misha y el que suscribe) unidos por nuestra pasión por la montaña, nos acercamos el pasado fin de semana al valle de Benasque con la intención de subir al rey de los Pirineos, el pico del Aneto.

Llegamos el viernes tras un largo viaje. El valle nos recibió con lluvia, algo normal por estas fechas. Después de dar cuenta de unas pizzas, nos fuimos a descansar rápidamente, pues nuestro plan empezaba el sábado a las 5 de la mañana.

Ese día sonó el despertador a la hora prevista, pero tuvimos que volver al saco porque estaba tronando y lloviendo. Dos horas más tarde nos levantamos y, aunque no estaba despejado, por lo menos no llovía.

  Foto: Javier Rubio
  Avanzando por Vallibierna, camino del Refugio de Coronas

Nos pusimos en marcha a las 8 de la mañana desde el Plan de Senarta, a una altitud de 1.400 metros. Remontamos el valle de Vallibierna por una pista forestal de unos 7 kms, con una pendiente suave hasta la zona conocida como puente de Coronas. En temporada estival hay un servicio de autobuses que te ahorra esta parte del recorrido, e incluso hay algunos que suben en sus propios vehículos haciendo caso omiso de la prohibición. Al fondo del valle aparecía majestuosa aún cubierta de nieve la montaña que le da nombre, Vallibierna, famosa en los círculos montañeros por tener dos cumbres separadas por una afilada arista a la que han dado el nombre de Paso del Caballo (podéis imaginar el porqué). Pero nuestro camino se desviaba justo antes del puente siguiendo el curso del río Coronas por su orilla izquierda en sentido de subida. A partir de aquí la pendiente dejaba de ser suave e íbamos ganando altura con mucha rapidez.

Al poco de superar la línea del bosque llegamos al primer ibón de Coronas. Cruzar su desagüe nos costó un ratillo (algo que iba a ser la tónica general del día). El llano donde está ubicado el pequeño lago nos dio un pequeño respiro, pero fue corto. Enseguida la pendiente se endureció y en poco tiempo tuvimos el lago a nuestros pies. A medida que ganamos altura abandonamos el terreno de los pastos y nos adentramos en el terreno donde la acción de los hielos empezaba a ser evidente incluso para un profano en geología, por la enorme cantidad de piedras arrastradas y erosionadas que lo cubrían todo.

De momento el clima estaba siendo benévolo y aunque las nubes eran abundantes, no amenazaban lluvia; incluso el sol se dejaba ver de vez en cuando tímidamente. Tras el tortuoso paso por los restos morrénicos llegamos al siguiente lago de Coronas, no mucho más grande que el anterior, y enseguida alcanzamos el último y gran lago de Coronas todavía helado.

Foto: Javier Rubio  
Ganando altura, saliendo del bosque  

Estaba situado en un lugar privilegiado y muchos de los que subían por esta vertiente utilizaban la zona para vivaquear. La vista era espectacular: a un lado la vertiginosa Cresta de Llosas, ruta muy aérea utilizada por expertos alpinistas para subir directos a la cumbre del Aneto; a otro lado el Pico de Aragüells, y de frente se adivinaba, a pesar de la niebla que cubría la parte más alta, la mole del Aneto y todo el cordal de los Montes Malditos, así como nuestro paso a la otra vertiente para ganar la cumbre por la ruta normal: el Collado de Coronas.

Junto al lago cambiamos las zapatillas de trail por las botas de montaña, pues la nieve ya lo cubría todo. Bordeamos el inmenso lago por su derecha y comenzamos la dura ascensión al collado aprovechando las piedras acumuladas en la morrena del glaciar. En la parte alta de la morrena nos colocamos los crampones para superar las inclinadas rampas de nieve con más seguridad. La parte final estaba limpia de nieve y nos obligó a trepar por las rocas para por fin llegar al collado y dar vista al pequeño Lago Coronado.

Hasta aquí la soledad había sido absoluta. Pero una vez en la ruta normal coincidimos con los más variopintos "montañeros", muchos de ellos diría yo intrépidos por su "look" un tanto veraniego para estar transitando por un glaciar a más de 3.000 metros de altura, y sus escasos conocimientos en el manejo del piolet. Menos mal que la montaña algunas veces regala días tranquilos y con temperaturas soportables con cualquier equipo.

La rampa que daba acceso a la antecima del Aneto era dura y mantenida y a esas alturas el corazón se aceleraba más de lo deseado, pero después de todo lo que llevábamos tampoco nos asustaba. Una vez en la antecima nos reagrupamos, nos desprendimos de nuestros macutos y sin pensarlo mucho atacamos el mítico Paso de Mahoma ( una cresta de bloques de roca muy compacta y segura, flanqueada por abismos en ambos lados y con un par de pasos un tanto expuestos, pero sin mayor dificultad que el de vencer a nuestros propios miedos). Para algunos fue como andar por un jardín. No solo pasaron sino que además se pararon a inmortalizar el momento para evitar futuras suspicacias de los más incrédulos.

  Foto: Javier Rubio
  En la cumbre, junto al vértice geodésico

En la cumbre del Aneto intercambiamos abrazos, apretones de mano, y nos hicimo las fotos de rigor junto a la cruz que preside la cima. Antes de regresar echamos un vistazo a nuestro alrededor aunque las nubes no permitían disfrutar de todas las vistas. Todos estábamos felices, unos por ser la primera vez ( Javiere, Justo y Misha), y Daniel y yo por haber podido subir una vez más, esta vez por una ruta distinta y para mi mucho más gratificante.

Repusimos fuerzas con las monótonas barritas, pero Misha rompió una vez más la costumbre cada vez más extendida entre montañeros y se preparó un señor bocata de queso y chorizo en una barra de pan regada con un buen aceite de oliva. Sólo le faltó el vino. ¡Con qué envidia le mirábamos los demás! (Yo no me pude resistir y le hinqué el diente un par de veces.)

Hasta aquí habíamos tardado 7 horas rompiendo por completo las previsiones que yo había hecho. Pero como el día se mantenía estable decidimos continuar con nuestro plan inicial y, después de regresar al collado de Coronas, remontamos hasta el Pico del Medio, primero por el glaciar y finalmente por bloques de piedras hasta la misma cima. Para mí fue un nuevo pico que añadir a mi lista de tresmiles. Para los más puristas pirineistas como Daniel, no contaba, pues no se había subido desde abajo. En fin, la polémica está servida.

Rápidamente bajamos del Pico hasta un pequeño collado donde habíamos dejado los macutos y sin parar subimos al Pico de Coronas para completar nuestra particular trilogía. De regreso a los macutos terminamos con nuestras escasas existencias de agua y empezamos con la lista de quejas: algunos con dolor de cabeza y otros con las rodillas un poco tocadas. Misha con su dieta ibérica no tenía de qué quejarse e incluso todavía llevaba algo de agua.

Foto: Javier Rubio  
La nieve se funde con la hierba  

Iniciamos el descenso con algo de prudencia por la inclinación del glaciar, pero enseguida nos dejamos llevar y perdimos altura con mucha rapidez. Nuevamente nos salimos de la norma y elegimos bajar por el ibón del Salterillo, ruta muy poco frecuentada. Nos costó poco llegar hasta el ibón aprovechando los neveros que llegaban casi hasta el mismo. Una vez en su orilla me senté en la hierba y me quedé un rato extasiado contemplando toda la belleza de la montaña que acabábamos de subir: el cielo completamente azul, las cumbres pétreas y el blanco glaciar. Una imagen para guardar para siempre en mi memoria.

Continuamos el descenso por pendientes herbosas. Al fondo del valle veíamos la salida hacia el Plan de Aigualluts, pero no todo podía ser tan bonito y fácil. Siguiendo las marcas del camino llegamos a un puente sobre el torrente que estaba partido en dos. La fuerza del agua era tal, que ni pensar en tratar de saltar. Las cosas se complicaban. Aquí cometí un error de exceso de confianza, pues sabía perfectamente dónde estaba y dónde tenía que ir, y sin esperar a que nos alcanzara Daniel, que era el único que había bajado por este camino, busqué un sitio para poder saltar al otro lado del torrente. Justo, confiado en mi conocimiento del terreno, me siguió hasta un paso precario sobre el torrente con un tronco. Era un poco peligroso, pero mi impaciencia me hizo saltar con toda la fuerza al otro lado. La suerte me acompañó y, aunque resbalé, con un pie conseguí pasar al otro lado. Desde allí tendí la mano a Justo y también pasó. Los demás fueron llegando, pero no vieron nada claro el pasar por ahí y se fueron en busca de otro paso más seguro, en tanto que Justo y yo continuamos por la senda marcada con hitos que terminaba sin continuidad al borde del torrente.

Estaba claro que había metido la pata. Volver atrás no me seducía después del susto de antes y tampoco estaba claro que nuestros compañeros pudieran cruzar. Esperamos un rato, pero el tiempo se echaba encima. Faltaba poco para que dieran las 8 de la tarde, y lo que menos quería es que nos cogiera la noche sin haber pasado el torrente y perder el último autocar que salía de la Besurta a las 21:30.

  Foto: Javier Rubio
  Plan de Aigualluts. Al fondo el Aneto

Decidí seguir ganando un poco de altura en diagonal para tratar de salir al collado de la Renclusa y así evitar el paso por los torrentes con la esperanza de encontrar un paso más cercano. Después de transitar por terreno más propio de los sarrios y de algún intento fallido de bajar, por fin encontramos el cauce de un torrente seco que parecía bajaba sin dificultad hasta el Plan de Aigualluts donde ya se encontraban Daniel, Javiere y Misha. Una vez en el llano solo nos faltaba cruzar los numerosos arroyos que lo atravesaban, pero ya sin la fuerza de antes. Y aunque tuvimos que meternos en alguno hasta las rodillas por fin conseguimos llegar y respirar tranquilos.

Daniel se adelantó para tratar de llegar al último autobús, mientras nosotros nos quitábamos las botas empapadas y nos poníamos las zapas de trail. Ya por camino conocido y mucho más tranquilos, llegamos a la Besurta donde apenas unos minutos antes se había ido el autobús. Daniel trato de retenerlo un poco más pero no pudo.

Con las últimas luces del día, ya por pista asfaltada, llegamos hasta Hospital de Benasque, punto final de nuestra travesía después de 14 horas en marcha y de haber completado la travesía Norte-Sur del Aneto.

Poco más tarde llego Daniel con su coche a recogernos. En el coche y entre cómplices sonrisas nos emplazamos para el último fin de semana de Junio de 2004 para intentar otra travesía por el Pirineo.

LA VERSIÓN DE DANIEL

El sábado pasado nos reunimos en Benasque, un precioso pueblo en pleno Pirineo Aragonés, cinco amigos con la intención de subir "al más grande", "al mas alto" de todo el Pirineo. No contentos con eso queríamos realizar la ascensión por una vía con algo más de dificultad que el camino habitual de subida.
Ahí estabamos nosotros intentando dormir a una hora prudente (Felipe había marcado diana a las 5 de la madrugada) mientras todo el pueblo de Benasque, incluidos nuestros jóvenes vecinos, estaban celebrando por todo lo alto las fiestas patronales, San Marsial.
Suerte tuvo el resto de expedicionarios de que allí estuviera yo a la una y media de la madrugada para poner orden y silencio entre los animados jovenzuelos que estaban pared con pared con nosotros.

Foto: Javier Rubio  
Ascendiendo hacia el collado de Coronas  

La excursión ya os la ha relatado Felipe. Decir que subir al Aneto por Coronas no es infrecuente, pero tampoco es el camino más común. Si además esta subida se hace desde abajo del todo (desde Senarta) y se acaba al otro lado, en la Renclusa bajando por Aigualluts, después de haber ascendido el pico del Aneto, de haber aprovechado que estabamos allí para visitar el Pico del Medio y el Coronas -todos ellos cimas de más de 3000 mts- y todo ello en un tiempo de 13 horas incluyendo descansos, se puede afirmar que la "paliza" es fuerte.

Pero, como dice mi madre, "sarna con gusto no pica" y así pasamos los cinco un día de aquellos que estoy seguro jamás olvidaremos y que en mas de una ocasión relataremos a lo largo de nuestra vida. Estuvimos durante más de cinco horas con los crampones puestos escalando, paseando y hasta "esquiando" por uno de los pocos, de los poquísimos y por ello únicos, glaciares de la Península Ibérica. Rodeados de un impresionante paisaje donde las sensaciones de libertad, de euforia, de compañerismo se multiplican exponencialmente; te das cuenta de lo pequeños y frágiles que somos por una parte y del espíritu de superación, de las ganas de aventura, de jugar, que anidan dentro de nosotros.

  Foto: Javier Rubio
  ¿Es un pájaro, es un avión...? Noooo. Daniel cruzando el Paso

No debo ni quiero extenderme demasiado. Estoy seguro de que Javiere cumplirá lo acordado y tendremos una serie de fotos en algún lado que demostrarán a "incrédulos" (pocos) que andan por estos foros que uno es capaz de pasar, sin excesivos problemas, por determinados sitios que llevan "al paraíso".

Para finalizar, como habéis leído en el relato de Felipe, toda la "troupe" de montañeros se perdió y no fueron capaces de cruzar un miserable y desbocado riachuelo. Suerte tuvieron que entre ellos había alguien (yo) :-)) con dos dedos de frente y, por qué no decirlo, con mayor capacidad física, resistencia, etc., etc., etc., que fue capaz de llegar a coger, por los pelos, el último autobús a las 9 y media de la noche, ir hasta Benasque y subir con el coche a buscarlos. Porque si no, en lugar de un "paseíllo" de 13 horas podríamos estar hablando de uno de 15 ó 16.
Me los encontré en plena carretera, con las frontales encendidas, exhaustos, derrotados... ¡y con unas latas de cerveza en la mano! ¡Menudos pájaros!

Foto: Javier Rubio  
¿Bajamos por la derecha o por la izquierda?  

Hoy ya metido de lleno en la civilización llevo todo el día paladeando pequeños retazos que me vienen a la mente de la excursión del sábado, el nevero al salir del collado, la grimpada en Coronas, la vista de la pala final del Aneto, el Paso de Mahoma, el abrir camino por nieve virgen al subir hacia el Pico del Medio, la cresta con el glaciar abajo justo antes de llegar al collado del Pico del Medio, lo bien que se estaba en ese collado, la bajada "esquiando" con las botas y los crampones por el glaciar hacia el ibón Salterillo, la vista desde Aigualluts del reflejo del sol al anochecer sobre el Aneto... Pero todo tiene su fin y los sueños del fin de semana estallan como globos cuando llega el lunes ¡Qué duro!, que durísimos son los lunes... ;-)

LA EXPERIENCIA DE MISHA

Buenas, como un participante de la expedición también quiero compartir mis experiencias con vosotros.
Una salida genial: Ha sido una salida preciosa y muy variada pero también muy dura. Un calculo fácil muestra que hemos subido 2.000 m para llegar al Aneto y eso con unos macutos, especialmente en el caso de Javiere, muy impresionantes. Aparte del equipo invernal (piolet, crampones, guantes) también botas/zapatillas, ropa para abrigar y para la lluvia y, por supuesto, ¿la comida y bebida? ¡No hay avituallamientos en el camino! Y aunque al principio nos reímos de las frontales que llevamos, hemos llegado de noche con frontales a la ¿meta?.

  Foto: Javier Rubio
  El río bajaba bravío. Difícil de cruzar

El famoso Paso de Mahoma: Con lluvia, humedad o niebla YO NO PASO por este sitio, lo prometo. Reconozco que tiene algo. Posiblemente son pasos fáciles y en llano con unos columpios los pasas sin pensar. Pero con los patios a los dos lados la cosa se cambia. Bocadillo: Hay que aprender de las costumbres de cada país. ¿Cómo puedes hacer una salida de 14 horas a base de barritas y actifood? ¡Yo prefiero sustituir mi sodio, magnesio y fosfato con las sales del chorizo y queso! Y qué gusto tomarse un buen bocadillo después de esta subida. Y he tomado nota de lo de con el vino - ya tengo la bota. Otra cosa que me faltaba esta vez: un tomate.

La separación: Falta la parte de la historia de nuestro grupo (Daniel, Javiere y yo) después de paso suicida y equivocado sobre el río de Justo y Felipe. ¿Cuál era nuestra situación? Un río con muchísima agua, unas marcas inútiles que hay que cruzar el río en este sitio (seguramente muy fácil en agosto), un "experto" en este terreno (Daniel) que también decía que hay que cruzar el río, dos chicos al otro lado de río, pero era imposible comunicar por el ruido del agua. Después de varias vueltas río arriba, río abajo, ya estuvimos preparados de cruzar el río andando mojándonos hasta las rodillas. Pero imposible por la cantidad de agua.

Foto: Javier Rubio  
Justo, Felipe, Daniel y Misha
 

Única solución: buscar un paso río arriba. ¡Qué gusto después de toda la paliza otra vez subir! Más arriba el río se bifurcaba en muchos y paso a paso podríamos pasar al otro lado. Algunos pasos muy, muy valientes incluidos.

El encuentro: Cuando ya vemos que Justo y Felipe no nos esperaban en el Plan de Aigualluts nuestra conclusión lógica era: han ido por el autobús para recoger el coche, menos mal, así tranquilamente seguimos nuestros pasos hasta oír unos gritos de lejos de un sitio inalcanzable hasta para cabras montañesas. Nada de coche, nada de autobús y NADA DE CENA. Parece que Daniel era el único que mantenía la calma y encontraba la solución: adelantarse para coger el autobús (tampoco sabíamos exactamente a qué hora sale). El resto de la historia ya habéis leído.
Importante: Todavía hemos encontrado un sitio para comer a las 23:30 y ademas con unas camareras... ;-)

¡Lo repetimos el año que viene!

Texto: Felipe Rodríguez, Daniel Cama y Michael Noack

 

Más fotos de la ruta en este enlace

Ruta sobre el mapa

NOTAS
 
Accesos: Desde Madrid capital hasta Benasque hay aprox. 522 kms. (unas 5h). Se sale por la N-II hasta Zaragoza, donde al entrar en su cinturón, se toma el desvío a Huesca, por la N-330. Una vez pasada Huesca, se toma el desvío hacía Barbastro, por la N-240. Al llegar a esta última población, tomamos la N-123, luego la A-139 dirección a Graus, y finalmente, llegamos a Benasque.
En esta población podemos encontrar alojamiento en pensiones, hoteles o varios campings de la zona. Está creciendo demasiado y desordenadamente.
El Pla de Senarta está carretera arriba, por la citada A-139, a pocos kms. de Benasque. La salida, a un camino de tierra, no está muy bien señalizada. Atención a los carteles. Es a continuación del embalse, tras pasar bajo tres túneles excavados en la roca.
 
Mapas: De Editorial Alpina: Maladeta Aneto. Valle de Benasque (a escala 1:25.000) y Mapa-guía de invierno. Macizo de la Maladeta (a escala 1:25.000). Este último de la serie "waterproof resistant", irrompible e impermeable (el mapa), que incluye breve guía enfocada a los deportes de invierno en la zona (itinerarios de raquetas y esquí de montaña...)

Material: En el tiempo y ruta indicados, calzado ligero de aproximación, y material para nieve/hielo: crampones, piolets. Ninguno de los pasos indicados requieren de cuerda ni material específico. El Paso de Mahoma es sencillo, aunque a algunos les impresiona e impide cruzarlo.

 

 
 
 
 
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